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En muchas casas latinoamericanas, las plantas medicinales han pasado de generación en generación como parte de un conocimiento que rara vez aparece en los libros, pero que sigue vivo en tazas de infusión, remedios caseros y consejos de las abuelas. Entre ellas está la altamisa, una especie perteneciente a la familia de las asteráceas, reconocida desde hace siglos por sus propiedades tradicionales.
Aunque suele verse como una planta común, detrás de sus hojas aromáticas existe una historia de usos medicinales que todavía hoy sigue despertando interés por todo lo que podría ofrecer.
¿De dónde es esta planta?
Tal vez su nombre científico ya da una pista. La Ambrosia peruviana, conocida popularmente como altamisa, es una planta herbácea aromática nativa de América tropical. Su presencia se extiende desde México, pasando por Centroamérica y el Caribe, hasta distintos países de Sudamérica, especialmente en la región andina, en países como Perú, donde ha sido utilizada tradicionalmente con fines medicinales.
Se trata de una planta anual que suele crecer en forma de pequeños arbustos y que destaca por su intenso aroma. Sus tallos son ramificados y están cubiertos de hojas hasta la parte superior, alcanzando entre 50 y 100 centímetros de altura.
Las hojas tienen forma ovalada, puntiaguda y tienen una ligera capa de vellosidad, más visible en el reverso.
Pero más allá de su aroma y follaje, una de las características que más llama la atención de la altamisa son sus flores, que crecen agrupadas en forma de espiga. Presenta estructuras hermafroditas: las flores masculinas, de tono verdoso, aparecen en largos capítulos terminales, mientras que las femeninas se desarrollan en las axilas de las hojas.
Además, produce un fruto pequeño, ovalado y espinoso conocido como aquenio, (algo parecido a las pepitas de las fresas) que apenas mide entre 3 y 4 milímetros de longitud.
¿Para qué sirve?
Pero entonces, ¿por qué la altamisa se ha mantenido durante tantos años en la botica de la abuela? La respuesta está en la gran cantidad de usos tradicionales que se le han atribuido con el paso del tiempo.
De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, esta planta medicinal ha sido utilizada para ayudar a aliviar fiebres, dolores de estómago, cólicos y molestias corporales. Además, las infusiones preparadas con sus hojas suelen emplearse para tratar dolores reumáticos, calambres, dolores de cabeza e incluso desmayos.
Su presencia también se extiende a la cocina. Gracias a su aroma fuerte y sabor amargo, algunas personas la utilizan para condimentar carnes grasas.
Por su parte, el catálogo Plantas y saberes de la Plaza Samper Mendoza menciona que la altamisa llega a la plaza desde municipios de Cundinamarca como San Antonio del Tequendama, Chía, Choachí y Tabio, es reconocida especialmente por su uso tradicional para ayudar a fortalecer las defensas.
¿Cómo prepararla?
Según el catálogo mencionado, la forma más común de consumir la altamisa es a través de infusiones y preparaciones tradicionales. Sin embargo, recomiendan usarla con moderación debido a su sabor amargo y a la intensidad de sus propiedades.
Entre las preparaciones más utilizadas están:
- Infusión para el dolor de estómago: Se preparan dos pequeños cogollos de hojas en agua caliente y se consume dos veces al día durante tres días.
- Jugo para subir las defensas: Algunas personas preparan bebidas con pequeñas cantidades de la planta, evitando excederse en su consumo.
- Baños o riegos tradicionales: La planta se hierve en agua y luego esta preparación se utiliza sobre el cuerpo como parte de prácticas tradicionales.
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