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Si en jardines públicos usted ha visto flores blancas que recuerdan a los anturios o a los lirios, pero con una forma elegante y envolvente que no logra identificar con precisión, es muy probable que se trate de una cala, conocida científicamente como Zantedeschia aethiopica. Su silueta estilizada y su espata en forma de embudo la hacen inconfundible una vez se reconoce.
La planta cartucho, como también se le llama, es originaria del sur de África y hoy se cultiva en distintas regiones del mundo por su alto valor ornamental. Sus flores, sobrias y sofisticadas, la han convertido en una de las especies más apreciadas en jardinería y en la producción de flor cortada, no solo por su clásico tono blanco sino también por las variedades que ofrecen colores intensos y llamativos.
Según el Jardín Botánico de Missouri, se trata de una planta perenne que crece a partir de rizomas subterráneos y forma matas que pueden alcanzar entre 60 y 90 centímetros de altura. Sus hojas grandes, de forma triangular o acorazonada, aportan un atractivo adicional al jardín, ya que en algunas variedades presentan manchas o patrones decorativos que varían según el tipo de planta.
La cala prospera mejor en suelos húmedos y fértiles, con exposición a pleno sol o semisombra, y puede cultivarse tanto en jardines como en macetas. Incluso es capaz de desarrollarse en zonas cercanas a estanques o cuerpos de agua, donde sus rizomas toleran suelos encharcados.
Además de su valor ornamental, según el vivero especializado Sembremos, se ha estudiado su capacidad para absorber ciertos metales pesados presentes en el agua, lo que la convierte en una planta con potencial para proyectos de fitorremediación y recuperación ambiental.
Tips para su cuidado
Luz
- Las calas necesitan abundante luz natural para crecer y producir flores de buena calidad. En exteriores pueden ubicarse en zonas con sol directo moderado o semisombra, mientras que en interiores es recomendable colocarlas cerca de ventanas bien iluminadas donde reciban claridad constante durante el día.
- Sin embargo, cuando la radiación solar es muy intensa, especialmente en climas cálidos, es conveniente protegerlas del sol directo de las horas más fuertes para evitar quemaduras en las hojas.
Clima
- Estas plantas prefieren ambientes frescos y temperaturas moderadas, con rangos ideales entre 14 y 20 °C. Se adaptan bien al exterior en muchas regiones, especialmente en zonas donde el clima no presenta extremos térmicos prolongados.
- En interiores es importante mantenerlas alejadas de radiadores, calefacciones o corrientes de aire caliente o frío, ya que esto puede reducir la floración y debilitar la planta, especialmente durante la temporada de crecimiento activo.
Riego
- Las calas requieren suelos constantemente húmedos, pero no saturados de agua. El riego debe ser regular, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo en todo momento.
- Es importante evitar los encharcamientos prolongados, ya que pueden provocar pudrición de los rizomas. Lo ideal es regar cuando la capa superficial del sustrato comience a secarse, ajustando la frecuencia según el clima y la ventilación del lugar.
Sustrato
- El sustrato ideal debe ser rico en materia orgánica y con buena capacidad de retención de humedad. Una mezcla de sustrato universal enriquecido con humus de lombriz proporciona los nutrientes necesarios para un crecimiento saludable.
Abono
- Durante la etapa de crecimiento activo y floración, las calas se benefician de fertilizaciones periódicas con abonos ricos en nutrientes, especialmente aquellos formulados para plantas con flor. Aplicar fertilizante cada dos o tres semanas favorece la producción de flores más abundantes y duraderas.
- En periodos de reposo o cuando la planta deja de florecer, es recomendable reducir o suspender el abonado para evitar acumulación de sales en el sustrato.
Poda
- La poda de las calas consiste principalmente en retirar flores marchitas y hojas secas o dañadas. Esta práctica ayuda a mantener la planta limpia, mejora su apariencia y evita que destine energía a estructuras que ya han terminado su ciclo.
Plagas y enfermedades
- Las calas pueden verse afectadas por plagas comunes como pulgones, ácaros y cochinillas, especialmente cuando se cultivan en ambientes poco ventilados o con exceso de humedad. La revisión periódica de hojas y tallos permite detectar problemas de forma temprana.
- También pueden presentarse enfermedades fúngicas asociadas al exceso de riego o drenaje deficiente. Mantener un equilibrio adecuado de humedad, buena ventilación y limpieza del cultivo es la mejor estrategia preventiva para conservarlas saludables.
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