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Si está pensando en tener una planta en casa y busca el lugar ideal, la cocina puede convertirse en su mejor aliada. Es un espacio vivo, lleno de aromas y movimiento, perfecto para aprovechar la cercanía y tener siempre a mano ingredientes frescos.
Y si va a dar el paso, ¿por qué no hacerlo a lo grande? Reunir varias plantas aromáticas en un mismo rincón no solo embellece el ambiente, también llena de sabor cada preparación y le da a su cocina ese toque verde, fresco y funcional que transforma cualquier receta en algo especial.
Perejil
Nuestra primera planta es el perejil, conocido científicamente como Petroselinum crispum, una de las aromáticas más cultivadas y apreciadas en el mundo. Se utiliza principalmente como condimento gracias a sus hojas fragantes, de color verde intenso, que pueden ser planas o rizadas según la variedad. Aunque es una planta bienal, suele cultivarse como anual y forma una roseta de hojas muy divididas que alcanza alrededor de 30 centímetros de altura, mientras que sus tallos florales pueden superar el metro.
Con más de tres mil años de historia en la gastronomía, el perejil ha acompañado cocinas de distintas culturas por su frescura y versatilidad. Su sabor fresco, herbal y ligeramente picante realza pescados, carnes, sopas, ensaladas, hummus y salsas cremosas. Tenerlo en casa es contar con una aromática imprescindible que transforma cualquier preparación en un plato lleno de carácter.
Albahaca
Otra de las más populares es la albahaca, conocida científicamente como Ocimum basilicum, una hierba aromática de la familia de las lamiáceas (la misma de la menta), originaria de regiones tropicales de África y Asia. Es una planta anual —aunque puede comportarse como perenne en climas cálidos— que alcanza entre 30 y 130 centímetros de altura, con hojas verdes, brillantes, ovaladas y muy fragantes.
En la cocina es simplemente imprescindible. Su sabor fresco, con ligeros toques a clavo y anís, la convierte en la protagonista del pesto y en el complemento perfecto para pastas, pizzas y ensaladas como la caprese. También realza sopas, salsas, carnes y pescados, especialmente cuando se añade al final de la cocción para conservar su aroma. Ojo, es sensible al frío, requiere sol, suelos fértiles y buen drenaje para crecer en todo su esplendor.
Romero
El imprescindible es el romero, conocido científicamente como Salvia rosmarinus, una hierba leñosa perenne de la familia de las lamiáceas. Es un arbusto aromático, siempre verde y muy ramificado, que puede alcanzar hasta dos metros de altura. Sus hojas son pequeñas, lineales y de color verde oscuro por el haz, con un tono blanquecino en el envés.
En la cocina, el romero es sinónimo de carácter. Su aroma intenso, con notas a pino y madera, y su sabor potente lo convierten en el aliado perfecto para carnes asadas como cordero, cerdo o pollo, además de papas, guisos, focaccias y aceites aromatizados. Eso sí, aunque resistente y adaptable, si lo tiene en maceta, crece bien en suelos secos y soleados, y necesita abundante sol, poco riego y excelente drenaje para mantenerse saludable.
Cilantro
Famosa en la cocina colombiana, el cilantro, conocido científicamente como Coriandrum sativum, es una hierba anual de la familia de las apiáceas, la misma del perejil y la zanahoria. Puede alcanzar entre 40 y 60 centímetros de altura, tiene hojas verdes delicadas y flores pequeñas blancas en verano.
En la cocina es sinónimo de frescura y personalidad. Sus hojas aportan un sabor intenso y cítrico que transforma sopas, guisos, salsas, tacos, guacamoles y aderezos, mientras que sus semillas secas —con un aroma más cálido y especiado— son esenciales en mezclas como el curry y en marinadas. Para tenerla, debe considerar que es una planta de rápido crecimiento que se adapta bien a climas templados, pero necesita suelos sueltos y buen drenaje, ya que no tolera el exceso de humedad. Del cilantro se aprovecha todo: hojas, tallos, raíces y semillas.
Hierbabuena
La última aromática infaltable es la hierbabuena, conocida científicamente como Mentha spicata, una planta perenne de aroma intenso y fresco que pertenece a la familia de las lamiáceas. Puede alcanzar entre 30 y 90 centímetros de altura, tiene hojas lanceoladas, dentadas y muy fragantes. Es de fácil cultivo, se adapta bien a climas templados, requiere luz indirecta, riego moderado y suelos húmedos pero con buen drenaje.
En la cocina, la hierbabuena aporta un toque refrescante que transforma recetas dulces y saladas. Es protagonista en infusiones como el té y en bebidas icónicas como el mojito, pero también realza ensaladas, carnes —especialmente el cordero—, arroces, salsas con yogur y postres con frutas o chocolate.
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