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Todos sabemos cómo calcular nuestra edad: basta con mirar la fecha de nacimiento y contar los años. Pero, ¿alguna vez se ha preguntado cómo saber cuántos años tiene un árbol? No puede responderlo con un cumpleaños ni basta con mirarlo y calcularlo “a ojo”. Los árboles también tienen una especie de registro de vida y está escondido en su tronco: los anillos de crecimiento.
Cada uno puede contar parte de la historia del árbol y revelar no solo cuánto tiempo lleva creciendo, sino también las condiciones ambientales que enfrentó. En La Huerta le contamos cómo se calcula la edad de un árbol y qué secretos pueden guardar sus anillos.
¿Los árboles tienen edad?
La respuesta corta es sí, los árboles también tienen edad y, en muchas especies, es posible estimarla a partir de la forma en que crecen. Para entender cómo se forman sus anillos, primero hay que mirar qué ocurre dentro de su tronco.
Según Universidad Butler, en Indiana, Estados Unidos. El crecimiento de un árbol ocurre principalmente gracias a una capa de tejido llamada cambium, ubicada entre la corteza y la madera. Sus células se dividen y producen nuevo tejido hacia el interior, formando el xilema, encargado de transportar agua y minerales desde las raíces hasta las hojas, y hacia el exterior, donde se desarrolla el floema, que distribuye los azúcares producidos por las hojas hacia el resto de la planta.
Mientras el árbol crece hacia arriba gracias a los tejidos ubicados en las puntas de sus ramas, el tronco aumenta su diámetro mediante la actividad del cambium. Es justamente este crecimiento hacia afuera el que permite que, en determinadas especies, queden registradas las diferentes etapas de su desarrollo.
En palabras sencillas, el árbol tiene una capa muy delgada llamada cambium, ubicada entre la corteza y la madera. Esta capa se encarga de producir nuevas células y, gracias a ella, el tronco va creciendo hacia afuera y aumentando su grosor. Es como una pequeña fábrica que trabaja constantemente para hacer crecer al árbol.
Pero ¿dónde aparecen los famosos anillos?
En los árboles que presentan crecimiento estacional, el cambium no produce exactamente el mismo tipo de madera durante todo el año. En la época de mayor crecimiento se forma la madera temprana, generalmente más clara y de células más grandes. Posteriormente, cuando el crecimiento disminuye, se produce madera tardía, que suele ser más oscura y densa.
La sucesión de estas dos fases forma una banda que podemos reconocer como un anillo de crecimiento. Por eso, en determinadas especies y bajo condiciones adecuadas, estos anillos pueden utilizarse para estimar la edad del árbol.
Y no solo cuentan los años: también pueden guardar pistas sobre las condiciones que enfrentó durante su vida, como periodos de crecimiento favorable, sequías, lluvias o cambios en el ambiente. Por eso, estudiar los anillos de un árbol es, en cierta forma, leer una pequeña parte de su historia.
¿Y cómo leer los anillos?
Antes de empezar, hay una advertencia importante: no siempre es tan sencillo como contar círculos. Aunque los anillos pueden ayudar a estimar la edad de un árbol, su formación depende de la especie y de las condiciones en las que creció.
Por ejemplo, las sequías, las enfermedades, las plagas y los cambios en las condiciones climáticas pueden hacer que los anillos sean más estrechos, difíciles de distinguir o que incluso aparezcan anillos adicionales durante un mismo año.
También influye el lugar donde crece el árbol. En las especies que forman anillos anuales, los cambios en las condiciones de crecimiento hacen que el árbol produzca madera con características diferentes durante cada periodo, dejando una marca que puede identificarse en el tronco. Cuando estas marcas se forman de manera regular, cada anillo puede corresponder aproximadamente a un año de crecimiento.
Por eso, en especies de regiones donde las estaciones están bien marcadas, como aquellas que tienen periodos de lluvia y sequía claramente diferenciados, los anillos suelen ser más fáciles de distinguir. En cambio, en algunas especies tropicales, como ocurre con ciertos árboles de Colombia, los anillos pueden ser menos definidos, porque las condiciones de crecimiento no siempre cambian de manera tan marcada durante el año. Esto hace que determinar su edad únicamente a partir de los anillos sea más complejo.
De ahí que los especialistas no se limiten a contar las líneas: también analizan su grosor, la especie del árbol y las condiciones ambientales del lugar para interpretar correctamente lo que está registrado en la madera.
Entonces, ¿cómo se cuentan?
Digamos que durante una caminata usted encuentra un tronco caído cuyo corte transversal permite ver claramente los anillos y que, además, se trata de una especie en la que estos se forman de manera anual y que las condiciones en ese lugar fueron ideales para formar anillos marcados. En ese caso, estimar su edad puede ser mucho más sencillo.
- Ubicar el centro del tronco, conocido como médula.
- Seguir los anillos desde el centro hacia el exterior.
- Contar cada ciclo de crecimiento, teniendo en cuenta las características de la especie.
- No contar la corteza, porque esta se encuentra por fuera de los anillos de crecimiento.
Aquí le dejamos un video para que pueda ver mejor lo que le explicamos:
¿Y qué pasa si el árbol sigue vivo?
Aquí viene lo interesante: no es necesario talar un árbol para estudiar sus anillos.
Los investigadores utilizan una herramienta llamada barrena de Pressler, que permite extraer una pequeña muestra cilíndrica de madera del tronco. La muestra atraviesa los anillos desde el exterior hacia el centro y permite observar su secuencia sin necesidad de cortar el árbol.
De esta manera, un pequeño cilindro de madera puede convertirse en una especie de código de barras natural: una línea tras otra, el árbol va dejando registrada parte de su historia.
