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Con sus hojas carnosas, formas sorprendentes y una enorme variedad de tamaños y colores, las suculentas se han convertido en unas de las plantas favoritas para tener en casa. Dentro de este gran grupo también encontramos a los cactus, conocidos por sus formas extravagantes, sus espinas y esas aparentes “pelusitas” que algunas especies tienen.
Y es justamente aquí donde surge la confusión: ¿si un cactus es una suculenta, entonces todas las suculentas son cactus? Aunque solemos meterlas en el mismo grupo, no son exactamente lo mismo.
Entonces, ¿qué es una suculenta, qué hace diferente a un cactus y cómo puede reconocerlos? Aquí le contamos.
¿Cuál es la diferencia entre cactus y suculentas?
Lo primero que hay que aclarar es qué entendemos por una planta suculenta. Aunque muchas personas relacionan este término con pequeñas plantas de hojas gruesas que se utilizan para decorar interiores, en realidad se trata de un grupo mucho más amplio.
Según la Sociedad de Cactus y Suculentas Henry Shaw, las suculentas son plantas que han desarrollado la capacidad de almacenar agua en alguno de sus órganos, como las hojas, los tallos o las raíces. Esta característica les permite sobrevivir durante períodos en los que el agua escasea y reducir la pérdida de humedad.
Pero hay un dato clave aquí: las suculentas no forman una única familia botánica ni están necesariamente relacionadas entre sí. Han desarrollado características similares de manera independiente, como resultado de un proceso conocido como evolución convergente. Es decir, plantas de distintos grupos pueden haber llegado a desarrollar estructuras carnosas y mecanismos para almacenar agua porque enfrentaron condiciones ambientales parecidas.
Es por esto que, si hablamos de suculentas, estaríamos hablando de miles de especies distribuidas en diferentes familias botánicas. Entre las que reúnen un mayor número de especies se encuentran las aizoáceas, cactáceas, crasuláceas y euforbiáceas, aunque también hay representantes en familias como Agavaceae, Apocynaceae, Asphodelaceae, Didiereaceae y Portulacaceae.
Esta variedad explica por qué bajo el nombre de “suculentas” pueden encontrarse plantas con formas, tamaños y apariencias muy diferentes: desde especies de hojas compactas y carnosas hasta otras con tallos gruesos y formas que pueden confundirse con cactus.
¿Y qué pasa con los cactus?
Aquí aparece una de las confusiones más comunes: todos los cactus son suculentas, pero no todas las suculentas son cactus.
Los cactus pertenecen a la familia de las cactáceas y son uno de los grupos de plantas suculentas. Se caracterizan por tener tallos carnosos que almacenan agua y realizan la fotosíntesis, mientras que en muchas especies las hojas se han transformado en espinas.
Según explica la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una de las características más conocidas de muchos cactus (no todos, ojo) son sus espinas, que se originaron a partir de la transformación y reducción de sus hojas. Estas estructuras cumplen varias funciones: ayudan a proteger la planta de los animales, disminuyen la pérdida de agua por evaporación y contribuyen a regular la incidencia de la luz y la temperatura.
Pero las espinas no son la única característica que permite reconocer a un cactus. La respuesta está en las aréolas, unas pequeñas estructuras que pueden observarse a simple vista y que son propias de las cactáceas. Tienen el aspecto de pequeños “botones” o cojincillos y funcionan como zonas especializadas de crecimiento. De ellas pueden surgir espinas, pero también flores y, en algunas especies, nuevas ramas.
Los cactus son plantas terrestres distribuidas principalmente en las zonas áridas del continente americano y las islas del Caribe, aunque también pueden encontrarse en ambientes no áridos, desde Canadá hasta Argentina. De las cerca de 1.500 especies de cactus, la mayoría es nativa del continente americano y solo una especie, Rhipsalis baccifera, tiene distribución natural en el Viejo Mundo.
¿Cuál elegir?
Entonces, ¿cactus o suculenta? La respuesta depende de sus gustos. El mundo de las suculentas es tan amplio que ofrece opciones para prácticamente todos los espacios y preferencias: desde cactus de distintas formas y tamaños hasta crasas con hojas carnosas, colores y estructuras muy diferentes.
Si le gustan las plantas con formas particulares y espinas, puede encontrar una gran variedad de cactus, incluso especies que tienen pocas espinas o que prácticamente no las presentan. Si prefiere las hojas carnosas y las formas compactas, las crasas y otras suculentas como las euforbiáceas ofrecen igualmente un amplio abanico de posibilidades.
