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En medio del paisaje urbano de Bogotá, entre calles, parques y separadores viales, hay una especie que suele robar miradas por su porte elegante y tropical: una palma que muchos no esperan encontrar en una ciudad de clima frío. Y es que, en el imaginario colectivo, las palmas suelen asociarse con playas, calor y regiones costeras. Por eso, verlas en la capital puede resultar sorprendente.
Sin embargo, no todas las palmas están limitadas a climas cálidos. Algunas especies han demostrado una notable capacidad de adaptación, y una de las más visibles en Bogotá que de joven parece una piña, es la conocida palma fénix o Phoenix canariensis.
Su presencia rompe con la idea de que estas plantas no pueden prosperar en tierras frías y demuestra que la diversidad vegetal urbana puede ser mucho más amplia de lo que se cree.
Características de esta palma
Según la Universidad de La Salle, la palma fénix sobresale por su porte majestuoso y su alto valor ornamental. Se trata de una palmera solitaria de gran tamaño, capaz de imponerse visualmente en cualquier espacio. Su tronco, robusto y firme, puede alcanzar hasta 70 centímetros de diámetro, lo que refuerza su apariencia sólida y elegante.
Sus hojas, largas, abundantes y arqueadas, forman una copa amplia y exuberante que le otorga ese carácter distinguido por el que es ampliamente apreciada en jardines, plazas y avenidas. En la base de estas hojas presenta estructuras punzantes llamadas acantófilos, uno de sus rasgos más característicos y llamativos que lo hacen parecer una piña cuando aún es joven.
De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, estas palmas pueden alcanzar entre 20 y 30 metros de altura. Son especies introducidas en la ciudad y llegaron en un momento simbólico: cuando la capital conmemoraba sus 400 años y comenzaba a exsistir iniciativas distritales para arborizar distintos espacios urbanos.
El nombre de palma fénix está relacionado con el ave mitológica del mismo nombre. Esta asociación surge por su notable capacidad de rebrote: incluso después de incendios, si el cogollo permanece vivo, la palma puede recuperarse y volver a crecer. Esa resistencia explica el simbolismo detrás de su denominación.
Otro de sus rasgos más admirables es su longevidad. Puede vivir cerca de 80 años, una característica que, sumada a su resistencia y capacidad de adaptación, la convierte en una especie duradera y altamente valorada en espacios públicos y privados.
Sus frutos, de color anaranjado amarillento, son pequeños y ovoides, similares a los dátiles, aunque de menor tamaño. Aparecen tras la floración y aportan un atractivo adicional a la especie. De hecho, la palma fénix cumple una función ecológica importante, según el Jardín Botánico de Bogotá, produce frutos que sirven de alimento para distintas aves urbanas, lo que la convierte en una especie significativa para la biodiversidad de la ciudad.
¿Por que es tan importante en Bogotá?
A pesar de ser una especie introducida, la palma fénix ha adquirido un valor especial en Bogotá por su estrecha relación con la historia urbana y el patrimonio paisajístico de la ciudad. Según el Jardín Botánico de Bogotá, su presencia está ligada a plazas y espacios emblemáticos del centro histórico, lugares que desde la época colonial funcionaron como puntos de encuentro alrededor de antiguas fuentes de agua, conocidas como pilas.
Allí la comunidad no solo acudía a abastecerse, sino también a intercambiar noticias y fortalecer la vida social de la ciudad.
Con el paso del tiempo, estas palmas dejaron de ser solo elementos ornamentales para convertirse en referentes simbólicos del paisaje bogotano. Su permanencia en sectores históricos y su asociación con espacios de memoria colectiva hicieron que fueran reconocidas como parte del patrimonio natural y cultural de la capital.
Ese valor quedó respaldado oficialmente por la Secretaría Distrital de Ambiente mediante la Resolución 02805 de 2023, una medida creada para conservar y proteger el patrimonio natural de la ciudad. A través de esta resolución se exaltaron 63 árboles patrimoniales o de interés público en Bogotá, todos con más de 60 años de edad, características singulares y un significado histórico, paisajístico y simbólico para la comunidad. Entre ellos, destacan 41 palmas fénix reconocidas como patrimoniales y otras 7 catalogadas como árboles de interés público.
Estos ejemplares se encuentran en lugares clave como la Quinta de Bolívar, el Observatorio Astronómico Nacional, el Chorro de Quevedo y diferentes plazas tradicionales de la ciudad.
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