Hay plantas que reciben nombres por su forma, por su aroma o por el lugar de donde vienen. Pero hay otras que terminan cargando apodos sacados casi de una novela familiar. Ese es el caso de la famosa “suegra y nuera”, una planta de flores enormes y llamativas que se ganó este curioso nombre porque sus flores parecen mirar cada una hacia lados opuestos, como si no lograran ponerse de acuerdo ni en la dirección.
¿En qué se caracteriza esta planta?
Queremos hacerle justicia, porque aunque muchos la conocen por este apodo curioso, en realidad este no es el único nombre que recibe. Y es que también se le conoce como amarilis o estrella de caballero, nombres que encajan mucho más con una especie capaz de producir flores gigantes, coloridas y tan extravagantes que parecen sacadas de una ilustración.
La planta pertenece al género Hippeastrum, un grupo de especies originarias de América que se distribuye desde Argentina hasta México y el Caribe. Actualmente se conocen cerca de 90 especies, aunque gran parte de los híbridos ornamentales más populares provienen de apenas unas pocas especies base que, con los años, dieron origen a una enorme variedad de formas y colores.
Entre sus principales características destaca su crecimiento a partir de grandes bulbos capaces de almacenar nutrientes, lo que le permite resistir diferentes condiciones y volver a florecer año tras año. Estos bulbos, similares a una cebolla, producen largas hojas verdes, lisas y brillantes, que pueden alcanzar hasta 60 centímetros de longitud.
Sin embargo, lo que realmente convierte a esta planta en protagonista son sus flores. El Hippeastrum desarrolla un tallo floral alto y hueco que puede alcanzar hasta 75 centímetros de altura y sostener varias flores al mismo tiempo. Cada una puede superar los 20 centímetros de diámetro y desplegar pétalos en tonos rojos, blancos, rosados, anaranjados e incluso combinaciones con vetas y degradados que hacen que ninguna flor parezca igual a otra.
Precisamente, la forma en la que sus flores suelen orientarse en distintas direcciones fue la que dio origen al popular apodo de “suegra y nuera”. A esto se suma la enorme diversidad de variedades existentes: algunas tienen pétalos anchos y simétricos, mientras otras presentan formas estilizadas que recuerdan mariposas o incluso ciertas orquídeas.
Además de su belleza, esta planta también destaca por ser resistente y longeva. Es común que pase de generación en generación en muchos hogares, ya que puede vivir durante años con cuidados relativamente sencillos, siempre que tenga buena iluminación, un sustrato con drenaje adecuado y riegos moderados. Incluso cuando pierde sus hojas durante ciertas temporadas, el bulbo permanece vivo bajo tierra, listo para volver a florecer.
¿Cómo puede tenerla en casa?
Tener una amarilis o Hippeastrum en casa es mucho más sencillo de lo que parece. Según el New York Botanical Garden, aunque sus flores luzcan exóticas y delicadas, en realidad se trata de una planta resistente que, con cuidados básicos, puede florecer durante años.
Uno de los cuidados más importantes es la luz. Esta planta necesita espacios muy iluminados para crecer correctamente, por lo que lo ideal es ubicarla cerca de una ventana o en un lugar donde reciba luz brillante. Ojo, manténgala en la luz incluso cuando las flores se marchitan; esto permitirá mantenerla bien iluminada para que el bulbo acumule energía y pueda volver a florecer más adelante.
En cuanto al riego, uno de los errores más comunes es excederse con el agua. Cuando el bulbo acaba de sembrarse, el sustrato solo debe mantenerse ligeramente húmedo. Después, a medida que comienzan a aparecer hojas o brotes florales, el riego puede aumentar un poco, siempre dejando que la parte superior de la tierra se seque antes de volver a regar.
Es importante tener en cuenta que, tras la floración, la planta entra en una etapa clave para recuperar fuerzas. Durante este periodo se recomienda aplicar fertilizante líquido cada dos semanas para ayudar al bulbo a almacenar nutrientes. Más adelante, los fertilizantes ricos en potasio favorecen la siguiente floración.
Un consejo clave que le damos es que, cuando la cultive, el bulbo no debe enterrarse completamente; lo recomendable es dejar parte de él fuera de la tierra para evitar pudriciones. Además, la maceta debe contar con buen drenaje y un sustrato suelto que permita evacuar fácilmente el exceso de agua.
Si tiene la posibilidad, durante algunos meses la planta puede colocarse al exterior en zonas con sol suave o semisombra. También conviene protegerla del exceso de humedad, del frío intenso cerca de ventanas y de fuentes de calor muy fuertes dentro de la casa.
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