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Meter a la ducha las plantas tropicales suele presentarse en internet como un “secreto de la selva”: la idea de que, por venir de ambientes lluviosos, llenos de ventisca y humedad, disfrutan —o incluso necesitan— ser bañadas con frecuencia. El consejo aparece una y otra vez, a veces en tono de broma y otras como recomendación seria.
Pero ¿qué tan cierto es esto?, ¿realmente imitar la lluvia les beneficia o se trata de un mito bien intencionado que puede traer más problemas que ventajas? Entender cómo funcionan estas plantas fuera de su entorno natural es clave para saber si ducharlas es una buena práctica… o un riesgo innecesario.
¿Es bueno regarlas en la ducha?
A simple vista puede parecer una buena idea. Regar —y enjuagar ocasionalmente— las plantas en la ducha suele presentarse como una opción práctica para quienes cultivan en interiores. En teoría, permite una hidratación profunda, ayuda a arrastrar las sales acumuladas en el sustrato y limpia el polvo de las hojas, mejorando su capacidad para captar la luz, todo sin convertir la cocina en un banco improvisado de macetas.
Sin embargo, esta práctica puede traer más problemas que beneficios. El chorro de agua puede compactar el sustrato, favorecer la pudrición de las raíces o dejar residuos de jabón en las hojas, algo que las plantas claramente no necesitan y que puede afectar su respiración y fotosíntesis.
Otro problema es el uso de agua tratada. Según el Jardín Botánico de Missouri, el tipo de agua influye directamente en la salud de las plantas. El agua del grifo suele contener minerales, además de residuos de cloro o flúor. Aunque el cloro no afecta a la mayoría de las especies si se usa una o dos veces, su uso prolongado puede causar puntas marrones en las hojas, especialmente en plantas sensibles.
El caso del flúor es distinto. Este no se elimina dejando reposar el agua y puede resultar perjudicial para plantas sensibles como las cintas (plantas araña) y las dracaenas, provocando manchas o puntas marrones en las hojas. Por esta razón, el tipo de agua se vuelve un factor crítico cuando se opta por regar en la ducha.
Otro problema de poner las plantas bajo la regadera es el manejo del riego. Según el Jardín Botánico de Missouri, tanto el exceso como la falta de agua pueden generar síntomas similares, como amarillamiento o marchitez, pero el riego excesivo reduce la oxigenación del sustrato y puede provocar podredumbre de raíces, visible en tallos oscurecidos o blandos en el centro de la maceta.
Además, la regadera de la ducha puede traer consigo:
- Agua demasiado caliente, fría o con demasiada presión: las raíces, las hojas y el sustrato no toleran los “golpes” de agua.
- Productos químicos del baño: residuos de jabón, champú o limpiadores con lejía pueden terminar sobre las plantas y afectar los estomas y la vida del suelo.
- Baños oscuros y sin ventilación: las hojas mojadas permanecen húmedas por más tiempo, creando condiciones ideales para hongos.
Otro problema grave
Cuando se habla de riego, hay un punto clave que no conviene pasar por alto y por eso lo ponemos aparte: el follaje mojado es una de las principales vías de transmisión de enfermedades entre plantas. Los patógenos fúngicos y bacterianos necesitan agua para proliferar y, en muchos casos, se encuentran en el sustrato.
Cuando una planta es constantemente salpicada, existe un riesgo sustancial de que se contagie. Por esta razón, muchos cultivadores prefieren mantener el follaje seco y advierten que los “baños” frecuentes suelen ser una práctica común entre personas que aún no conocen estos riesgos.
¿Que sí puede hacer?
El Jardín Botánico de Missouri explica que se puede utilizar agua corriente del grifo, de pozo, de lluvia o incluso nieve derretida, siempre que esta se deje reposar o hervirla, eso sí, para usarla, siempre debe estar a temperatura ambiente. Para reducir el cloro del agua del grifo, se recomienda dejarla reposar en un recipiente abierto durante 24 horas, lo que además permite que alcance una temperatura adecuada antes del riego.
En plantas sensibles, o cuando se busca un mayor control, se recomienda:
- Regar con agua de lluvia,
- Utilizar agua destilada o agua proveniente de un deshumidificador.
Ojo, la institución advierte que las hojas que ya presentan daño no se recuperan, por lo que la prevención es fundamental. Estas alternativas, junto con el agua de lluvia, también son especialmente recomendables para plantas carnívoras y terrarios, que requieren condiciones de riego más controladas.
Si desea saber más sobre cómo regarlas correctamente, aquí le dejamos una explicación más detallada: ¿Cómo y cuándo echarle agua a las matas?
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