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¿El tomate es una fruta o una verdura y por qué?

El tomate es uno de los pocos alimentos capaces de dividir a cocineros, botánicos e incluso a los jueces.

Leidy Barbosa

16 de enero de 2026 - 03:00 p. m.
Tomates
Foto: EFE - ARSHAD ARBAB
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En la cocina suele comportarse como una verdura, en el mercado se vende junto a ellas y en el huerto muchos lo cultivan pensando en ensaladas y salsas. Sin embargo, desde el punto de vista de la botánica, el tomate tiene otros argumentos que lo ponen en el centro de una discusión que no deja a nadie indiferente.

¿Es una fruta o una verdura? Esta pregunta, que parece simple, enfrenta a jardineros aficionados, chefs, botánicos y amantes de los datos curiosos, y la respuesta depende más del contexto que de una única verdad. Aquí le contamos por qué el tomate lleva décadas sembrando dudas más allá del plato.

Antes de entrar de lleno en el debate, es necesario aclarar algo básico: qué es una fruta y qué es una verdura. El tomate no genera confusión por sí solo; lo que realmente se cruza son las definiciones que usamos para clasificar los alimentos.

¿Existen realmente las verduras?

Según el Real Jardín Botánico de Kew, una de las instituciones botánicas más importantes del mundo. Desde la botánica, la respuesta es clara: el término “verdura” no forma parte de la terminología científica.

En ese sentido, lo que comúnmente llamamos verduras no son más que distintas partes de las plantas, clasificadas de otra manera:

  • Zanahorias y nabos: raíces
  • Cebolla y ajo: bulbos
  • Papas y ñame: tubérculos
  • Espárragos: tallos
  • Lechugas: hojas
  • Brócoli y coliflor: inflorescencias

Eso sí, al menos en algo no hay discusión: manzanas y peras son frutas, también desde el punto de vista biológico.

Entonces, ¿las verduras no existen?

No exactamente. Sin embargo, aunque no existen como una categoría botánica, las verduras sí tienen un lugar claro en la cocina. El término se usa para agrupar productos vegetales según cómo se consumen y en qué tipo de preparaciones aparecen, más que por su estructura biológica.

Por ejemplo, según el Jardín Botánico de Nueva York, en la práctica culinaria, esta distinción suele apoyarse en criterios muy concretos: las frutas se asocian a sabores dulces o ácidos, se consumen crudas con mayor frecuencia y aparecen en postres, jugos, mermeladas o preparaciones dulces. Las verduras, en cambio, se vinculan a sabores más neutros o salados y se utilizan en ensaladas, guisos, sopas y platos principales.

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¿Pero qué es una fruta? Según el Jardín Botánico de Nueva York, una fruta es el ovario maduro de una flor. Su función es proteger las semillas y facilitar su dispersión, ya sea atrayendo animales o mediante otros mecanismos naturales.

Bajo esta definición botánica, el tomate cumple todos los requisitos para ser una fruta: se forma a partir de la flor y contiene semillas en su interior.

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Y no está solo. También lo son, científicamente:

  • Pepinos y calabacines
  • Calabazas y zapallos
  • Pimentones y chiles
  • Berenjenas
  • Frijoles y judías verdes
  • Mazorcas de maíz

Incluso algunos alimentos que solemos llamar frutos secos, como nueces, bellotas o el coco, también entran en la categoría de frutas desde la botánica.

¿Por qué el tomate genera tanto debate?

Porque se mueve entre dos mundos:

  • En la cocina, se usa como verdura, en platos salados y preparaciones cotidianas.
  • En la botánica, es una fruta, más específicamente una baya.

En ese sentido, el tomate no contradice ni a la ciencia ni a la gastronomía. Simplemente pone en evidencia que una misma planta puede clasificarse de distintas maneras según el contexto en el que se analice.

Sin embargo, el problema surge cuando estas definiciones se trasladan a otros ámbitos, como el comercio o la ley, donde sí es necesario elegir una sola categoría.

De hecho, el tomate llegó hasta los tribunales. Según explica el Jardín Botánico de Nueva York, la controversia alcanzó a la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1893, en el caso conocido como Nix v. Hedden. Allí no se debatía su definición botánica, sino si el tomate debía pagar impuestos como verdura o quedar exento como fruta bajo las regulaciones aduaneras de la época.

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La Ley Arancelaria del 3 de marzo de 1883 establecía que las frutas, verdes, maduras o secas, estaban libres de impuestos, mientras que las hortalizas debían pagar un arancel del 10 % de su valor. Los comerciantes del puerto de Nueva York, que importaban tomates desde las Indias Occidentales, argumentaban que el tomate era una fruta y, por lo tanto, no debía ser gravado.

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Finalmente, la Corte resolvió que el tomate debía considerarse una verdura, basándose en el uso común del lenguaje y en la forma en que se consume.

El fallo reconoció que, botánicamente, los tomates son frutos, al igual que los pepinos o las calabazas, pero concluyó que en el lenguaje cotidiano y en la cocina se sirven como las verduras: junto a platos salados y no como postre. Así, el tomate quedó legalmente definido como verdura, no por la ciencia, sino por la costumbre.

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Por Leidy Barbosa

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com

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