
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
A veces se piensa que un jardín solo se contempla, que su belleza está en lo natural y nada más. Pero en medio de la selva de la Huasteca Potosina, en México, hay un lugar que rompe esa idea por completo: un espacio donde la vegetación no solo rodea, sino que dialoga con estructuras imposibles, como si el paisaje hubiera decidido volverse arte.
En Xilitla, ciudad del estado de San Luís Potosí, ese límite entre lo natural y lo creado se desdibuja en el Jardín Escultórico Edward James, un destino que no solo sorprende por su estética surrealista, sino que también se posiciona entre los jardines más destacados del mundo.
¿Qué es lo que hace que este jardín se destaque?
Para entender qué hace tan especial a este jardín, primero hay que mirar su origen, porque no nace como un simple proyecto paisajístico, sino como una obsesión artística. Detrás está Edward James, figura vinculada al surrealismo que llegó a México en 1944 y terminó dividiendo su vida entre Inglaterra y este país hasta su muerte en 1984. Heredero de una gran fortuna y cercano a artistas como Salvador Dalí, James no solo coleccionaba arte: vivía dentro de él.
Con la idea de construir su propio Edén, eligió un rincón de la Huasteca Potosina, cerca del río Santa María, en Xilitla. Allí comenzó en 1947 con una plantación de orquídeas y un entorno que también albergaba animales exóticos, pero una helada en 1962 cambió el rumbo del proyecto. Lo que parecía un fracaso se convirtió en el punto de partida: en lugar de reconstruir el jardín botánico, decidió levantar un universo de concreto en medio de la selva.
Así nació el Jardín Escultórico Edward James, un espacio donde más de 150 personas ayudaron a materializar estructuras que desafían cualquier lógica. Escaleras que no llevan a ningún sitio, arcos que emergen entre la vegetación y formas inspiradas en flores convierten el paisaje en una especie de sueño construido. La obra avanzó durante décadas hasta detenerse en 1984, con la muerte de James, y no fue sino hasta 1991 cuando el lugar abrió al público.
¿Qué puede ver aquí?
Una vez entendido el punto de partida, el jardín se abre como una inmersión en lo surrealista. Más que un recorrido, es un laberinto donde lo inesperado aparece a cada paso: estructuras que desafían la lógica, puertas que no conducen a ningún lugar, escaleras que parecen elevarse hacia el cielo y flores de concreto que conviven con la vegetación real.
El conjunto ocupa 37 hectáreas, de las cuales nueve conforman el jardín escultórico. En ese espacio se distribuyen más de 28 estructuras creadas por Edward James.
Entre las obras más representativas aparecen el Palacio de Bambú, uno de los puntos más fotografiados, y el Cinematógrafo, concebido como un espacio para proyectar películas y, al mismo tiempo, como una “pantalla permanente” hacia el paisaje. A lo largo del recorrido también surgen nombres que refuerzan ese carácter onírico: Plaza de Don Eduardo, Puente Flor de Lis, Sombrilla China o Ventanas Góticas.
El paisaje cambia a lo largo del año. Entre junio y septiembre, cuando aumentan las lluvias, las cascadas alcanzan su mayor caudal y el sonido del agua acompaña todo el recorrido, mientras la vegetación se intensifica y el musgo cubre las estructuras, integrándolas aún más al entorno. En julio y agosto, además, ocurre la floración de orquídeas, lo que añade un atractivo especial.
Sin embargo, si quiere ver por completo las obras, en meses como octubre y noviembre, con menos lluvias, el clima es más estable y la vegetación se vuelve menos densa, permitiendo observar con mayor claridad las formas y detalles de las esculturas.
El recorrido suele tomar entre dos horas y media y tres horas, aunque muchos visitantes se quedan más tiempo para descansar junto a las pozas naturales. Es un espacio abierto a cualquier edad, donde más que seguir un camino fijo, lo importante es recorrerlo con curiosidad y dejarse llevar por la imaginación.
¿Cómo ir?
Para visitar este lugar, según la página oficial, conviene comprar las entradas con anticipación para asegurar el ingreso y evitar filas. Si no alcanza a hacerlo, también hay taquilla en el sitio, aunque el acceso está sujeto a la disponibilidad del día.
Antes de ir, tenga en cuenta:
- Horarios: Abre de lunes, miércoles, jueves y viernes de 8:00 a.m. a 3:30 p.m., y sábados y domingos desde las 7:30 a.m. Los martes permanece cerrado.
- Precios: El ingreso ronda los 170 pesos Méxicanos para adultos, alrededor de COP 35.000, con tarifas reducidas para niños y adultos mayores. También hay recorridos en inglés en horarios específicos.
- Recomendaciones: Lleve el boleto descargado o en captura de pantalla, ya que la señal puede ser limitada. Use calzado cómodo con buena adherencia, porque el terreno suele ser húmedo e irregular, y tenga en cuenta que no se permite el ingreso de mascotas.
Para llegar al lugar, debe considerar que puede hacerlo tanto en carro como en transporte público, dependiendo de su punto de partida.
- En carro: Una de las rutas más comunes es desde Ciudad de México, tomando la autopista 57 hacia Querétaro y luego la carretera 120 rumbo a Jalpan de Serra. Desde allí, el camino continúa hasta Xilitla atravesando la Sierra Gorda, en un trayecto de alrededor de ocho horas.
- En autobús: Desde la Ciudad de México hay salidas desde la Terminal del Norte hacia Xilitla, con trayectos que pueden durar entre diez y doce horas. Otra opción es llegar primero a Ciudad Valles —desde San Luis Potosí u otras ciudades— y, una vez allí, tomar un bus hacia Xilitla en un recorrido de aproximadamente dos horas.
🌳 ☘️ 🌿 Encuentre en La Huerta toda la información sobre plantas, jardinería, cultivos y siembra. 🍂🌺 🌼
