
Un árbol de la familia de los dipterocarpáceos de 57 m de altura, equipado con la técnica de doble cuerda (DRT) para acceder al dosel.
Foto: Palasiah Jotan
Los árboles tienen algo que impone respeto: son grandes, majestuosos y, aunque permanecen inmóviles, están en constante transformación. Crecen, producen oxígeno, ofrecen refugio y ayudan a mantener vivos los ecosistemas. Por eso, plantar uno no es solo sembrar una semilla, sino apostar por la vida y contribuir, de una manera sencilla, a la conservación del ambiente.
Pero incluso estos gigantes pueden verse afectados por los cambios del clima. El fenómeno de El Niño, por ejemplo, no solo pone en riesgo la disponibilidad de agua, sino que...
Por Leidy Barbosa Ramírez
Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com