
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En Bogotá, sembrar no siempre significa tener un jardín en casa o una parcela en el campo. A veces basta un pequeño espacio entre el cemento para que aparezcan una lechuga, una planta medicinal o un puñado de semillas. La agricultura urbana ha encontrado allí su lugar: hoy, la capital cuenta con más de 4.000 huertas urbanas y cerca de 20.000 personas vinculadas a estos procesos, en su mayoría mujeres.
Pero algunas huertas hacen mucho más que producir alimentos. En el Parque de los Hippies, en la carrera Séptima con calle 60, entre el ruido de los carros, las bicicletas y el movimiento constante de Chapinero, hay un espacio dedicado a la agricultura urbana: la Huerta Comunitaria Alison – Rescatando Raíces.
Desde su inauguración, el 21 de noviembre de 2021, la huerta ha sido escenario de cultivos agroecológicos, plantas medicinales, talleres, actividades culturales, educación ambiental y encuentros comunitarios. Con el paso de los años, se ha convertido en parte de las dinámicas que tienen lugar en este parque.
Sin embargo, a casi cinco años de su creación, la permanencia de la huerta en el Parque de los Hippies está siendo discutida. La situación ha puesto sobre la mesa distintas perspectivas sobre el uso de este espacio público y sobre el lugar que ocupa la agricultura urbana dentro de él.
¿Qué está pasando?
El 11 de agosto, la comunidad de la Huerta Alison recibió una comunicación del Jardín Botánico de Bogotá en la que se le informó la decisión del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) de no renovar el permiso que le permitía continuar en el Parque de los Hippies, donde funciona desde 2021.
Es importante tener en cuenta que Bogotá cuenta con una normativa que reconoce y regula el desarrollo de huertas comunitarias y de agricultura urbana en espacios públicos. La Resolución 361 de 2020 establece lineamientos para promover estas iniciativas mediante prácticas agroecológicas y contempla la creación y el manejo de huertas comunitarias y orgánicas como parte de las estrategias distritales.
Esto significa que las huertas comunitarias ubicadas en espacios públicos no funcionan simplemente como ocupaciones de hecho. Su desarrollo está sujeto a condiciones y autorizaciones para el uso del espacio, así como a criterios de manejo, sostenibilidad y acompañamiento institucional.
En el caso de Alison, la huerta contó con una viabilidad temporal para desarrollar actividades de agricultura urbana y periurbana agroecológica, con vigencia del 9 de julio de 2025 al 8 de julio de 2026. Una vez cumplido este plazo, el IDRD, entidad encargada de la administración de los parques públicos, decidió no renovar la disponibilidad del espacio.
La decisión generó preocupación entre los integrantes de Alison, especialmente porque, según explican, no solo significa que la huerta no podrá continuar en el lugar donde ha funcionado desde 2021, sino que tampoco contempla su reinstalación o reubicación en otro punto del Parque de los Hippies.
“Lo que más nos preocupa es que esta decisión llegue después de un proceso en el que la comunidad ha estado dispuesta a dialogar y a buscar soluciones”, señalan los integrantes de la Huerta Alison a El Espectador.
Mucho más que una huerta
Para quienes hacen parte del proceso, la discusión no se limita al traslado de unas plantas. Alison es entendida por la comunidad como un aula viva y un espacio de encuentro, educación ambiental, memoria y construcción colectiva, sostenido durante casi cinco años por habitantes del sector.
Incluso, el nombre de la huerta tiene un significado particular y está relacionado con el enfoque de memoria que atraviesa el proceso. Fue bautizada en honor a Alison Salazar, una joven de 17 años que murió por suicidio después de denunciar un abuso sexual ocurrido, según su denuncia, en un CAI de Popayán. Para quienes participan en la huerta, su nombre también mantiene presente la memoria de otras personas que perdieron la vida durante los años de movilización social.
Tampoco el nombre “Rescatando Raíces”, con el que se identifica parte del proceso, fue elegido al azar. La iniciativa busca recuperar, compartir y mantener vivos saberes y prácticas ancestrales. En la huerta se han realizado siembras de hierbas sagradas en espiral, actividades relacionadas con los ciclos lunares y encuentros alrededor de rituales y tradiciones de diferentes pueblos originarios de Colombia.
Por eso, para sus integrantes, retirar Alison no significaría únicamente desmontar una estructura o trasladar cultivos, sino interrumpir un proceso comunitario construido durante años.
Un problema mucho más profundo
Uno de los principales puntos de discusión está relacionado con las condiciones de seguridad, convivencia, circulación, visibilidad y uso del espacio público en el Parque de los Hippies.
Actualmente, el parque enfrenta distintas problemáticas asociadas a la venta de drogas, el consumo de alcohol y la rumba hasta altas horas de la madrugada, situaciones que se presentan incluso en los alrededores del CAI Chapinero, ubicado en la calle 60 con carrera 9, en el costado noroccidental del parque.
En este contexto, el IDRD evaluó las condiciones particulares del espacio antes de decidir no renovar la viabilidad que permitía el funcionamiento temporal de la Huerta Alison. Uno de los elementos centrales fue el concepto técnico de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia. Según el IDRD, este análisis señaló que la ubicación actual de la huerta genera una barrera física y visual en la zona posterior del CAI Chapinero, reduce los ángulos de observación y dificulta la vigilancia y la identificación oportuna de situaciones que puedan afectar la convivencia.
Por eso, el Instituto sostiene que la decisión no responde a un rechazo de la agricultura urbana ni de las iniciativas comunitarias, sino a las condiciones particulares de seguridad y funcionamiento identificadas en ese punto específico del parque.
El Instituto explicó a El Espectador que, durante una reunión realizada el 30 de octubre, se planteó que la comunidad presentara al Jardín Botánico de Bogotá, como entidad gestora, propuestas de otros polígonos dentro del Parque de los Hippies que pudieran cumplir con las condiciones técnicas requeridas.
Sin embargo, según la trazabilidad revisada por el Instituto, esas propuestas no fueron remitidas al Jardín Botánico, por lo que no llegó a existir una alternativa concreta sobre la cual pudiera realizarse una evaluación técnica.
El IDRD insiste en que este punto debe entenderse como una posibilidad de evaluación que no llegó a concretarse, y no como una sanción contra la comunidad. Es decir, la entidad señala que existió la posibilidad de estudiar una eventual reubicación dentro del parque, pero para hacerlo era necesario contar con una propuesta espacial específica.
¿Y qué propone la comunidad?
Según la comunidad, la historia es diferente. Sus integrantes aseguran que sí han participado en distintos espacios con las instituciones y que, precisamente por eso, les sorprende que se haya llegado a una decisión de esta magnitud sin dar continuidad a la ruta de diálogo que ya se había planteado.
Uno de los antecedentes que consideran fundamentales ocurrió el 3 de octubre, cuando se realizó una reunión entre instituciones y representantes de la comunidad para abordar las problemáticas alrededor de la huerta. Según el acta de ese encuentro, la Alcaldía Local de Chapinero se comprometió a solicitar el fortalecimiento de la huerta por parte de la Administración Local, con el propósito de mejorar las condiciones de seguridad y generar vínculos de sana convivencia entre residentes, propietarios y líderes de la huerta.
Sin embargo, la comunidad asegura que las reuniones de seguimiento no volvieron a realizarse con sus representantes y que no han tenido un nuevo espacio de diálogo en el que puedan sentarse con las instituciones para construir conjuntamente una solución.
“Por eso sentimos que se cerró una puerta que ya estaba abierta. Nosotros no estamos diciendo que no existan problemas; estamos diciendo que había un compromiso de trabajar para solucionarlos y queremos que ese compromiso se retome”, señala la comunidad.
Su propuesta, aseguran, no es desconocer las dificultades del Parque de los Hippies, sino ser parte de la solución. Quieren que el parque sea más seguro, que existan condiciones de sana convivencia y que las instituciones y la comunidad puedan trabajar conjuntamente para lograrlo.
La comunidad asegura que nunca ha desconocido las reglas del espacio público ni las competencias del IDRD. Por el contrario, afirma estar dispuesta a realizar modificaciones en la huerta si son necesarias, cumplir los protocolos correspondientes y establecer compromisos de convivencia y mecanismos de seguimiento.
“Si hay elementos de la huerta que deben modificarse, estamos dispuestos a hacerlo. Si hay protocolos que debemos cumplir, estamos dispuestos a cumplirlos. Si necesitamos establecer compromisos de convivencia y mecanismos de seguimiento, también estamos dispuestos”, sostiene la comunidad.
Los cuestionamientos al proceso
Además de la decisión de no renovar la viabilidad del espacio, los integrantes de Alison cuestionan la manera en que, según ellos, se han desarrollado algunos de los procesos institucionales desde 2025.
La comunidad señala presuntas irregularidades relacionadas con la participación y la convocatoria a diferentes espacios en los que se ha discutido el futuro de la huerta. Entre ellas, menciona la realización de “mesas resolutivas” sin espacios de participación previos, convocatorias a reuniones consideradas de máxima importancia con menos de 24 horas de anticipación y actas que, según aseguran, fueron elaboradas sin la firma de representantes de la huerta.
Para sus integrantes, el problema de fondo es que no se les han ofrecido alternativas ni se han garantizado, según su percepción, los mecanismos necesarios para una concertación efectiva.
A esto se suma que, después de comunicarles la decisión sobre la continuidad de la huerta, el Jardín Botánico de Bogotá informó a la comunidad que estaba previsto realizar el cierre formal del proceso mediante la firma de un acta. Sin embargo, posteriormente la entidad comunicó que este procedimiento quedaba aplazado hasta nueva fecha y que les informarían cuando se definiera el nuevo día.
Por ahora, la firma del acta de cierre no se ha concretado. Para la comunidad, este episodio se suma a los cuestionamientos sobre la manera en que se ha desarrollado el proceso y refuerza su petición de que se retomen los espacios de diálogo antes de tomar decisiones definitivas sobre el futuro de Alison.
¿Entonces habrá desalojo o no lo habrá?
El IDRD aclara a este medio que no ha ordenado el desalojo ni la restitución del espacio público ocupado por la huerta. La razón es que el Instituto no tiene facultades policivas para ordenar directamente este tipo de actuaciones. De hecho, según explicó el IDRD, tampoco se ha iniciado un proceso de restitución relacionado con el espacio.
La entidad indicó que el Parque de los Hippies cuenta con presencia permanente de gestores de Seguridad y Convivencia y que se busca por el momento mantener el diálogo con quienes hacen parte de la huerta para llegar a una solución pacífica entre ambos.