Durante generaciones, las plantas han acompañado la vida cotidiana de millones de personas en América Latina. Mucho antes de la medicina moderna, los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y los campesinos aprendieron a observar la naturaleza, reconocer sus propiedades y transmitir ese conocimiento de generación en generación.
Gracias a esa relación cercana con el entorno, las plantas se convirtieron no solo en alimento, sino también en aliadas del bienestar.
Hoy, en medio de la vida urbana y el ritmo acelerado de las ciudades, gran parte de ese saber parece haberse quedado atrás. Sin embargo, muchas de esas especies siguen presentes en nuestras cocinas, jardines y mercados, esperando ser redescubiertas. Con esta idea en mente, WWF Colombia presenta el Biotiquín Urbano, una guía que invita a mirar las plantas cotidianas con otros ojos y a reconocer el valor cultural, ambiental y tradicional que guardan. Porque detrás de cada hoja, raíz o flor hay una historia de cuidado, memoria y conexión con la naturaleza que aún sigue viva.
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¿Cómo nació el biotiquín de plantas medicinales?
Según Juan Francisco García, especialista en restauración ecológica de WWF Colombia, la iniciativa nació a partir de una reflexión sobre la restauración de los ecosistemas y la manera en que la naturaleza también puede contribuir al bienestar humano.
“Siempre hablamos de cómo restauramos la naturaleza, pero pocas veces pensamos en cómo la naturaleza también nos restaura a nosotros”, explica.
Y es que en medio de la vida urbana, marcada por el ritmo acelerado y la desconexión con los entornos naturales, muchas personas han perdido parte de ese vínculo con los conocimientos tradicionales relacionados con las plantas y sus usos.
A partir de esa reflexión surgió el concepto de un “botiquín verde urbano”: un conjunto de plantas vivas que pueden estar presentes en hogares, oficinas o pequeños espacios domésticos, y que permiten recuperar saberes ancestrales sobre el uso de especies que históricamente han acompañado a comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
“Muchas de las especies que hacen parte de esta propuesta ya están presentes en la vida diaria: el ajo que se utiliza en la cocina, el jengibre que acompaña bebidas e infusiones, la hierbabuena de las aromáticas o la albahaca que da sabor a numerosas preparaciones. Son plantas comunes, económicas y fáciles de conseguir, pero también poseen una larga historia ligada al bienestar tradicional”, comentó el experto.
Menciona que el propósito de esta guía es precisamente mirar esas plantas con otros ojos y reconocer que, además de su valor gastronómico, en sus páginas se reúnen quince especies accesibles y ampliamente conocidas en Colombia, acompañadas tanto por los saberes populares asociados a ellas como por la información disponible desde la investigación científica.
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¿Qué podrá ver en la guía?
Más que un manual de remedios, esta guía busca recuperar saberes que durante generaciones han acompañado el bienestar de las comunidades. Según explica García, el propósito no es reemplazar la medicina convencional, sino reconocer cómo ciertos usos tradicionales han coexistido con el conocimiento científico y, en muchos casos, han sido posteriormente respaldados por investigaciones.
“Lo que plantea la guía es que una cosa no reemplaza a la otra. Son conocimientos complementarios. Muchas de las plantas que han utilizado las comunidades durante cientos o incluso miles de años contienen compuestos que hoy la ciencia ha estudiado”, señala García.
El proyecto también surge de una preocupación por la pérdida de estos conocimientos en los entornos urbanos. García menciona que, mientras que generaciones anteriores crecieron familiarizadas con las plantas y sus usos cotidianos, hoy muchas personas desconocen incluso para qué sirven las especies que tienen a su alrededor.
Por ello, la guía busca acercar nuevamente estos saberes a hogares, oficinas, colegios y otros espacios donde el contacto con las plantas se ha ido perdiendo.
La selección de las quince especies fue el resultado de un proceso de recopilación de información que incluyó conversaciones con comunidades rurales, habitantes del Pacífico colombiano, vendedores de plazas de mercado y personas conocedoras de las plantas medicinales.
“Inicialmente se identificaron cerca de 80 especies, pero se priorizaron aquellas que cuentan con información disponible, tienen usos ampliamente documentados y son relativamente fáciles de conseguir o cultivar en diferentes regiones del país”, señaló el experto.
Además, el documento no pretende ser una lista definitiva. García explica que este “biotiquín”, como ha sido denominado por su carácter vivo y en constante construcción, seguirá creciendo a medida que se recopilen nuevos conocimientos, se contrasten con la evidencia científica y se incorporen aportes de comunidades y ciudadanos interesados en mantener viva esta memoria colectiva.
Las quince plantas incluidas en esta primera edición son:
- Ají frío o rocoto (Capsicum pubescens)
- Ajo (Allium sativum)
- Albahaca (Ocimum basilicum)
- Anamú (Petiveria alliacea)
- Caléndula (Calendula officinalis)
- Cilantro cimarrón (Eryngium foetidum)
- Coca (Erythroxylum coca y Erythroxylum novogranatense)
- Cúrcuma (Curcuma longa)
- Hierbabuena (Mentha spicata)
- Jengibre (Zingiber officinale)
- Manzanilla (Matricaria chamomilla)
- Mastranto (Hyptis suaveolens)
- Oreganón (Plectranthus amboinicus)
- Prontoalivio (Lippia alba)
- Sábila (Aloe vera)
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Para García, aunque WWF es reconocida por su trabajo en conservación, asegura que proteger la biodiversidad también implica proteger los saberes asociados a ella. Según explica, restaurar no consiste únicamente en recuperar ecosistemas degradados. También significa recuperar conocimientos, prácticas y formas de relacionarse con el entorno que permitieron durante mucho tiempo convivir con la naturaleza de manera más equilibrada.
“Vamos muy rápido como sociedad y estamos transformando el planeta a una velocidad enorme. Por eso es importante mirar hacia atrás y entender cómo nuestros antepasados se relacionaban con el medio natural. Recuperar parte de esa memoria puede ayudarnos a construir formas más sostenibles de vivir”, afirma.
¿Cómo puede usarlo correctamente?
Las personas interesadas pueden descargar gratuitamente el Biotiquín Verde a través de la página de WWF Colombia. Allí deberán registrar algunos datos básicos y recibirán la guía directamente en su correo electrónico.
El documento explica de dónde proviene cada especie, cuáles son sus usos tradicionales, qué dice la evidencia científica sobre ella y qué aspectos deben tenerse en cuenta para su manejo y conservación.
Una de las ventajas de estas plantas es que la mayoría pueden conseguirse sin dificultad en distintos lugares como supermercados o:
- Plazas de mercado y mercados de barrio: estos espacios ofrecen algo igual de valioso: el conocimiento de vendedores y yerbateros que conocen sus usos tradicionales y pueden orientar sobre su manejo.
- Viveros y tiendas especializadas: son una buena opción para quienes desean cultivar sus propias plantas en jardines, balcones o espacios con buena iluminación.
La guía también promueve un consumo responsable de las plantas medicinales y aromáticas, ya que se trata de productos perecederos que pueden desperdiciarse si no se utilizan adecuadamente. Por ello, recomienda:
- Comprar únicamente la cantidad que se va a utilizar.
- Conservar las hierbas frescas envueltas en papel húmedo dentro de la nevera.
- Secar hojas y flores a la sombra para prolongar su duración.
- Congelar jengibre o cúrcuma cuando sea necesario.
- Aprovechar tallos, hojas y otras partes que suelen desecharse.
- Cultivar algunas especies en casa para cosechar solo lo que se necesita.
Para quienes quieren dar sus primeros pasos, la hierbabuena, la albahaca, el cebollín y el prontoalivio son algunas de las especies más recomendadas, ya que requieren pocos cuidados y pueden mantenerse fácilmente en una matera o jardín pequeño.
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