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Mariquita trabaja por recuperar el primer Jardín Botánico de América Latina

Más de 200 años después de la Expedición Botánica de Mutis, el Jardín Botánico de Mariquita busca volver a florecer.

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Leidy Barbosa
12 de febrero de 2026 - 03:40 p. m.
Directora del Real Jardín Botánico de Madrid, María Paz Martín Esteban
Directora del Real Jardín Botánico de Madrid, María Paz Martín Esteban
Foto: EFE - Esneyder Negrete
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Hay lugares donde la ciencia dejó de ser una idea lejana y se convirtió en una aventura entre montañas, selvas y cuadernos llenos de dibujos. En Mariquita, Tolima, existe uno de esos sitios: el Jardín Botánico donde, hace más de dos siglos, germinó el sueño de comprender la riqueza natural de América, escenario del inicio de la Real Expedición Botánica en 1783.

Este ambicioso proyecto, que era liderado por José Celestino Mutis, buscó estudiar, describir e ilustrar las plantas del continente, así como identificar sus posibles usos medicinales, económicos y agrícolas. De ese proceso surgiría el Jardín Botánico de Mariquita, considerado el primer jardín botánico establecido en América Latina y concebido como un espacio dedicado a la observación, el cultivo y la clasificación de las especies recolectadas durante la expedición.

Ahora, más de dos siglos después, este histórico lugar busca renacer gracias a una alianza entre el Real Jardín Botánico de Madrid (CSIC), el Jardín Botánico de Bogotá, la Alcaldía de Mariquita y la Fundación Segunda Expedición Botánica (Funbotánica), con el propósito de recuperar no solo un espacio físico, sino también el escenario donde comenzó a escribirse la historia científica de la flora colombiana.

¿De qué trata este proyecto?

La iniciativa busca consolidar una alianza de cooperación internacional orientada a fortalecer la investigación científica, la biodiversidad y el patrimonio cultural en torno al legado de José Celestino Mutis. Uno de sus principales objetivos es impulsar la Ruta Mutis, concebida como un corredor histórico, científico y cultural con proyección internacional.

El proyecto también contempla promover investigaciones conjuntas, programas de educación e intercambio de conocimiento, así como identificar líneas de colaboración en conservación, formación académica e intercambio técnico.

Según María-Paz Martín Esteban, directora del Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, el proceso comenzó formalmente en 2024, cuando Funbotánica y el Real Jardín Botánico firmaron un Protocolo General de Actuación, una hoja de ruta para orientar esta colaboración. “El propósito ahora es ir a Mariquita, conocer el Bosque Mutis, reconocer su estado actual y ver cómo recuperamos ese legado natural para las nuevas generaciones”, explicó.

La apuesta va más allá de restaurar un espacio natural. Se busca recuperar el espíritu del jardín concebido por Mutis, siguiendo las pautas originales que el sabio trazó para ese lugar de experimentación científica. La idea es que el Bosque Mutis —que hoy abarca cerca de 100 hectáreas— sea el punto de partida para una primera etapa de restauración y para la restauración del jardín botánico que dialogue con su origen histórico.

Según Guillermo Pérez Flórez, director de la Fundación Segunda Expedición Botánica (Funbotánica), el proyecto también contempla actualizar los estudios ecológicos realizados hace cuatro décadas y convertir el jardín en un banco de conservación.

“Queremos que sea banco de semillas y banco de germoplasma”, explica. La razón es urgente: en Mariquita hay 49 especies frutales en riesgo de desaparecer del territorio debido al crecimiento urbano y la pérdida de solares tradicionales donde antes se cultivaban frutos como el marañón, el mamoncillo, la guama o la carambola. Aunque no están en peligro de extinción a nivel nacional, sí están desapareciendo localmente.

“La restauración del jardín permitiría conservar este patrimonio biológico y contribuir a enfrentar los efectos del cambio climático”, afirmó.

El proyecto contempla tres grandes tareas: conservación, pedagogía ciudadana e investigación. Así lo resume la directora del Jardín Botánico de Bogotá, María Claudia García Dávila:

  • La primera es la conservación, entendida no solo como protección de especies, sino como salvaguarda activa de la biodiversidad frente al cambio climático y la pérdida acelerada de ecosistemas.
  • La segunda es la pedagogía ciudadana: un jardín botánico como muestra viva del territorio, como aula abierta donde niños, jóvenes y comunidades puedan comprender la riqueza natural que los rodea.
  • La tercera es la investigación, retomando el carácter original del jardín de Mutis como espacio de aclimatación y experimentación de especies.

En esa línea, se busca diseñar rutas pedagógicas para que los estudiantes conozcan las plantas en su entorno natural, comprendan su origen y sus propiedades, y se fortalezca el turismo ecológico en la región.

También se plantea revivir la tradición de la ilustración botánica que caracterizó la Expedición, con encuentros formativos para jóvenes artistas que aprendan a representar la biodiversidad con el rigor científico que distinguió las láminas originales.

El mensaje, dice García, es claro: “Necesitamos enamorar a los niños de la ciencia. En la ciencia están muchas de las respuestas que buscamos para construir un mundo más sostenible y capaz de convivir con una nueva realidad climática y social”.

Por otro lado, en el horizonte está incluso la idea de impulsar una “segunda expedición botánica”, como menciona la directora del Real Jardín Botánico de Madrid, una iniciativa que reúna a botánicos, ilustradores y voluntarios para restaurar el bosque y actualizar el conocimiento sobre su biodiversidad.

“Queremos que Mariquita pueda convertirse en un centro de peregrinación para botánicos de todo el mundo”, afirma. “Entre todos vamos a intentar conseguirlo”.

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Un proyecto bueno, pero con retos

Según Martín, el primer reto que tienen es proteger las cerca de 100 hectáreas que hoy conforman el Bosque Mutis y evitar nuevas invasiones o deterioro del área. El segundo es involucrar a la comunidad local, formar jóvenes como monitores ambientales y fortalecer la apropiación social del territorio. Y el tercero —quizá el más determinante— es conseguir recursos económicos que permitan materializar las ideas.

“Tenemos la voluntad técnica y el respaldo institucional, pero necesitamos financiación para que las expediciones, los procesos formativos y la restauración sean sostenibles en el tiempo”, reconoce la directora.

Y es que la relevancia del proyecto no es menor. La botánica sigue siendo una ciencia clave para comprender el planeta. Según menciona Martín, actualmente se conocen cerca de 385.000 especies de plantas en el mundo, pero se estima que podrían existir alrededor de 450.000; es decir, aún quedarían más de 70.000 por descubrir.

“Todavía quedan muchos años de exploración científica”, afirmó. “Es maravilloso cuando uno encuentra una especie nueva y comprende que está aportando un pequeño grano de arena al conocimiento de la biodiversidad”.

Sin embargo, el reto más grande no está solo en descubrir nuevas especies, sino en educar a la ciudadanía para que comprenda el legado que tiene entre sus manos. Martín menciona que el cambio climático y la contaminación están afectando incluso a especies que durante siglos estuvieron bien adaptadas a su entorno. Porque si la sociedad se apropia de ese legado, será más fácil asegurar que el jardín vuelva a florecer, esta vez para las nuevas generaciones.

“Ese es el legado que hoy se busca resignificar: demostrar que la botánica no es únicamente el estudio de las plantas, sino una herramienta para entender el territorio, protegerlo y proyectarlo hacia el futuro. Por ello, la invitación final es a que quienes tengan la posibilidad de viajar a Mariquita vayan y recorran el Tolima, que en este lugar los espera múltiples huellas del legado de Mutis”, finalizó Martín.

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Leidy Barbosa

Por Leidy Barbosa

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com

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