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En muchas cocinas colombianas hay un pequeño secreto que le da color a los arroces, a las carnes y hasta a los quesos industriales: el achiote. Ese tono amarillo intenso o rojizo que aparece en tantos alimentos no es casualidad ni artificial, sino el resultado de una semilla que, desde tiempos ancestrales, ha servido para teñir, sazonar y transformar preparaciones.
Pero detrás de ese pigmento intenso hay un árbol tropical tan llamativo como versátil, que no solo destaca por sus colores, sino también por la huella que ha dejado en distintas generaciones y culturas, tanto por sus usos medicinales como por su papel en la elaboración de alimentos y productos artesanales.
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¿De dónde es el achiote?
Hagamos un repaso rápido. Según el Catálogo Virtual de Flora del Valle de Aburrá de la Universidad EIA, el achiote es nativo de la América tropical, aunque hoy se cultiva ampliamente en regiones cálidas. Puede alcanzar hasta 10 metros de altura, con un tronco de aproximadamente 30 centímetros de diámetro y una copa estrecha.
Sus flores, de unos 3 centímetros de diámetro, presentan cinco pétalos separados y numerosos estambres, y son polinizadas por insectos. La floración es estacional y, tras marchitarse, da paso a uno de los mayores atractivos del árbol: sus frutos.
Estos frutos son unas cápsulas pequeñas, ligeramente puntiagudas y cubiertas de suaves espinas, que pasan del verde brillante a un rojo intenso a medida que maduran.
Estas vainas rojas permanecen vistosas durante un buen tiempo antes de tornarse marrón caoba, caer al suelo y abrirse para liberar las semillas rojizas que resguardan en su interior. Allí se encuentra su mayor valor, y es que de las semillas se obtiene el annatto, un colorante natural ampliamente utilizado en distintas partes del mundo para aportar tonalidades amarillas, naranjas y rojizas a alimentos, así como en la industria cosmética y artesanal.
¿Para qué sirve?
Seguramente ya lo ha adivinado: el achiote es ampliamente conocido por su capacidad para teñir alimentos, dulces, palomitas de maíz, quesos, jabones y cosméticos con sus tonos amarillos, naranjas y rojizos. Incluso puede utilizarse como sustituto del azafrán, ya que aporta un color similar sin su elevado costo, razón por la cual se ha convertido en un ingrediente habitual tanto en la industria como en la cocina tradicional.
Pero su historia no termina en el color. Según el Vademécum Colombiano de Plantas Medicinales, las hojas del achiote han sido utilizadas en la medicina tradicional en infusiones suaves para aliviar molestias de la garganta, reducir náuseas y vómitos y actuar como tónico gastrointestinal.
También se les atribuyen usos tradicionales como antidiarreico, estomacal y apoyo en el control de algunas molestias digestivas.
En aplicaciones externas, la planta también ha tenido un lugar importante. Preparaciones elaboradas con hojas o semillas se han empleado de forma tópica para aliviar irritaciones de la piel, picazón, inflamaciones leves y golpes.
Asimismo, la masa obtenida de las semillas se ha utilizado tradicionalmente sobre quemaduras y otras afecciones cutáneas para ayudar a proteger la piel y disminuir la aparición de ampollas.
Además, en la medicina tradicional también se ha utilizado como apoyo en casos de fiebre y estados gripales, gracias a sus propiedades febrífugas que ayudan a disminuir la temperatura corporal y aliviar algunas molestias asociadas al resfriado.
Parte de este interés se debe a la composición de sus semillas, ricas en carotenoides como la bixina y la norbixina, además de otros compuestos como flavonoides, saponinas, terpenoides y aceites naturales, sustancias que no solo le otorgan su característico color intenso, sino que también han despertado el interés científico por sus posibles propiedades biológicas.
Y, por supuesto, en el mundo de la jardinería tampoco pasa desapercibido. El achiote se utiliza con frecuencia como cerco vivo y en proyectos de restauración para ayudar a controlar la erosión del suelo, mientras que algunas variedades, especialmente las de frutos rojos intensos, han ganado popularidad en los últimos años por su valor ornamental gracias al atractivo contraste entre su follaje verde y sus llamativas cápsulas.
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