Cuando aparece una plaga en las plantas, la reacción casi siempre es la misma: ¿cómo la controlo ya mismo? En cuestión de segundos, la mente repasa opciones, remedios caseros, productos que quizá tenga guardados y soluciones que eviten salir corriendo a comprar un fungicida especializado. Entonces levanta la mirada, ve el lavaplatos y surge la pregunta inevitable: si elimina la grasa y la suciedad, ¿podría también ayudar con las plagas?
La idea suena lógica, incluso tentadora. Pero ¿realmente funciona el lavavajillas como tratamiento para las plantas o puede terminar siendo peor el remedio que la enfermedad?
¿Funciona el jabón lavavajillas?
Sí, en teoría, funciona, pero con matices importantes. De acuerdo con el programa de extensión de la Universidad Estatal de Iowa, los jabones o detergentes domésticos, cuando se diluyen en agua y se aplican directamente sobre la planta, pueden ser eficaces para controlar insectos de cuerpo blando como pulgones, ácaros, moscas blancas y cochinillas en estado joven.
Sin embargo, no son útiles frente a plagas más grandes como orugas o larvas de escarabajo.
Su efectividad depende del contacto directo. Es decir, el jabón solo actúa cuando cubre al insecto, por lo que no tiene efecto residual y requiere aplicaciones repetidas, generalmente con intervalos semanales. Su acción consiste en romper las membranas celulares del insecto y eliminar la capa cerosa que lo protege, provocando su deshidratación.
La fórmula es sencilla:
- Diluir detergente lavavajillas líquido en agua hasta obtener una solución cercana al 2 %.
- Pulverizarla sobre la superficie y el envés de las hojas.
Eso sí, siempre es clave probar primero en una pequeña parte de la planta, ya que algunos detergentes pueden resultar demasiado agresivos y causar quemaduras en el follaje.
¿Todos los jabones sirven?
No. Y ahí está el gran “pero” del que poco se habla. Los detergentes lavavajillas actuales ya no son fórmulas simples diseñadas solo para cortar grasa. Según explica la universidad, hoy incluyen fragancias, agentes antibacterianos, desengrasantes potentes, colorantes y otros aditivos que pueden resultar fitotóxicos, es decir, dañinos para las plantas.
Estos ingredientes pueden provocar manchas, deformaciones, decoloración e incluso quemaduras en las hojas.
Además, muchos productos se venden en versiones concentradas y con formulaciones variables, lo que dificulta establecer una proporción de dilución segura y efectiva. Una mezcla demasiado fuerte puede controlar la plaga, pero también afectar seriamente el follaje.
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Entonces, ¿qué puede hacer?
Si detecta una plaga, lo primero es identificar bien qué insecto está afectando la planta y en qué nivel. No todas las infestaciones requieren una intervención inmediata ni el mismo tratamiento. A veces, una poda ligera de las partes más afectadas o un chorro de agua a presión puede reducir significativamente la población.
Si decide usar jabón, asegúrese de que sea lo más simple posible, sin fragancias ni aditivos, dilúyalo correctamente y pruébelo primero en una pequeña zona de la planta. Aplique siempre en horas frescas del día y evite el sol directo para reducir el riesgo de quemaduras.
Sin embargo, si busca una alternativa más segura y constante, lo más recomendable es optar por jabones insecticidas formulados específicamente para uso en jardinería,, como el jabón potásico, o remedios como el aceite de neem. Estos están diseñados para controlar plagas sin comprometer la salud de la planta, reducen el margen de error y ofrecen mayor tranquilidad en el cuidado de su jardín.
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