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¿Por qué los girasoles ya no giran hacia el sol al madurar?

Aunque se asocian con el movimiento constante hacia el sol, los girasoles dejan de girar en cierta etapa de su vida.

La Huerta

20 de abril de 2026 - 03:00 p. m.
Campo de girasoles
Foto: EFE - JAVIER BELVER
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Muchas personas han escuchado que los girasoles siguen al sol a lo largo del día. Incluso el nombre del Helianthus annuus parece confirmarlo: una planta que gira buscando la luz. Sin embargo, quien ha tenido uno cerca —en un jardín, en el campo o incluso en una matera— puede notar algo desconcertante: llega un momento en que deja de moverse.

Ese pequeño detalle, fácil de pasar por alto, abre una pregunta más interesante de lo que parece. ¿Por qué una planta conocida por seguir al sol decide, de pronto, quedarse quieta? ¿Se trata de un cambio natural, de una adaptación o de algo más?

¿Por qué se mueven los girasoles?

El Helianthus annuus, conocido como girasol, es mucho más que una flor colorida y popular. Originario de América, ha acompañado a distintas culturas como fuente de alimento, aceite y valor ornamental. Sin embargo, más allá de su apariencia, hay un rasgo que ha despertado curiosidad durante siglos: su aparente capacidad de seguir al sol.

Este fenómeno, conocido como heliotropismo, ha sido interpretado de distintas maneras a lo largo del tiempo. Antes de que la ciencia ofreciera explicaciones, incluso se recurrió a la mitología para entenderlo. En la antigua Grecia, por ejemplo, se contaba la historia de Clitia, una ninfa enamorada del dios sol Helios, que terminó transformada en girasol tras pasar días observando su recorrido en el cielo.

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Hoy se sabe que el movimiento de los girasoles no responde a un acto casi “consciente”, sino a un mecanismo biológico preciso. Investigaciones de la Universidad de Melbourne han demostrado que, durante su etapa juvenil, estas plantas se orientan hacia el este al amanecer, siguen la trayectoria del sol a lo largo del día y, durante la noche, regresan lentamente a su posición inicial, anticipando la salida del sol siguiente.

Este comportamiento está regulado por un reloj interno —el llamado ritmo circadiano— que les permite sincronizarse con los ciclos de luz y oscuridad. Sin embargo, este “seguimiento” no dura para siempre. Cuando la planta madura y florece, el movimiento se detiene y el girasol queda orientado de forma permanente hacia el este.

¿Por qué dejan de moverse?

Según hallazgos de la Universidad de California, Berkeley, los girasoles dejan de moverse porque, al alcanzar la madurez, su crecimiento se estabiliza y el mecanismo que les permite seguir al sol pierde intensidad.

Para comprobarlo, investigadores de esta universidad realizaron experimentos en los que forzaron la orientación de las plantas, inmovilizaron sus tallos y alteraron sus ciclos de luz. El resultado fue que los girasoles intervenidos redujeron hasta un 10 % de su biomasa y desarrollaron hojas más pequeñas. Esto demostró que el movimiento no es casual, sino que está directamente ligado a su proceso de crecimiento.

Esto se debe a que, mientras crece el girasol, tiene un crecimiento diferencial del tallo. Durante el día, el lado oriental se alarga más que el occidental, lo que hace que la planta gire hacia el oeste siguiendo al sol. Por la noche, el proceso se invierte: el lado occidental crece más rápido y orienta nuevamente la flor hacia el este, preparándola para el amanecer.

Detrás de este mecanismo está el reloj circadiano, un sistema interno que, al igual que en los animales, regula los ciclos biológicos de la planta. En los girasoles, este “reloj” coordina la producción de auxina, la hormona responsable del crecimiento, y activa de forma alternada los lados del tallo para generar el movimiento.

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Sin embargo, cuando la planta alcanza la madurez, este patrón de crecimiento pierde intensidad. Los genes asociados al reloj biológico reducen su actividad y el girasol deja de girar. En ese momento, permanecer orientado hacia el este resulta más eficiente: las flores se calientan más rápido con el sol de la mañana y pueden atraer hasta cinco veces más insectos polinizadores.

¿Cómo cuidar un girasol?

Cuidar un Helianthus annuus no es complicado, pero sí requiere atender algunos aspectos clave para que la planta crezca fuerte y florezca adecuadamente.

Luz:

El girasol necesita sol directo al menos seis horas al día. En jardines, lo ideal es ubicarlo en un espacio abierto y sin sombra. En interiores o balcones, debe colocarse cerca de una ventana bien iluminada. La falta de luz suele provocar tallos débiles y una floración pobre.

Agua:

El riego debe ser regular, manteniendo el sustrato húmedo pero sin encharcamientos. En climas cálidos puede requerir agua a diario, mientras que en climas templados bastará con cada dos o tres días. Ojo, si el tallo se ve firme pero decaído, es posible que la planta esté sufriendo fatiga por falta de agua, lo que afecta procesos internos como el movimiento de las auxinas, responsables del crecimiento.

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Suelo y espacio

El girasol necesita un suelo fértil y bien drenado. El exceso de humedad puede dañar las raíces y comprometer su desarrollo. Además, es importante garantizar suficiente espacio para que la planta crezca sin restricciones, especialmente en el caso de variedades altas.

Fertilización

Durante la etapa de crecimiento, se recomienda aplicar un fertilizante equilibrado cada dos semanas. Esto fortalece el tallo y favorece una floración más duradera, especialmente en espacios reducidos como macetas.

¿Y si es un girasol cortado?

Un girasol cortado puede mantenerse fresco entre 7 y 10 días si se cuida bien. Para ello, se debe cortar el tallo en diagonal, cambiar el agua cada dos días y evitar la exposición directa al sol. Aunque no sustituye el cuidado de la planta viva, permite disfrutar su flor por más tiempo en interiores.

Aquí le explicamos cómo cuidar más de una flor cortada: ¿Le regalaron flores en San Valentín?: Consejos para que le duren más tiempo

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