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Si alguna vez ha recorrido las calles de Bogotá, es muy probable que haya visto un árbol cargado de pequeñas bolitas rosadas o rojizas que cuelgan de sus ramas como si fueran diminutos racimos de pimienta. Muchos lo observan sin conocer su nombre, pero el falso pimiento se ha convertido en uno de los árboles más característicos del paisaje urbano de la capital.
Con su copa elegante, ramas colgantes y un follaje verde de tonos grisáceos, esta especie no solo aporta sombra y color a parques, separadores y avenidas, sino que también guarda una interesante historia que hoy le venimos a contar.
Características del falso pimiento
Aunque es originario de los Andes centrales, especialmente de Perú, Chile y Bolivia, el falso pimiento (Schinus molle) encontró en Bogotá las condiciones ideales para desarrollarse y convertirse en una de las especies más representativas del arbolado urbano. De hecho, según el Jardín Botánico de Bogotá, la capital alberga más de 23.700 ejemplares, concentrados principalmente en las localidades de Kennedy, Bosa, Ciudad Bolívar y Puente Aranda.
Pero para conocerlo más debemos ir también a sus nombres, y es que, conocido como molle, pirul, aguaribay o falso pimentero, este árbol pertenece a la familia Anacardiaceae. En la ciudad suele alcanzar entre 8 y 10 metros de altura, aunque en su hábitat natural puede superar los 25 metros. Se caracteriza por su copa amplia, sus elegantes ramas colgantes y una corteza rugosa de tonos café, grisáceos o rojizos que se desprende en placas con el paso del tiempo.
Sus hojas son perennes, alargadas y de un tono verde claro, las cuales se caracterizan por tener bordes ligeramente aserrados y terminados en una punta curvada, lo que le da al árbol un aspecto ligero y elegante. Eso sí, una de sus particularidades más famosas es el intenso aroma que desprende. Toda la planta produce una resina aromática que puede percibirse fácilmente al romper una hoja o una rama.
Las flores, pequeñas y de color blanquecino, crecen agrupadas en racimos. Dependiendo de las condiciones climáticas, la especie puede florecer durante gran parte del año, por lo que es común observar al mismo tiempo flores y frutos en un mismo ejemplar.
Ahora sí, hablemos de sus frutos. Y es que estos aparecen en abundantes racimos colgantes y, al madurar, adquieren un característico color rosado o púrpura que hace que muchas personas los confundan con granos de pimienta, razón por la cual recibe el nombre de falso pimiento. Cada fruto mide entre 4 y 8 milímetros de diámetro, posee una cubierta delgada y quebradiza y alberga en su interior una pequeña semilla.
Además de su valor ornamental, estos frutos cumplen una importante función ecológica, ya que sirven de alimento para diversas especies de aves que habitan la ciudad.
Otro valor para usarlo como decoración en la ciudad es que es una especie resistente a la sequía, las altas temperaturas y los suelos pobres, cualidades que explican su amplia presencia en parques, separadores y avenidas de Bogotá. Sin embargo, fuera de su área de distribución natural ha llegado a comportarse como una especie invasora en algunos países, debido a su facilidad para adaptarse y propagarse.
¿Para qué sirve?
Además de ser uno de los árboles ornamentales más comunes en Bogotá, el falso pimiento (Schinus molle) ha sido aprovechado durante siglos por sus propiedades culinarias, medicinales y maderables.
De acuerdo con Arbolapp, una plataforma desarrollada por el Real Jardín Botánico de España y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el nombre de “falso pimiento” se debe a que sus frutos fueron utilizados como sustituto de la pimienta negra (Piper nigrum), gracias a su sabor picante. En varios países de Sudamérica, los frutos se conservan en salmuera y se comercializan como pimienta rosa.
Sin embargo, los especialistas advierten que su consumo debe hacerse con precaución. La ingesta de grandes cantidades puede provocar intoxicaciones, especialmente en niños, ya que sus frutos pueden confundirse con golosinas por su color y apariencia.
Más allá de su uso culinario, la resina del árbol ha sido empleada tradicionalmente por sus propiedades analgésicas, estimulantes, insecticidas, antibacterianas, antifúngicas y antivirales. También se le atribuyen efectos cicatrizantes y beneficios para la salud bucal.
De hecho, la plataforma explica que en algunos países de América del Sur se ha utilizado en la elaboración de dentífricos y como goma de mascar natural para fortalecer las encías y aliviar llagas en la boca, aunque el contacto directo con la resina puede causar dermatitis en personas con piel sensible.
El arbusto de las bolitas rojas que no debería sembrar en su jardín
Tal vez más común que el falso pimiento, esta el cotoneaster, un arbusto ornamental que se encuentra con frecuencia en parques, jardines, separadores y andenes de Bogotá. Sus abundantes bayas rojas y su follaje denso lo han convertido en una de las especies más utilizadas para embellecer los espacios urbanos.
Sin embargo, detrás de su apariencia llamativa se esconde un problema ambiental. Aunque es muy apreciado por su valor ornamental, los expertos recomiendan no sembrarlo, ya que en Colombia es capaz de afectar la biodiversidad y desplazar la vegetación nativa.
De hecho, especies como Cotoneaster pannosus están incluidas en el Catálogo de Plantas Invasoras de los Humedales de Bogotá, debido a que invaden pastizales, matorrales de montaña y zonas degradadas ubicadas entre los 1.100 y los 3.200 metros de altitud.
Por esta razón, aunque sus frutos y flores resulten atractivos, las autoridades ambientales recomiendan no sembrarlo y, en su lugar, optar por especies nativas que ofrecen alimento y refugio para la fauna local sin poner en riesgo la biodiversidad. De esta manera es posible contribuir a la conservación de los ecosistemas y reducir la propagación de plantas invasoras en las ciudades y sus alrededores.
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