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¿Qué árbol llena de “pepitas” cafés las calles de Bogotá y por qué es tan importante?

El nogal en Bogotá es hoy una especie en peligro cuya discreta presencia es clave para la biodiversidad y la historia cultural de la ciudad.

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La  Huerta
21 de abril de 2026 - 08:03 p. m.
Árbol ubicado en la calle 77 con carrera 9, considerado uno de los más antiguos de la ciudad, tiene más de 210 años.
Árbol ubicado en la calle 77 con carrera 9, considerado uno de los más antiguos de la ciudad, tiene más de 210 años.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Si se ha caminado por Bogotá, seguramente hay un nombre que resulta familiar: el barrio El Nogal. Más allá de la historia y la vida urbana del sector, ese nombre tiene un origen mucho más silencioso: un árbol.

Se trata del nogal andino (Juglans neotropica), una especie hoy poco común en la ciudad, pero cargada de valor ecológico e histórico en el territorio. Sus frutos —drupas de semillas cafés— suelen aparecer en el suelo como una pista discreta de su presencia, aunque muchas veces pasen desapercibidos.

Originario de los Andes y presente en países como Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú, el nogal puede superar los 40 metros de altura. Se caracteriza por su crecimiento lento, su corteza rojiza y sus hojas compuestas de bordes aserrados, rasgos propios de una especie adaptada a los bosques montanos.

Su importancia en Bogotá no es menor. Tanto así que en el Jardín Botánico se encuentra un ejemplar sembrado en honor al Acuerdo 69 de 2002 del Concejo de la ciudad, que lo declaró como árbol insignia de la capital. Sin embargo, mientras su huella permanece en la memoria urbana, su presencia en la naturaleza enfrenta una amenaza silenciosa: la pérdida de su hábitat, que hoy lo tiene en riesgo.

Características del nogal

De acuerdo con la Universidad de La Salle, el nogal andino (Juglans neotropica) es un árbol de gran tamaño que puede alcanzar entre 30 y 40 metros de altura. Se caracteriza por su crecimiento lento, su corteza de tonos grisáceos a rojizos y una copa amplia que se abre en forma oval.

Sus ramas son gruesas y se extienden con facilidad, mientras que sus hojas, largas y agrupadas, tienen bordes dentados y un aroma particular. En cuanto a sus flores, produce unas alargadas y colgantes de color verdoso y otras más pequeñas que, con el tiempo, dan paso a sus frutos.

Estas pepitas cafés que aparecen en el suelo no son otra cosa que sus frutos. Pequeñas esferas comestibles que pasan de un verde amarillento a marrón al madurar y que, en su interior, esconden una semilla dura —la nuez— conocida en Ecuador como “tocte”, usada en distintas preparaciones tradicionales.

Más allá de sus características, según el Jardín Botánico de Bogotá, el ciclo de su fruto revela un pequeño ecosistema. Cuando cae al suelo, su cáscara comienza a secarse y es rápidamente intervenida por insectos y otros organismos que la descomponen. Poco a poco, estos seres consumen las capas externas hasta dejar al descubierto la semilla, en un proceso donde distintas formas de vida participan y transforman el fruto.

En Colombia, su situación es preocupante. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo ha catalogado como una especie en peligro, debido principalmente a la explotación de su madera y la pérdida de su hábitat, factores que han reducido significativamente sus poblaciones.

Esta situación llevó a que, en 2002, el Concejo de Bogotá lo declarara como árbol insignia de la ciudad mediante el Acuerdo 69, en un intento por generar conciencia sobre la necesidad de proteger y conservar esta especie.

¿Para qué sirve y por qué es tan importante protegerlo?

El valor del nogal andino no es solo ambiental, también es profundamente cultural. Para los pueblos muiscas, este árbol era sagrado y considerado uno de los pilares del mundo. Siglos después, ese significado sigue vigente con la declaración del Concejo de Bogotá.

Según menciona el Jardín Botánico de Bogotá, durante décadas, su madera fue altamente valorada por su dureza, lo que llevó a su uso intensivo en la fabricación de camas, muebles y otros objetos. Esta explotación es una de las principales razones de la disminución de sus poblaciones.

Sin embargo, su importancia va mucho más allá. Según la Fundación Red de Árboles, sus frutos no solo son comestibles, sino que también pueden utilizarse como tinte natural —capaz de manchar intensamente— y se les atribuyen propiedades medicinales.

En los ecosistemas, su papel es clave. Es común en bosques premontanos, montanos y nublados, donde contribuye al equilibrio natural. Proporciona alimento a distintas especies y se relaciona con fauna como la abeja Apis mellifera, además de servir como soporte para plantas como anturios y filodendros.

Al mismo tiempo, se trata de un árbol longevo que puede vivir más de 200 años y del que dependen múltiples formas de vida. Sus raíces mantienen relaciones con hongos que fortalecen el suelo y contribuyen al equilibrio del ecosistema. En conjunto, cumple una función esencial: sostener la biodiversidad que lo rodea.

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DIEGO ARMANDO CRUZ CORTES(25270)Hace 2 horas
Que creen un parque que este lleno solo de Nogales.
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