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¿Qué árboles dan más sombra y crecen rápido?

Estos son algunos árboles, en su mayoría nativos de Colombia, que pueden convertirse en grandes sombrillas naturales y ayudar a refrescar nuestros espacios.

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La  Huerta
11 de agosto de 2026 - 04:00 p. m.
Imagen de referencia de un samán.
Imagen de referencia de un samán.
Foto: Pixabay
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En medio de una ola de calor sin precedentes, la sombra de un árbol puede dejar de ser un simple alivio para convertirse en una necesidad. Basta caminar por una ciudad en un día de altas temperaturas para notar la diferencia: mientras algunas calles tienen árboles que forman verdaderos techos verdes y ofrecen un poco de frescura, otras quedan completamente expuestas al sol haciendo que el bochorno se sienta aún más.

El fenómeno de El Niño, que trae consigo temperaturas más altas y periodos de sequía en distintas regiones, también pone sobre la mesa la importancia de pensar mejor cómo diseñamos y cuidamos nuestros espacios verdes. Y es que en un escenario de calor extremo, el paisajismo bien planificado no solo tiene que ver con qué tan bonito se ve un jardín o un espacio público: elegir las especies adecuadas y distribuirlas estratégicamente puede ayudar a generar sombra, refrescar los espacios y hacer más llevaderas las altas temperaturas.

Y aquí los árboles tienen mucho que decir. Puesto que algunos pueden convertirse en grandes sombrillas naturales en pocos años y no solo ofrecer sombra, sino también ayudar a refrescar los espacios y hacer frente a las altas temperaturas.

Por eso, si lo que busca es sembrar un árbol que crezca rápido y dé buena sombra, estas son algunas especies que vale la pena conocer. ¿Lo mejor? La mayoría son nativas de Colombia, por lo que hacen parte de nuestros ecosistemas y están adaptadas a las condiciones de nuestros suelos y a la biodiversidad del país.

Samán

El samán (Samanea saman) es uno de los árboles que mejor representa la idea de una sombrilla natural. Según el Jardín Botánico Quinta de San Pedro, puede alcanzar hasta 30 metros de altura y desarrollar una copa amplia, que en algunos ejemplares supera los 40 metros de diámetro. Su follaje frondoso y extendido permite generar grandes zonas de sombra, por lo que es común encontrarlo en parques, haciendas, carreteras y otros espacios abiertos de las regiones tropicales.

De hecho, su enorme copa no solo lo convierte en un gran proveedor de sombra, también le ha dado un lugar especial en la vida de muchas comunidades. Según el Jardín Botánico Quinta de San Pedro, en Colombia es común encontrar samanes en las plazas principales, donde bajo sus ramas se han celebrado mercados, fiestas, matrimonios y encuentros cotidianos. De ahí que también se le conozca como “el árbol que convoca”.

Además de su valor paisajístico, es una especie nativa de la América tropical, incluida Colombia, y puede crecer en distintos tipos de suelo y condiciones climáticas. Sin embargo, hay un dato importante para este listado: su gran tamaño y copa hacen que necesite espacio suficiente para desarrollarse.

Ocobo

El ocobo (Tabebuia rosea) es un árbol caducifolio que puede superar los 25 metros de altura en condiciones naturales y se caracteriza por sus llamativas flores rosadas, lilas o magenta. Además de su valor ornamental, es una especie de crecimiento mediano a rápido, por lo que puede convertirse en una buena opción para aportar sombra en parques, avenidas y otros espacios abiertos.

Originario de buena parte de Centroamérica y el norte de Sudamérica, incluido Colombia, el ocobo se adapta a distintos tipos de suelo y crece desde el nivel del mar hasta unos 1.600 metros de altitud. Prefiere los climas cálidos, la buena disponibilidad de luz y los suelos húmedos y fértiles, aunque puede tolerar condiciones menos ideales. Su espectacular floración y su capacidad de crecer con relativa rapidez lo convierten en una especie muy utilizada en el paisajismo tropical.

Yarumo

El yarumo (Cecropia) es un género de árboles nativos de América tropical que puede alcanzar entre 5 y 30 metros de altura. Sus grandes hojas y ramas extendidas forman una copa amplia, similar a un paraguas, por lo que algunas de sus especies pueden ofrecer una buena cobertura de sombra. Además, es un árbol de crecimiento rápido, especialmente importante como especie pionera en la recuperación de terrenos degradados.

Más allá de su sombra, el yarumo cumple una función clave en los ecosistemas: sus frutos alimentan a aves, murciélagos, monos y otros animales, mientras que sus semillas ayudan a regenerar zonas intervenidas. Algunas especies, como el yarumo blanco o plateado, también son apreciadas en proyectos de arborización por el aspecto de sus hojas, que adquieren un característico tono plateado debido a los finos pelos que cubren su superficie inferior.

Cedro amarillo

El guachapele (Albizia guachapele), también conocido como iguá, nauno o cedro amarillo, es un árbol nativo de América tropical que puede alcanzar hasta 25 metros de altura y desarrollar una copa amplia, ideal para generar sombra. Su crecimiento medio y su capacidad para adaptarse a zonas secas y húmedas lo convierten en una especie utilizada en sistemas agroforestales, parques y proyectos de recuperación ambiental.

Además de ofrecer sombra, el guachapele cumple una función ecológica importante: como leguminosa, contribuye al enriquecimiento del suelo mediante la fijación de nitrógeno y proporciona alimento y refugio para la fauna. Prefiere lugares con buena iluminación y suelos con buen drenaje, y su copa puede superar los 14 metros de amplitud, por lo que necesita espacio suficiente para desarrollarse.

Totumo

En nuestra lista incluiremos un árbol pequeño pero también deseable para dar sombra: el totumo (Crescentia cujete). Este puede alcanzar entre 5 y 10 metros de altura y desarrollar una copa amplia y abierta. Es una especie nativa y destaca por su capacidad para resistir periodos prolongados de sequía, además de adaptarse a terrenos pedregosos y suelos pobres, características que le permiten prosperar en zonas cálidas y secas.

Aunque no es de los árboles más grandes de esta lista, sus ramas extendidas pueden proporcionar sombra y su resistencia lo convierte en una alternativa interesante para el paisajismo en climas secos. Además, tiene un enorme valor cultural: su fruto de cáscara leñosa, conocido como totuma, se ha utilizado desde tiempos precolombinos para fabricar recipientes, utensilios e instrumentos musicales.


Nogal

Como “ñapa” le traemos un árbol andino. Y es que el nogal (Juglans neotropica) es un árbol nativo que puede alcanzar entre 30 y 40 metros de altura y desarrollar una copa amplia. Aunque su crecimiento es lento, sus ramas extendidas pueden ofrecer una buena cobertura de sombra. En Bogotá tiene además un valor especial: en 2002 fue declarado árbol insignia de la ciudad, aunque actualmente es una especie amenazada por la pérdida de hábitat y la explotación de su madera.

Además de su importancia ecológica, el nogal andino tiene un fuerte vínculo cultural con el territorio. Sus frutos contienen la conocida nuez, mientras que el árbol proporciona alimento y refugio para distintas especies. Por su gran tamaño y crecimiento lento, es una especie que requiere espacio y tiempo para desarrollarse, pero que puede convertirse en un importante proveedor de sombra a largo plazo y más en ciudades de clima frío como Bogotá.

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