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¿Qué es el cerezo criollo y para qué sirve? El árbol común de Bogotá que pocos conocen

El cerezo criollo es una especie versátil que combina valor ecológico, nutricional y cultural.

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La  Huerta
13 de abril de 2026 - 03:30 p. m.
El cerezo criollo es una especie versátil que combina valor ecológico, nutricional y cultural, especialmente en los ecosistemas andinos donde ha sido parte de la vida cotidiana durante siglos.
El cerezo criollo es una especie versátil que combina valor ecológico, nutricional y cultural, especialmente en los ecosistemas andinos donde ha sido parte de la vida cotidiana durante siglos.
Foto: plantasflores.com
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En medio del concreto y el ruido de una ciudad como Bogotá, donde la naturaleza parece abrirse paso entre andenes y parques, existen especies que pasan desapercibidas pese a su enorme valor. Una de ellas es el cerezo criollo, o Prunus serotina, un árbol que no solo forma parte del paisaje urbano, sino también de una larga historia de usos alimenticios, medicinales y culturales en América.

A simple vista, podría confundirse con cualquier otro árbol ornamental, pero sus pequeños frutos oscuros esconden un potencial sorprendente: han sido utilizados durante siglos para preparar jaleas, bebidas e incluso vinos. Sin embargo, este mismo árbol encierra una dualidad fascinante, pues mientras su fruto es comestible y nutritivo, otras partes de la planta contienen compuestos que pueden resultar tóxicos si no se manejan adecuadamente.

¿Qué es el cerezo criollo?

Antes de continuar, conviene hacer una precisión: al hablar de “cerezo criollo” nos referimos a Prunus serotina ssp. capuli, conocido también como capulí o cerezo andino. Se trata de una subespecie de árbol frutal originaria de Mesoamérica, que ha sido cultivada y aprovechada en los Andes desde tiempos prehispánicos.

Hoy en día, su presencia se extiende por países como México, Ecuador, Colombia y Guatemala, donde ha sido ampliamente valorado no solo por sus frutos comestibles, sino también por sus usos culturales, alimenticios y medicinales, profundamente arraigados en las tradiciones locales.

En ciudades como Bogotá, este árbol forma parte del paisaje cotidiano. Según el Jardín Botánico de Bogotá, es frecuente en parques y avenidas gracias a su capacidad de adaptación, su tamaño medio (alrededor de 15 metros) y su longevidad, que puede alcanzar hasta los 80 años. Aunque a menudo pasa desapercibido, produce un fruto pequeño, de color rojo oscuro a púrpura, con un sabor dulce, ligeramente ácido y astringente, muy apreciado para el consumo fresco, así como en preparaciones como mermeladas, vinos y conservas.

Se trata de un árbol —o en algunos casos un arbusto— de copa amplia, ovoide y densa, que proyecta una sombra generosa. Sus hojas de borde aserrado, con un tono verde oscuro brillante. Durante la floración, produce abundantes flores pequeñas y blancas, dispuestas en racimos colgantes que pueden recordar, por su forma, a los del sauco.

Esta planta puede alcanzar entre 5 y 15 metros de altura, aunque en condiciones favorables llega a superar los 30 metros. Su tronco suele ser recto y alargado en entornos boscosos, mientras que en espacios abiertos tiende a ser más corto y robusto.

¿Para qué sirve?

El cerezo criollo es mucho más que un árbol ornamental: cumple funciones ecológicas clave y ofrece múltiples usos alimentarios, medicinales e incluso industriales. Según la Fundación Red de Árboles, en términos ambientales es una especie fundamental para la biodiversidad andina. Sus flores atraen polinizadores como la Apis mellifera (abeja) y los abejorros del género Bombus, mientras que sus frutos alimentan a diversas aves, entre ellas la Thraupis episcopus (azulejo común) y la Turdus fuscater (mirla). De esta manera, contribuye a sostener redes ecológicas en zonas urbanas y rurales de la región.

En el ámbito alimentario, su fruto es muy apreciado por su sabor agridulce. Puede consumirse fresco o transformarse en mermeladas, jaleas, bebidas y hasta preparaciones fermentadas. En algunos lugares, incluso se utiliza en recetas tradicionales como tamales o vinos artesanales. Además, sus semillas —una vez procesadas adecuadamente— contienen proteínas y aceites con potencial nutricional.

También tiene usos medicinales tradicionales. Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad del Gobierno de México, infusiones de hojas y corteza se han empleado como expectorantes, sedantes y digestivos, mientras que los jarabes elaborados con el fruto son conocidos por su uso en el alivio de la tos. Estas propiedades se asocian, en parte, a su contenido de compuestos antioxidantes.

En cuanto a su madera, es altamente valorada: de tonalidad rojiza y fácil de trabajar, se utiliza en carpintería, ebanistería y construcción rural. Asimismo, el aceite de sus semillas puede emplearse en la fabricación de jabones y pinturas.

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