El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Qué pasó con los jardines y fuentes de la Plaza de Bolívar de Bogotá?

Antes de convertirse en la plaza abierta que conocemos, la Plaza de Bolívar tuvo otra vida: fue un jardín en el corazón de Bogotá.

Plaza de Bolívar. 1866. Relación de un viaje. Academia Colombiana de Historia.
Foto: IDPC
PUBLICIDAD

Si usted se para hoy en la Plaza de Bolívar de Bogotá, probablemente lo último que espera encontrar son árboles. Pero no siempre fue así. Hubo un momento en que este lugar, uno de los más reconocibles del centro de la ciudad, tuvo jardines, vegetación y una apariencia muy distinta a la que conserva actualmente. Con el paso de los años, esos elementos fueron desapareciendo hasta dar paso a la plaza abierta que conocemos hoy.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta?

¿Qué pasó con los jardines de la Plaza de Bolívar? ¿Y qué dice su transformación sobre la manera en que Bogotá ha cambiado su relación con los parques, las plantas y los espacios públicos?

En La Huerta reconstruimos la historia de una de las plazas más importantes de Bogotá para descubrir cómo un lugar que hoy parece definido por el cemento alguna vez también tuvo árboles y jardines.

¿Cúal es la historia de la Plaza de Bolivar?

Mucho antes de que la Plaza de Bolívar llevara el nombre del Libertador y de que se convirtiera en uno de los lugares más reconocibles de Bogotá, este espacio era conocido como Plaza Mayor. Desde allí se organizó buena parte de la vida de la ciudad colonial: fue mercado, escenario de celebraciones, lugar de anuncios oficiales, espacio para impartir justicia e incluso circo de toros.

Su historia, sin embargo, no solo habla de los acontecimientos políticos que ocurrieron allí. También cuenta cómo Bogotá fue cambiando la manera de entender sus espacios públicos.

La plaza fue trazada en 1539, durante la fundación de Santafé, siguiendo el modelo urbano impuesto por la Corona española. Como explica profesor Félix Vargas, en su investigación doctoral en Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, la Plaza Mayor ocupaba un lugar central en la organización de las ciudades coloniales: desde allí se estructuraban las calles y se concentraban símbolos del poder político, religioso y judicial.

Pero la plaza también comenzó a transformarse a medida que cambiaban las necesidades de Bogotá. Uno de esos cambios ocurrió en el siglo XVI, cuando los habitantes comenzaron a reclamar una fuente de agua para la Plaza Mayor. En 1583, un grupo de vecinos solicitó a las autoridades la construcción de una fuente, en medio de los problemas de abastecimiento y contaminación que enfrentaba la ciudad.

La fuente no solo facilitó el acceso al agua. También modificó la manera en que las personas utilizaban la plaza. Allí comenzaron a coincidir vecinos, viajeros, criados y aguadores, convirtiendo el espacio en un punto de encuentro y conversación.

No ad for you

Hacia la década de 1770 se instaló una pila de agua de doble taza coronada por una estatua de San Juan Bautista Niño. La figura terminó dando origen a una expresión que todavía forma parte del habla bogotana: “irse a quejar al Mono de la Pila”.

Pero esa imagen cambiaría. El 20 de julio de 1846, durante la conmemoración de la Independencia, se inauguró la estatua de Simón Bolívar, obra del escultor italiano Pietro Tenerani, justamente en el lugar que había ocupado la pila. La figura religiosa dio paso a la representación de uno de los principales héroes de la naciente República y la antigua Plaza Mayor comenzó a ser conocida como Plaza de Bolívar.

No ad for you

Para Valentina Hidalgo Montoya, presidenta de la Sociedad Colombiana de Arquitectos Paisajistas (SAP) el cambio fue físico, pero también simbólico: el espacio pasó a representar a la República y al poder civil, sin perder su importancia como escenario de la vida pública de Bogotá.

¿Y dónde entran los jardines?

A lo largo de su historia, la plaza ha cambiado varias veces: hubo épocas en las que no tenía árboles ni jardines, otras en las que funcionó como un parque y, finalmente, volvió a convertirse en una plaza abierta y despejada. Y esos cambios no fueron casuales. Como explica Hidalgo , los parques, jardines y plazas se transforman de acuerdo con los valores, las necesidades y las ideas urbanas de cada época. Lo que una ciudad considera importante para su espacio público puede cambiar con el tiempo y, con ello, también cambia la manera en que se diseña y se habita.

No ad for you

Siguiendo con las transformaciones de la plaza, todavía faltaba uno de los cambios que más modificaría su paisaje: la llegada de los jardines. En 1843, el viajero francés Jean-Baptiste Boussingault describió la Plaza Mayor como un espacio muy grande, pero sin plantas, árboles ni jardines. Era una plaza abierta y árida.

La ciudad, sin embargo, también estaba cambiando. A finales del siglo XIX, Bogotá buscaba proyectarse como una ciudad moderna y sus élites tenían como referentes los modelos urbanos que conocían de Londres y París. Según Felipe Arias Escobar, historiador de Señal Memoria y autor de ¿Otra historia de Colombia?, fue en ese contexto cuando los parques, las alamedas y los jardines empezaron a ganar espacio en Bogotá. No solo eran lugares para caminar o descansar: también representaban una nueva forma de habitar la ciudad, de encontrarse con otros y, como señala Arias, de verse y ser visto.

No ad for you

La Plaza de Bolívar entró entonces en esa transformación. Desde la década de 1860 comenzaron a plantearse proyectos para convertirla en un parque. Uno de ellos, un boceto atribuido a Jorge Bunch y fechado en 1862, proponía rodear la estatua de Bolívar con árboles, caminos y cuadros de flores.

La idea se concretaría años después. En febrero de 1880, el ministro de Educación, Ricardo Becerra, encargó al jardinero Casiano Salcedo la construcción de un parque en la plaza. Así, el centro de la Plaza de Bolívar comenzó a transformarse en un jardín. El nuevo parque ocupó un área cuadrada alrededor de la estatua de Bolívar y tendría una imagen muy diferente de la que vemos hoy: caminos, árboles, flores, fuentes, bancos y una reja de hierro empezaron a formar parte del paisaje de uno de los lugares más importantes de Bogotá.

No ad for you

El resultado estaba muy lejos de la imagen actual. El parque estaba rodeado por una reja y atravesado por amplios caminos, con jardines de formas geométricas, árboles, flores, fuentes de bronce y bancos. En sus esquinas y costados se diseñaron diferentes composiciones de plantas, entre ellas los llamados tapetes, jardines ornamentales que formaban dibujos con especies de distintos colores.

Entre las especies que habían se encontraba las araucarias, palmas de cera, pinos, eucaliptos, cerezos, papayos, rosales, agapantos, sietecueros, amarrabollos y otras especies ornamentales. Algunas eran nativas y otras introducidas, en consonancia con ese gusto por los jardines europeos que marcó buena parte del urbanismo bogotano de la época.

No ad for you

Las fotografías y descripciones de finales del siglo XIX permiten imaginar aquella plaza de otra manera. El escritor Lisímaco Palau hablaba en 1894 de un parque con árboles, dos pilas de bronce y bancos de madera. También contaba que allí se realizaban conciertos los jueves. Era, literalmente, un parque en el corazón de la ciudad.

De jardín a plaza abierta

Pero aquel jardín tampoco sería permanente. Con el paso de los años, la Plaza de Bolívar volvió a cambiar de aspecto. Como documenta Claudia Cendales Paredes en La vida privada de los parques y jardines públicos. Bogotá, 1886-1938, en 1919 se retiró la reja que rodeaba el jardín, una de las primeras modificaciones de un espacio que comenzaría a perder poco a poco su configuración original.

No ad for you

La transformación continuó en las décadas siguientes. Entre 1927 y 1929 se instalaron cuatro fuentes de agua y se elevó el pedestal de la estatua de Bolívar. La plaza seguía conservando jardines y vegetación, pero su apariencia empezaba a cambiar: el monumento y las fuentes adquirían cada vez mayor protagonismo dentro del espacio.

La transformación más profunda llegaría décadas después. En 1959, la firma Martínez y Avendaño ganó el concurso para remodelar la plaza, con un diseño del arquitecto Fernando Martínez Sanabria. Las obras comenzaron en 1960 y eliminaron las fuentes y otros elementos que habían acompañado este espacio durante décadas.

No ad for you

El resultado fue una plaza abierta y despejada, con una gran superficie principalmente peatonal. La nueva configuración fue inaugurada el 16 de julio de 1961 y es, con algunas modificaciones, la que reconocemos hoy.

Para Hidalgo Montoya, todos estos cambios cuentan también la historia de lo que Bogotá quería ser en cada momento. Cuando se convirtió en jardín, la vegetación, los senderos y las flores ayudaban a construir una imagen de ciudad moderna, ordenada y cercana a los modelos urbanos que Bogotá buscaba seguir. Cuando el jardín dio paso a una plaza más austera y despejada, las prioridades eran otras: representar el poder y la historia nacional, facilitar los actos protocolarios y permitir grandes concentraciones en el corazón político del país.

No ad for you

La vegetación, que durante décadas había sido parte esencial del lugar, dejó de tener ese protagonismo. No porque hubiera dejado de existir, sino porque en ese momento la ciudad necesitaba que la plaza cumpliera otras funciones.

¿Podemos volver a tener arboles en la plaza de bolivar?

Hoy, las necesidades de Bogotá son distintas a las que tenía la ciudad cuando decidió convertir su antiguo jardín en una plaza abierta. El aumento de las temperaturas, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la necesidad de gestionar mejor el agua han vuelto a poner la naturaleza en el centro de las discusiones sobre cómo deben diseñarse los espacios públicos.

No ad for you

Y entonces aparece una pregunta que hace unas décadas habría parecido poco probable: ¿podría la Plaza de Bolívar volver a tener árboles?

Para Hidalgo, la respuesta no pasa simplemente por sembrarlos. Una intervención de este tipo tendría que considerar el carácter histórico del lugar, su relación con los edificios que la rodean y las actividades que allí se desarrollan. La plaza es escenario de actos oficiales, manifestaciones, celebraciones y encuentros ciudadanos, por lo que cualquier incorporación de vegetación tendría que dialogar con esas funciones.

No ad for you

"No se trata de devolver la plaza a un momento específico de su historia, sino de preguntarse qué puede aportar hoy la vegetación a un espacio que también tiene una historia y unas necesidades distintas", dijo la experta.

Eso podría significar pensar en árboles, pero también en otras formas de incorporar naturaleza: sombra, vegetación de menor escala, superficies permeables o soluciones que ayuden a regular la temperatura y el agua. El reto estaría en encontrar un equilibrio entre aquello que hace de la Plaza de Bolívar un lugar histórico y las condiciones ambientales que enfrenta una ciudad como Bogotá.

No ad for you

Después de todo, la plaza ya ha demostrado que no existe una única manera de habitarla.

🌳☘️🌿 Encuentre en La Huerta toda la información sobre plantas, jardinería, cultivos y siembra. ¿Tiene preguntas sobre sus plantas o quiere compartir su experiencia? Escríbanos a lbarbosa@elespectador.com, queremos leerlo. 🍂🌺🌼

Por Leidy Barbosa Ramírez

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales. leidyramirezb lbarbosa@elespectador.com
Ver todas las noticias
Leer más
Leer más