Cuando pensamos en una fresa, la imagen parece bastante clara: roja, dulce, jugosa y con esa forma gordita que la hace irresistible. Todo apunta a que estamos frente a una fruta. Pero la botánica tiene otros planes para esta pequeña protagonista.
Aunque en la cocina y en la vida cotidiana la llamamos fruta, técnicamente la fresa esconde una particularidad que puede cambiar por completo la forma en que la vemos. De hecho, esa parte roja y carnosa que tanto disfrutamos no es, desde el punto de vista botánico, el fruto verdadero.
¿Entonces qué es exactamente una fresa? ¿Y dónde está el verdadero fruto? Quédese, porque detrás de este alimento tan común hay una historia botánica mucho más curiosa de lo que parece.
¿Qué es la fresa?
La fresa sí es una fruta en el lenguaje cotidiano, pero cuando entramos en el mundo de la botánica, la historia cambia. La parte roja, carnosa y dulce que conocemos como fresa no es el fruto verdadero de la planta.
Para entender por qué, primero hay que tener claras dos palabras: fruto y pseudofruto.
1. ¿Qué es un fruto?
Según el Jardín Botánico de Nueva York, para la botánica, un fruto no se define por ser dulce, jugoso o comestible. Es una estructura que se desarrolla a partir del ovario maduro de una flor, generalmente después de la polinización y fecundación.
El ovario es la parte de la flor que contiene los óvulos, que posteriormente pueden convertirse en semillas. Por eso, una de las funciones principales del fruto es proteger esas semillas y ayudar a su dispersión.
De hecho, desde el punto de vista botánico, muchas cosas que llamamos verduras son en realidad frutos. El tomate, el pepino, la berenjena, la calabaza y la sandía, por ejemplo, se forman a partir del ovario de una flor.
2. Entonces, ¿qué es un pseudofruto?
Un pseudofruto, también llamado fruto accesorio, es una estructura que parece un fruto y que puede ser carnosa, dulce y comestible, pero cuya parte principal no se desarrolla a partir del ovario. En estos casos, otras estructuras de la flor participan en la formación de la parte que terminamos comiendo.
Ahora sí podemos volver a nuestra protagonista.
La parte roja que conocemos como fresa es, en realidad, un receptáculo floral engrosado, es decir, una estructura de la flor que se desarrolla y se vuelve carnosa después de la fecundación. Por eso, botánicamente se considera un fruto accesorio, frutos agregados o pseudofruto. Y aquí aparece uno de los detalles más curiosos: los pequeños puntitos amarillos que vemos alrededor de la superficie no son semillas, sino frutos individuales.
Cada uno de esos pequeños frutos contiene una semilla en su interior. Es decir, cuando usted mira una fresa, no está viendo un único fruto, sino una estructura carnosa que sostiene muchos frutos diminutos.
El receptáculo es la parte amarilla/verde que puede ver dentro de la flor:
¿Y cómo llega a formarse todo esto?
Según la Universidad de Vermont, todo comienza con un pequeño botón floral que, al desarrollarse, se abre hasta convertirse en una flor blanca de cinco pétalos. En el centro se encuentra el receptáculo floral, rodeado por numerosos estambres, encargados de producir el polen, y cientos de pistilos, las estructuras reproductivas femeninas.
Para que la fresa comience a formarse, el polen debe llegar hasta estos pistilos, un proceso en el que participan principalmente las abejas y otros insectos polinizadores, aunque el viento también puede contribuir.
Después de la fecundación, ocurre la transformación que hace particular a la fresa: es el receptáculo floral el que comienza a crecer y a engrosarse. A medida que acumula agua y azúcares, se vuelve cada vez más carnoso y adquiere poco a poco la forma de la fresa que conocemos. Mientras tanto, los pequeños ovarios fecundados se desarrollan en diminutos frutos secos llamados aquenios, que quedan distribuidos por toda la superficie del receptáculo.