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Al partir una papaya, lo primero que aparece en el centro es una cavidad llena de semillas negras, pequeñas y gelatinosas. Para muchos, son apenas una molestia antes de cortar la fruta. Sin embargo, esas semillas no necesariamente tienen que terminar en la basura.
La papaya, conocida científicamente como Carica papaya L., pertenece a la familia de las caricáceas. De acuerdo con Royal Botanic Gardens, es una especie originaria del sur de México y Venezuela, propia del bioma tropical húmedo, con distribución nativa en países como Colombia, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Venezuela.
Ese origen tropical ayuda a entender por qué es una fruta tan común en nuestras mesas, pero la duda aparece en la cocina: ¿qué hacer con esas semillas que casi siempre se desechan? La respuesta corta es que sí pueden comerse, aunque conviene entender cómo y para qué.
No son solo desecho
Las semillas de papaya pueden comerse cuando están secas o fermentadas, y también se usan como ingrediente alimentario. Además, han sido descritas como fuente de proteínas, lípidos y fibra cruda, según la revista científica Separations, que analizó extractos de estas semillas e identificó compuestos como glucotropaeolina, ácido 4-hidroxibenzoico y triptófano.
Eso no significa que haya que comerlas por cucharadas ni convertirlas en suplemento. Para una cocina casera, el dato importante es que las semillas pueden verse como un ingrediente posible.
También hay investigaciones que las miran desde el aprovechamiento agroindustrial. El procesamiento de frutas genera residuos como cáscaras y semillas, y en el caso de la papaya estos subproductos pueden tener valor para recuperar compuestos fenólicos.
Así lo plantea un estudio publicado en Journal of Food Science and Technology, una revista científica sobre alimentos. Allí las semillas fueron estudiadas como residuo agroindustrial con posibles usos en industrias como la alimentaria, farmacéutica y cosmética.
¿Cómo usar semillas de papaya en la cocina?
Las semillas de papaya tienen un sabor picante, pueden secarse, molerse en mortero y usarse de forma similar a la pimienta.
Ese es el camino más sencillo. No se trata de comerlas solas, sino de usarlas en poca cantidad para dar carácter a una preparación. Su sabor puede funcionar mejor en mezclas ácidas, ensaladas, vinagretas o salsas.
Algunas formas prácticas de aprovecharlas son:
- Lavarlas y secarlas antes de molerlas.
- Triturarlas en mortero y usarlas como condimento.
- Incorporarlas en vinagretas o salsas.
- Picarlas y mezclarlas con limón, mostaza, hierbas y aceite.
- Probarlas primero en poca cantidad, porque su sabor es intenso.
En cocina hay ejemplos concretos. El medio gastronómico Epicurious incluye las semillas en recetas de salsas para ensaladas. Para realizarla se usan tres cucharadas de semillas y se procesan con vinagre, aceite, mostaza, cebolla, sal y azúcar hasta que toman una consistencia parecida a la pimienta molida.
En otra receta, se propone raspar las semillas de una papaya firme y madura, picar dos cucharadas y mezclarlas con jengibre, cebolla, estragón, ajo, mostaza, jugo de limón, sal, pimienta y aceite. La salsa se sirve con lechuga y tajadas de papaya.
También vale poner un límite. En redes sociales se han popularizado ideas que presentan las semillas de papaya como una forma de “desparasitar”. Cleveland Clinic, un centro médico académico de Estados Unidos, advierte que los estudios disponibles son pequeños y no deben tomarse como una recomendación sin investigaciones más amplias y controladas.
La conclusión es sencilla. Si la pregunta es si se comen o se botan, la respuesta es que pueden aprovecharse. Lo que no conviene es venderlas como remedio ni prometer beneficios que no están demostrados para el consumo cotidiano.
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