La pasión

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“Pasión” es una palabra femenina, que se traduce en un sentimiento capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón. La pasión se aplica en el fútbol en todos los ámbitos, aunque la más explícita es cuando el aficionado o el hincha comienzan por enfundarse la camiseta de su equipo y es como una coraza, que le permite expresar en un estadio su alegría, su dolor, vociferar o cantar. Se exige también que los jugadores trasladen su pasión particular a lo que hacen. Además, los están observando más personas de las que supuestamente entrarán al estadio.

Por eso, viendo los primeros juegos pos-COVID-19 y sin público en la Bundesliga, se deduce el enorme valor que un aficionado pone en el rubro de la pasión. Por ello siempre se valora el hecho de ser local, porque el hincha estimula, así sea reprochando a sus jugadores. Y estos deben responder.

En ocasiones se palpa que grupos numerosos, jóvenes especialmente, en los partidos se distraen del desarrollo del mismo mientras saltan, agitan banderas y cantan. Solo sienten recompensa en el momento de un gol. Con que su equipo corra, luche y dispute cada balón con ahínco es suficiente recompensa.

En síntesis, la pasión es uno de los factores más importantes en el fútbol del mundo. Si no hay público en las graderías, con más razón los futbolistas deben aportar pasión en sus acciones. Pasión y gusto por jugar.

Quiero recordar, y seguramente Carlos Queiroz lo sepa, que el entrenador portugués Armando Martins regañó a Pedroto, porque este eludió a varios rivales, incluyendo al arquero, pero antes de meter el gol de taquito, se alisó el pelo, se adornó y anotó. Entonces cuando todos celebraban la jugada y el desenlace, Martins le dijo al jugador: “Un futbolista debe jugar para su equipo y no para la tribuna”. Hubiese gozado ese técnico por estos días, porque después del gol, no hay aficionado aplaudiendo ni vitoreando el nombre del goleador.

Ahora bien, de actualidad y de cara al fútbol colombiano, alcaldes como el de Cali y tres del Eje Cafetero quieren que el torneo reinicie actividades. Se han ofrecido para ser anfitriones. Pero los costos (treinta personas por equipo) de alojamiento, desplazamientos, ternas arbitrales, servicios médicos, servicios de policía y demás demandan gastos enormes. Ahí viene las preguntas: ¿quién pagará? y ¿de dónde saldrá el billete? No tendría presentación que los municipios desvíen recursos para cubrir la realización del evento que duraría cincuenta días al menos. Una cosa son las ganas, la pasión, y otra bien distinta el lápiz para que las cuentas sean claras y el chocolate espeso.

 

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