Por: Catalina Uribe Rincón

La pesadilla de la burocracia colombiana

Antes de que iniciara la pandemia, una amiga tuvo su bebé por cesárea. Lo primero que hizo cuando le dieron de alta fue llamar a Salud Total para afiliar al recién nacido a su EPS. Según la entidad de salud, ella tenía que ir personalmente para hacer el procedimiento. Mi amiga, con toda la razón, argumentó que estaba incapacitada; el dolor no la dejaba moverse. La respuesta no cambió: “Le toca desplazarse e ir personalmente para afiliar al bebé”.

Otra amiga me contó que cuando pasó de cotizar como independiente a cotizar como empleada, por un error de la EPS, se le atribuyó una mora de un mes. Cada vez que llamaba y explicaba que el mes que le cobraban de mora ya había sido pagado por el empleador, le decían: “Tiene razón, debe acercarse personalmente al área de cartera y explicar la situación para que le levanten la mora”. Pero mi amiga tiene un trabajo de tiempo completo en Bogotá. Sus responsabilidades laborales simplemente no le daban para tomarse el día libre e irse de excursión “al área de cartera”.

Pero ahí no paran las historias. Un colega me contó la pesadilla que fue afiliar a la empleada doméstica a Aliansalud y Compensar. La EPS le exigía ir personalmente a llenar y radicar los formularios, y la caja de compensación no daba respuesta de confirmación después de dos meses de haber hecho la aplicación en línea. Todo esto, por supuesto, retrasó el proceso de contratación y perjudicó a la empleada y al empleador.

Mágicamente, cuando empezó la cuarentena, varios de esos procedimientos que antes eran “absolutamente necesarios” se volvieron flexibles. Después de un año de estar en supuesta mora con la EPS, mi amiga llamó y le dijeron que escribiera una carta, la firmara, escaneara y enviara por correo electrónico. Ahí mismo recibió un correo de confirmación de que la mora había sido levantada. ¿Cuál era la necesidad de creer que esta vuelta se debía hacer en persona? ¿Tendrá que ver con esa idea muy colombiana de que si la cosa no es sufrida no vale?

Originalmente se creía que la burocracia era una forma de organizar y sistematizar los procesos, lograr eficiencia y eliminar las “roscas”. Pero hoy en día, en países como Colombia, es sobre todo un discurso con el que miles de funcionarios buscan justificar su puesto, poniéndoles más trabas a los usuarios. El discurso que impera es el de afianzar procedimientos innecesarios, algunos contrarios al sentido común, y se pierde la idea de que los funcionarios hacen parte de las instituciones en un proceso de cocreación para proponer y facilitar procedimientos.

La culpa, claro, no es sólo de los funcionarios. La cocreación supone trabajo en equipo e igualdad, pero la idea del “jefecito” nos tiene estancados. Los empleados se ven obligados a responder a imagen y semejanza de sus superiores, y si hay algo que les encanta a algunos es privilegiar la “lealtad” (que es en realidad zalamería) y el “compromiso” (que es en realidad calentada de silla) sobre soluciones nuevas y creativas que se traduzcan en productividad.

Otra cosa: la productividad cuesta porque la tecnología y la educación cuestan. Pero las inversiones no son gastos, algo que vale la pena recordar ahora que se pondrán más de moda los discursos de “austeridad”. Si las filas siguen siendo eternas y la innovación de los colombianos se ahoga en las “vueltas”, de la austeridad no nos van a quedar ahorros sino pobreza.

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2020-05-22T18:41:41-05:00

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2020-05-23T03:02:33-05:00

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