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Colombia ya estaba lista para irse a casa. Tenía buzo nuevo, todo preparado y una historia que, por fin, parecía cambiar de rumbo. Pero lo que debía ser el inicio de una nueva vida terminó en otro golpe. Cuando llegaron a la puerta de quienes la iban a adoptar, simplemente no hubo respuesta. “No abrieron y nos bloquearon”, contó la rescatista en un video publicado en redes sociales.
La escena dejó más que frustración. Según relata, Colombia volvió a vivir el abandono por segunda vez. La primera ocurrió cuando fue dejada a su suerte en la calle. La segunda, justo cuando creía que había encontrado una familia.
Su historia, sin embargo, empezó incluso antes de ese momento. Colombia fue rescatada cuando estaba a punto de ser atropellada por un camión. Desde entonces, la intención fue, darle una nueva oportunidad, no exponerla otra vez al rechazo.
Quienes hoy la cuidan no esconden la indignación. Aseguran que no se trata solo de un incumplimiento, sino de una falta de empatía con un animal que ya ha pasado por situaciones difíciles. Aun así, el mensaje no se queda en la queja. La prioridad sigue siendo encontrarle un hogar.
Colombia tiene entre dos y tres años, aunque sus canas puedan confundir. Es descrita como una perrita juguetona, cariñosa y muy sociable. Le gusta compartir con otros perros, con gatos y también disfruta la cercanía con las personas. Es de las que buscan contacto, abrazos y momentos tranquilos en compañía.
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A pesar de esas cualidades, ha recibido pocas solicitudes de adopción. Un contraste que llama la atención de quienes han seguido su caso, especialmente al ver su comportamiento y su facilidad para adaptarse.
La búsqueda ahora apunta a una familia comprometida, que entienda lo que implica adoptar y que esté dispuesta a ofrecerle estabilidad. Puede ser hija única o convivir con otros animales, ya que su carácter facilita la integración.
Desde la publicación también hacen un llamado a compartir su historia. La idea es ampliar las posibilidades de que llegue a las manos correctas. “Si no puedes adoptarla, dile a alguien más”, mencionan, insistiendo en que cada difusión cuenta.
El proceso de adopción, explican, incluye entrevista y verificación de condiciones, como parte de un filtro que busca evitar que casos como este se repitan.
Historias como la de Colombia vuelven a poner sobre la mesa una realidad que se repite más de lo que debería. Adoptar no es un impulso, es una decisión que implica responsabilidad y compromiso.
Mientras tanto, ella sigue esperando. Esta vez, por alguien que sí se quede.
Las personas interesadas en adoptar o brindar apoyo pueden comunicarse a través de las redes sociales @larrotica.
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