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Durante cuatro días, veterinarios, voluntarios y rescatistas recorrieron algunos de los sectores más vulnerables de Santa Marta con el objetivo de reducir la sobrepoblación de perros y gatos que cada año alimenta las cifras de abandono animal en la ciudad.
La Fundación Por Amor a Rocky llegó a la capital del Magdalena para realizar una jornada masiva de esterilización que inicialmente buscaba intervenir 600 animales. Al finalizar, la cifra superó las expectativas y fueron 620 perros y gatos esterilizados.
Detrás de ese número hay más que cirugías. Hay voluntarios que trabajan jornadas de más de 14 horas, rescatistas que llegaron con decenas de animales, veterinarios que operaron sin descanso y una realidad que quedó al descubierto: la sobrepoblación animal sigue siendo una de las principales problemáticas de bienestar animal en varios sectores de Santa Marta.
El Espectador acompañó esta jornada para conocer cómo funciona una esterilización masiva y por qué quienes trabajan en protección animal insisten en que esta sigue siendo una de las herramientas más importantes para reducir el sufrimiento de miles de perros y gatos en Colombia.
Cuatro días para intentar frenar una crisis que sigue creciendo
A las cinco de la mañana sonaba el despertador. Todavía era de noche en Santa Marta, pero en pocas horas el calor sería sofocante y decenas de personas comenzarían a llegar al barrio Colinas del Río con perros y gatos en brazos. Muchos habían madrugado desde antes del amanecer para asegurar un turno en una jornada de esterilización que representaba una oportunidad difícil de encontrar para cientos de familias de bajos recursos.
La escena resultaba tan impactante como esperanzadora. Mientras las filas crecían, hombres, mujeres y rescatistas esperaban para acceder a una cirugía completamente gratuita. No era una actividad financiada por la administración local ni un programa estatal. Cada cirugía era posible gracias a donaciones de ciudadanos que decidieron aportar para evitar que más animales terminaran abandonados en las calles.
Mientras algunos voluntarios organizaban el registro de los pacientes, otros descargaban mesas, medicamentos, instrumental quirúrgico, fajas postoperatorias y otros insumos necesarios para atender a los animales.
La operación funciona como un engranaje perfectamente coordinado. Por un lado están los médicos veterinarios, cirujanos y anestesiólogos encargados de las intervenciones. Por otro, los voluntarios que reciben a cada animal, verifican sus datos, explican los cuidados posteriores y acompañan la recuperación.
En una zona aparte se instala el área de posoperatorio. Allí los perros y gatos despiertan lentamente de la anestesia mientras reciben hidratación y monitoreo constante. También es el lugar donde muchos aprovechan para realizar cuidados básicos adicionales como cortar uñas, retirar garrapatas, limpiar heridas o revisar animales que presentan señales de enfermedad.
El primer día terminó convirtiéndose en una verdadera maratón. Las cirugías comenzaron alrededor de las siete y media de la mañana y finalizaron cerca de las nueve y media de la noche. En total fueron esterilizados cerca de 230 animales en una sola jornada.
El cansancio era evidente, pero también la satisfacción de saber que cada cirugía representa decenas de nacimientos que nunca ocurrirán y, potencialmente, cientos de vidas que evitarán el abandono, el hambre y la enfermedad.
Más allá de las esterilizaciones: historias de abandono y enfermedad
Aunque la meta principal era esterilizar, la realidad de los animales en Santa Marta apareció constantemente durante el recorrido.
A lo largo de los cuatro días llegaron perros y gatos en condiciones preocupantes. Algunos tenían tumores de gran tamaño. Otros presentaban signos evidentes de enfermedades infecciosas, desnutrición o abandono prolongado.
Uno de los casos más difíciles fue el de una perrita que llegó convulsionando debido a complicaciones asociadas al moquillo. El equipo veterinario hizo todo lo posible por estabilizarla, pero su estado era irreversible y finalmente tuvo que ser sometida a eutanasia humanitaria para evitarle más sufrimiento.
Otro caso fue el de una perra con tumores mamarios avanzados. Fue hospitalizada y recibió atención médica, pero tampoco logró sobrevivir. Historias como estas impactaron emocionalmente a quienes participaron en la jornada.
“Ha sido bastante retador, agotador y triste ver cómo tantos animales sufren. Independientemente de que tengan un hogar, muchos no están en las condiciones ideales. Sin embargo, es muy satisfactorio saber que cumplimos con más de la meta”, contó Juanita Morales, voluntaria de la fundación.
La esterilización no solo evita nacimientos. También funciona como una herramienta de salud pública y bienestar animal. Por eso, para organizaciones protectoras, esterilizar representa una de las formas más efectivas de reducir el abandono animal.
“Una sola gata puede traer hasta 20 bebés en tan solo un año. Una perra puede tener más de 10. Imaginen esa reproducción sin esterilización. Nos llegaron perritas abuelitas de 10 y 12 años que todavía estaban teniendo crías. Esterilizar es la mejor forma de ayudar a los animales”, explicó Sheryl Saiz, directora de la Fundación Por Amor a Rocky.
Las mujeres que rescatan animales en silencio
Uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue el papel de las rescatistas y proteccionistas locales. Durante los cuatro días llegaron mujeres cargando cajas de transporte, costales y guacales llenos de animales.
Muchas de ellas trabajan solas. Rescatan perros y gatos de las calles, consiguen alimento como pueden, buscan atención veterinaria y, cuando se presenta una oportunidad como esta, recorren barrios enteros capturando animales para llevarlos a esterilizar.
Algunas llegaron con más de 20 animales. Otras con 30 o incluso 40. Después de la cirugía, ellas mismas se encargan del postoperatorio y del cuidado necesario antes de devolverlos a sus territorios o intentar encontrarles un hogar. Su trabajo rara vez recibe reconocimiento público, pero fue fundamental para alcanzar la meta.
También gracias a ellas fue posible identificar sectores donde la problemática es especialmente grave y donde las esterilizaciones siguen siendo insuficientes frente al volumen de animales que viven en las calles.
Mientras las cirugías avanzaban, otra parte del equipo recorría algunos sectores vulnerables entregando alimento para perros y gatos en condición de calle. Gracias a donaciones de concentrado realizadas por empresas privadas, decenas de animales pudieron recibir comida durante esos días. Las caminatas atravesaban calles sin pavimentar, caminos de tierra y barrios donde el abandono animal parece formar parte del paisaje cotidiano. En muchos casos era imposible saber cuándo había sido la última vez que esos perros o gatos habían comido.
Al finalizar la jornada, el balance superó todas las expectativas: 620 animales esterilizados en cuatro días. Para Angélica González, voluntaria de la fundación, el esfuerzo valió la pena. “Fueron días bastante retadores. Estamos agotados, pero nos vamos con el corazón lleno y con la satisfacción del deber cumplido. Gracias a esto muchos animales no van a venir a este mundo a conocer el sufrimiento y el abandono”, afirma.
Natalia Parrado, otra de las participantes, coincide en que el resultado demuestra el impacto que pueden tener este tipo de iniciativas cuando reciben apoyo ciudadano.
“Logramos muchas más esterilizaciones de las que se tenían pronosticadas. Es gracias a las personas que apoyan la fundación, ya sea con donaciones o viniendo a ayudar, que se pueden cumplir estos objetivos”, señala.
Sin embargo, la misión está lejos de terminar. A pesar de haber superado la meta inicial, los recursos no alcanzaron para todos los animales que llegaron. Algunos tuvieron que ser devueltos porque ya no había presupuesto para cubrir más procedimientos.
Por eso, desde la fundación insisten en que Santa Marta necesita más jornadas de esterilización y una mayor articulación para enfrentar una problemática que sigue creciendo.
Cuando el último animal abandona el área de recuperación y los voluntarios comienzan a recoger mesas, medicamentos y equipos, el cansancio es imposible de ocultar.
Son cuatro días de madrugar, de trabajar bajo temperaturas extremas y enfrentar historias difíciles. Pero también son cuatro días que dejan una certeza compartida entre todos los que participan: esterilizar salva vidas.
No porque resuelva todos los problemas de inmediato, sino porque evita que miles de perros y gatos nazcan para enfrentar el abandono, el hambre, las enfermedades y el maltrato que todavía persisten en muchas calles del país.
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