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La dieta BARF —siglas de Biologically Appropriate Raw Food o alimentación cruda biológicamente apropiada— es una alternativa al concentrado, y la utilizan quienes buscan ofrecer a sus perros y gatos una alimentación más parecida a la que consumirían en estado natural. Está basada en ingredientes sin cocción: carnes, huesos carnosos, vísceras, frutas, verduras trituradas y suplementos nutricionales dosificados.
Una investigación desarrollada por Katheryne Serrano, del Programa de Medicina Veterinaria en la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA), en Bogotá, y publicaciones especializadas sobre el tema coinciden en que la dieta BARF puede ser beneficiosa, siempre y cuando esté bien formulada y supervisada por profesionales.
¿En qué consiste la dieta BARF?
La alimentación cruda no está compuesta solo por carne magra, sino que incluye una alta proporción de huesos carnosos —es decir, carne adherida al hueso— y se complementa con vísceras, frutas, verduras, huevos, aceites saludables y, en algunos casos, productos fermentados naturales como el yogur.
La investigación señala que la proporción de estos alimentos debe ajustarse para cubrir los requerimientos de proteína, grasas, vitaminas y minerales sin provocar carencias o excesos en la mascota. Pero la cantidad de alimento diario varía dependiendo de la etapa de vida, el tamaño, la raza y el nivel de actividad.
Veamos:
- En cachorros: requieren una mayor cantidad de alimento proporcional a su peso, debido al rápido crecimiento y a su alto gasto energético. Las raciones suelen dividirse en varias comidas al día.
- En perros adultos las porciones disminuyen respecto a la etapa inicial, también adaptándose a la actividad física y al peso ideal de cada uno.
- En perros en etapa de vejez, como su metabolismo se ralentiza, la cantidad diaria debe reducirse. Hay que priorizar el aporte adecuado de minerales y proteínas sin sobrecargar el organismo.
En el caso de los gatos, el consumo diario suele ser un porcentaje mayor respecto a su peso que en los perros, aunque también debe adaptarse a la edad.
Los beneficios de la dieta BARF
Hay una digestión más ligera y un mejor aprovechamiento de los nutrientes y, además, las heces tienen menos olor y menor volumen. También hay muchos casos en donde aparece un pelaje más fuerte y brillante, mayor nivel de energía y un mejor control del peso, especialmente en mascotas con tendencia al sobrepeso. Por otro lado, la masticación de huesos carnosos contribuye al cuidado dental de las mascotas porque ayuda a disminuir la acumulación de placa.
Pero lo mejor es la posibilidad de ajustar la dieta a las necesidades de cada animal: las raciones van de acuerdo a los casos de problemas digestivos, de piel, urinarios, metabólicos o alergias. Siempre con el acompañamiento de un profesional veterinario.
¿Hay riesgos en la dieta BARF?
Ahora, si bien la dieta puede aportar varios beneficios, preparar las porciones requiere de tiempo y una buena planeación: hay que pesar los ingredientes, calcular vitaminas y minerales, asegurar que haya variedad en la dieta y evitar el uso exclusivo (y excesivo) de carne magra porque podría generar déficits nutricionales.
ZooPlus Magazine recomienda informarse sobre los tipos de carne y vísceras, ya que no todas son seguras para un consumo diario en mascotas. Algunas deben ofrecerse solo de manera ocasional, y ciertos alimentos pueden resultar tóxicos tanto para los perros como para los gatos.
Adicionalmente, las investigaciones que mencionamos aseguran que la manipulación de alimentos crudos exige medidas de higiene muy estrictas; a diferencia del concentrado, estos productos de la dieta no pasan por procesos térmicos de pasteurización, y eso aumenta el riesgo de contaminación bacteriana si no se congelan, almacenan y preparan correctamente.
Número dos: el costo. Aunque esto no es un riesgo, adquirir carne de buena calidad y suplementos representa una inversión más alta frente a los alimentos que son industrializados. Además, los expertos coinciden en que realizar una transición abrupta desde el concentrado puede provocar trastornos digestivos. Por eso, si se quiere optar por esa dieta, el cambio debe hacerse de forma progresiva.
Cada caso debe evaluarse individualmente, teniendo en cuenta la condición de salud, el entorno en el que vive la mascota y que los dueños puedan sostener una preparación responsable y unas prácticas sanitarias rigurosas. Indiscutiblemente debe haber un acompañamiento profesional antes, durante y después de tomar la decisión.
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