Zeus fue llevado a una peluquería canina en Medellín para un baño y corte de rutina, pero murió tras sufrir quemaduras provocadas por un secador. Horus, por su parte, estaba en su guardería en Tuluá, cuando fue atacado por otros perros, la atención incorrecta de sus heridas agravó su estado y terminó costándole la vida. Nala también sufrió un destino fatal: ingresó a una peluquería para un corte, pero, horas después, se la entregarían a sus tutores sin vida, en lo que se sospecha que fue un caso de asfixia. Kiara, en cambio, nunca volvió a casa. Se perdió de la guardería donde fue dejada y, a pesar de la búsqueda incansable de su tutor, quien movilizó a cientos de personas y medios de comunicación por todo el país, su paradero sigue siendo desconocido y nadie ha dado explicaciones.
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Zeus, Horus, Nala y Kiara son hoy símbolos de los muchos animales de compañía que han sido víctimas de negligencia e irresponsabilidad en establecimientos que, en teoría, existen para su cuidado y bienestar. Y frente a tragedias como estas, surge una pregunta inevitable: ¿quién responde?
Hasta el 25 de abril de 2025, la respuesta era desalentadora: en Colombia no existía una regulación específica para la operación de servicios de cuidado animal. Sin embargo, esta realidad comenzó a cambiar con la aprobación de la Ley Kiara, una legislación que busca llenar ese vacío legislativo.
¿De qué trata la Ley Kiara?
La Ley Kiara es un proyecto impulsado por la senadora Andrea Padilla, cuyo objetivo es establecer las condiciones que deben cumplir quienes prestan servicios de cuidado para animales de compañía en Colombia. Esto incluye guarderías, hoteles, centros de adiestramiento, peluquerías, grooming, spas, paseadores de perros y otros servicios similares.
Esta legislación, no solo busca garantizar el bienestar de los animales, sino también proteger los derechos de los tutores, quienes, aparte de enfrentarse a la perdida de su mascota, no tenían herramientas para exigir justicia. Camilo Jaramillo, dueño de Kiara, vivió en carne propia esa impotencia.
En conversación con El Espectador, Jaramillo recordó el momento en que se enteró de que su mascota, con la que había convivido ocho años, no aparecía y nadie daba una explicación sobre cómo o por qué había salido de un lugar donde, se suponía, debía estar segura: “Fue un proceso muy doloroso, porque es una desaparición. Toqué las puertas de todas las autoridades. Todos me querían ayudar, todos me recibieron, pero no tenían esa herramienta para decirme: ‘tranquilo, este es el camino’”, relató.
Frente a esa falta de respuestas y soluciones, Jaramillo decidió actuar. Difundió el caso en redes sociales, contactó medios de comunicación, organizó brigadas de búsqueda y logró que su historia llegara a cientos de personas en todo el país. Fue ese “ruido” lo que no solo visibilizó el vacío legal existente, sino que permitió que muchas otras personas se animaran a contar sus propias experiencias de negligencia y maltrato en este tipo de establecimientos, tales como el Zeus, Horus y Nala.
“A mí me llegaron muchos más casos”, recuerda. Así fue como llegó a la senadora Andrea Padilla, con quien colaboró para impulsar un proyecto que transformara esa tragedia en una herramienta de protección para otros animales y sus familias.
¿Qué cambios trae la Ley Kiara?
Voces del sector: apoyos y cuestionamientos
La aprobación de esta legislación representa un avance importante en la protección animal en Colombia, sumándose a otras normativas recientes como la Ley Ángel, la Ley Lorenzo y la ley que prohíbe el embargo de animales de compañía. Dentro del sector veterinario, la recepción ha sido mayoritariamente positiva, especialmente por el potencial de esta ley para contribuir al bienestar integral de los animales.
“He visto problemas frecuentes en el manejo de estos establecimientos que derivan en afecciones en la piel, conductas repetitivas o problemas digestivos causados por el estrés”, señala Fredy Manrique, médico veterinario. Desde su perspectiva, esta nueva legislación podría reducir estos casos y evitar que las mascotas se sometan a situaciones que les generen un problema de comportamiento o de salud.
Sin embargo, la norma también ha generado inquietudes entre algunos prestadores de servicios. Cristian Villamizar, propietario de Dog Garden, apoya la iniciativa, pero advierte sobre los desafíos que implicará su implementación: “Nos alegra la expectativa de ver nuestro buen trabajo reflejado en una normativa”, afirma. Pero, añade que la norma podría generar una situación desigual: “Lo que podemos terminar viendo es que el servicio debidamente regulado incremente de precio para poder cumplir con las normativas, mientras que el servicio informal seguirá causando los problemas que llegaron a la creación de la ley en primer lugar”.
A pesar de las dudas y los retos, muchos coinciden en que se trata de un paso necesario hacia la construcción de un sistema de cuidado más justo, profesional y seguro para los animales de compañía y sus familias humanas.
Zeus, Horus, Nala y Kiara no pueden ser olvidados. Sus historias hoy se transforman en una esperanza de protección para otros animales de compañía. La Ley Kiara no podrá devolverles la vida ni borrar el sufrimiento de sus familias, pero sí representa un primer paso para que tragedias como las suyas no se repitan.
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