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Esta es de esas historias que uno nunca se imagina que sucedan. Nicole Grimes tenía 10 años cuando Chloe, una mezcla de pomerania y poodle, llegó a su vida para hacerla mejor. Rápidamente, las dos se volvieron mejores amigas. Nicole recuerda que siempre estaba al lado de Chloe, jugaban y hasta dormían juntas.
Chloe fue un regalo de su abuela, Jane Cecil. Ella no quería que Nicole estuviera sola en casa y por eso pensó en adoptar un animal. “Fue la mejor decisión que tomó mi abuela”, dice.
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Sin embargo, todo cambió cuando Nicole cumplió 14 años. Su padre, Mark Bush, consiguió un trabajo remoto desde casa y, según él, el animal era demasiado ruidoso y no le permitía concentrarse. A pesar de las súplicas de su hija, él decidió darla en adopción y la entregó a la Sociedad Humanitaria del Área de Washington, en Estados Unidos. Nunca volvieron a saber de la mascota.
“Mi papá me recogió en la escuela y Chloe estaba en el auto. Sabía que ese día llegaría porque él había estado diciendo que teníamos que hacerlo. Recuerdo que estaba muy triste y mi estómago estaba nervioso al llevarla allí ese día”, cuenta la mujer al medio Observer-Reporter.
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Nicole Grimes nunca olvidó a su mejor amiga: siempre se preguntó qué había pasado con ella, si había encontrado una buena familia o si ya no estaba en este mundo. Un día estaba navegando en Facebook y vio la publicación de una amiga que estaba dando en adopción a una hermosa y anciana perra, que, al igual que su anterior mascota, se llamaba Chloe. En ese momento pensó que era una señal y debía adoptar a esa perrita para darle una buena vida. “Se parecía mucho a mi cachorro cuando era pequeño. Entonces, por capricho, dije: ‘La llevaré’”, afirma a Observer-Reporter.
Cuando Nicole se reunió por primera vez con Chloe sintió que ya la conocía: la perrita se le acercó en seguida, empezó a lamerle la cara y no se quería separarse de su lado. Por un momento, llegó a pensar que era la mascota que había perdido de niña. Sin embargo, su familia le dijo que eso era imposible.
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Un reencuentro muy esperado
Las sospechas de Nicole seguían aumentando con el paso del tiempo. Esta perrita tenía la misma personalidad y un gran parecido con su Chloe, por eso, y sin decirle a nadie, llamó a la Sociedad Humanitaria del Área de Washington y pidió el número del chip que tenía su mascota cuando fue entregada. Una vez obtuvo el número, fue al Servicio Veterinario Clover Farm, en Richeyville, y sus sospechas terminaron siendo ciertas. Un veterinario leyó el chip y era el mismo número que tenía Chloe: 024 099 811.
“¿Cuáles son las probabilidades? Sabía que iba a ser ella, simplemente lo sabía. Sentí que me había ganado la lotería. Ese fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Simplemente, nunca pensé que la volvería a ver. Es como si una parte de mi infancia volviera”, afirma la joven mujer a Observer-Reporter.
Nicole y su madre, Michelle Bush, creen que este reencuentro fue una señal por parte de su abuela. “Ella realmente amaba a este perro. Fue un regalo especial para mí”.
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Nicole, una vez supo la noticia, pidió información sobre la anterior vida de Chloe. Se enteró de que, cuando fue abandonada en el refugio, una pareja de ancianos la adoptó y vivió con ellos muchos años hasta que, lamentablemente, fallecieron. Ahí fue cuando la conocida de Nicole, que también era amiga de la pareja de ancianos, publicó la historia en Facebook.
Esta historia se hizo viral en 2018, sin embargo, se ha vuelto a mover en redes sociales en los últimos días. Incluso, no se sabe si Chloe sigue con vida.
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