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En las aulas de la Fundación Universitaria Cafam - Unicafam, un grupo de estudiantes y docentes de Ingeniería Industrial desarrolla un proyecto que busca impactar de manera directa y positiva la vida de animales en condición de discapacidad. Se trata del diseño y fabricación de sillas de ruedas personalizadas mediante impresión 3D, una iniciativa que combina conocimiento técnico, innovación y un fuerte componente social.
La propuesta se enmarca en la asignatura Procesos Industriales y hace parte de un modelo educativo basado en el aprendizaje experiencial, donde los estudiantes enfrentan problemáticas reales y plantean soluciones aplicadas.
En este caso, el proyecto se desarrolla gracias a una alianza con la Fundación Doggy in Home, organización dedicada desde 2018 al rescate, rehabilitación y adopción de perros y gatos. La iniciativa se centra en mejorar la calidad de vida de dos caninos, Kory y Don Rafael, quienes perdieron la movilidad en sus patas traseras.
Este proyecto no representa una carga económica para la fundación. Todos los recursos, materiales, tecnología y procesos de fabricación, son asumidos por la universidad con el objetivo de apoyar la labor de la organización sin generar costos adicionales.
Ingeniería con impacto social
Para Johana Daza, estudiante de Ingeniería Industrial e integrante del proyecto, esta experiencia es la continuidad de un enfoque académico centrado en lo social. Según cuenta, desde los primeros semestres, los estudiantes han participado en iniciativas dirigidas a poblaciones vulnerables, lo que facilitó la transición hacia el bienestar animal como nuevo campo de acción.
“En la universidad siempre nos han enfocado en obtener un aprendizaje experiencial con impacto social. Ya habíamos trabajado con humanos, entonces surgió la pregunta: ¿por qué no atender perros en condición de discapacidad?”.
El profesor José Isaías Salas, quien lidera la asignatura, explica que el proyecto hace parte de una estrategia institucional orientada a conectar la ingeniería con necesidades reales. El proceso para consolidar la alianza con la fundación incluyó una búsqueda de organizaciones dedicadas al rescate animal. “Iniciamos una investigación de instituciones y así llegamos a la Fundación Doggy in Home”, cuenta. Tras un primer contacto a través de redes sociales, el vínculo se fortaleció mediante reuniones virtuales y visitas de campo, hasta formalizarse con el respaldo de la decanatura.
Para el docente, este tipo de proyectos redefine el rol de la formación en ingeniería, ya que el objetivo es que los estudiantes no solo adquieran conocimientos, sino que comprendan su aplicación en contextos reales y con un componente ético. “No solo formamos técnicos, formamos ciudadanos con pensamiento crítico. La métrica del éxito no es una nota en un examen, sino el impacto real”, añade.
El contacto con la fundación fue determinante para los estudiantes. Durante las visitas, conocieron de primera mano las historias de los animales, casos de abandono, maltrato o enfermedades que derivaron en limitaciones de movilidad. Este acercamiento no solo permitió entender las necesidades técnicas del proyecto, sino también dimensionar su impacto humano y emocional. A partir de ese momento, la iniciativa dejó de ser un ejercicio académico para convertirse en una responsabilidad real.
Sebastián Corredor, estudiante de séptimo semestre y uno de los líderes del equipo, resalta la importancia de esa experiencia. “Visitamos la fundación y entendimos la situación de los perritos, esa etapa fue clave para sensibilizarnos”, señala.
Esa transformación también se refleja en su percepción de la ingeniería. Corredor explica que este tipo de vivencias amplían la visión tradicional de la carrera. Para él, aplicar el conocimiento en beneficio de otros seres vivos representa una de las mayores satisfacciones de su formación. “Muchas veces pensamos que la ingeniería es solo industrial, pero proyectos como este nos muestran que también tiene un impacto social muy grande”, afirma.
Diseño a la medida: así se fabrican las sillas de ruedas en 3D
Desde el punto de vista técnico, el desarrollo de las sillas de ruedas implica un proceso detallado y altamente personalizado. A diferencia de productos estándar, cada dispositivo se diseña a partir de las características específicas de cada perro, lo que permite garantizar comodidad, funcionalidad y seguridad en su uso.
El proceso inicia con la recolección de información clínica y física de los animales, seguida de un escaneo en 3D que permite obtener medidas exactas de su cuerpo. Esta etapa es fundamental, ya que cada canino presenta condiciones distintas, tanto en su anatomía como en el tipo de movilidad que requiere.
Con estos datos, los estudiantes desarrollan modelos digitales mediante software especializado. En esta fase se define la estructura de la silla, la posición de las ruedas, los puntos de apoyo y el sistema de sujeción.
El desarrollo no se limita a un único intento. Inicialmente se elabora un prototipo con materiales más económicos, cuyo objetivo es realizar pruebas y ajustes. Esta etapa permite verificar cómo se adapta la estructura al cuerpo del animal y corregir posibles fallas antes de avanzar hacia la versión final.
Una vez validado el diseño, se procede a la fabricación definitiva mediante impresión 3D, combinada con componentes que deben ser adquiridos, como las ruedas, para garantizar mayor resistencia y durabilidad. En esta fase, uno de los principales retos ha sido encontrar el equilibrio entre ligereza y resistencia. “La idea es que la silla sea cómoda, que no pese y que no genere ningún tipo de lesión”, explica Daza.
Además, la estudiante destaca que los materiales deben ser capaces de soportar condiciones exigentes, ya que los perros pueden correr, moverse en diferentes superficies y estar expuestos a humedad o golpes.
El profesor Salas complementa esta visión al señalar que el desafío técnico radica en diseñar soluciones dinámicas. “Un perro no es un bloque estático, corre, salta, se ensucia. Nuestra ingeniería debe ser tan dinámica como ellos”, afirma. Esto implica integrar conocimientos de distintas áreas, como biomecánica, materiales y manufactura avanzada, en un solo producto.
Otro aspecto clave es la posibilidad de escalar el proyecto. Desde la academia, el objetivo no es solo desarrollar una solución puntual, sino sentar las bases para que este tipo de dispositivos puedan producirse de manera más accesible y replicarse en otras fundaciones.
Más allá del componente técnico, el proyecto ha tenido un impacto significativo en los estudiantes. La posibilidad de aplicar sus conocimientos en un contexto real y ver resultados concretos se convierte en un factor motivador. Para muchos, se trata de una experiencia que reafirma el sentido de su formación.
Daza lo describe como un proceso “muy llenador”, especialmente al pensar en la posibilidad de mejorar la calidad de vida de animales que han sufrido situaciones difíciles. La expectativa de ver a los perros utilizando las sillas y recuperando su movilidad es, para el equipo, uno de los mayores logros.
De acuerdo con los estudiantes, el objetivo es entregar los prototipos funcionales al finalizar el semestre, hacia finales de mayo. Sin embargo, la iniciativa no se proyecta como un ejercicio aislado. Tanto estudiantes como docentes coinciden en la necesidad de darle continuidad y ampliar su alcance.
“Esperamos que este proyecto pueda crecer y que más universidades o empresas quieran unirse. Este es de una sola fundación, pero en Bogotá y en Colombia hay un montón que requieren de este tipo de ayudas. Si esto pudiera llegar a muchísimas personas y que podamos agrandar esto, ya sea un proyecto nacional o internacional, sería increíble”, señala Daza.
En la misma línea, el profesor Salas considera que la ingeniería aplicada al bienestar animal tiene un amplio potencial en Colombia. A su juicio, el creciente vínculo entre las personas y sus mascotas abre nuevas oportunidades para el desarrollo de soluciones tecnológicas con impacto social. La proyección, incluso, contempla la integración de otras disciplinas como la ciencia de datos o la inteligencia artificial.
“Veo un potencial enorme para la ingeniería aplicada al bienestar animal en Colombia. Hoy vivimos en una sociedad donde las mascotas ocupan un lugar cada vez más central en los hogares, incluso como apoyo emocional. En ese contexto, el bienestar animal deja de ser un tema secundario y se convierte en un desafío social, humano y también tecnológico”, concluye.
Mientras avanzan los prototipos y se acercan las pruebas finales, el proyecto ya deja como enseñanza clara que la ingeniería no solo resuelve problemas industriales, sino que también puede convertirse en una herramienta poderosa para mejorar la vida de otros seres vivos.
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