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Los perros también pueden sufrir alzhéimer: esto es lo que debe saber

En los animales, las proteínas asociadas a la enfermedad no alcanzan el mismo nivel de desarrollo, lo que hace más complejo detectarlas.

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La Red Zoocial
02 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
Adoptar un perro de edad avanzada también es una experiencia única que permite darle unos últimos años de vida dignos a un ser vulnerable.
Adoptar un perro de edad avanzada también es una experiencia única que permite darle unos últimos años de vida dignos a un ser vulnerable.
Foto: Freepik
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El deterioro cognitivo en perros de edad avanzada, una condición comparable al alzhéimer en humanos, empieza a revelar claves importantes en el campo de la genética.

Una investigación reciente, liderada por la médica veterinaria Sonia Milena López Rodríguez, magíster en Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), logró identificar por primera vez en el país genes vinculados con esta enfermedad, abriendo nuevas posibilidades para comprender su origen y evolución.

A partir de cierta edad, generalmente después de los 9 años, algunos perros comienzan a mostrar cambios en su comportamiento, tales como desorientación, alteraciones del sueño, pérdida de hábitos aprendidos o dificultades para reconocer espacios cotidianos.

Estos signos corresponden al denominado síndrome de disfunción cognitiva (SDC), un trastorno progresivo que afecta significativamente la calidad de vida del animal y que, según estudios internacionales, podría presentarse en más de la mitad de los perros ancianos.

Pese a su impacto, las causas del SDC aún no se comprenden completamente. El trabajo de López se centró en el hipocampo, una región cerebral clave para la memoria y el aprendizaje.

La investigación se realizó con cuatro perros de edad avanzada de razas pequeñas, dos de los cuales presentaban signos de deterioro cognitivo, mientras que los otros dos se encontraban sanos. Tras su fallecimiento por eutanasia autorizada, se extrajeron muestras del cerebro que posteriormente fueron procesadas para analizar la actividad genética.

El procedimiento incluyó la conservación del tejido cerebral y la extracción de ARN, material fundamental para identificar qué genes estaban activos. Estas muestras fueron estudiadas en un laboratorio especializado en Estados Unidos, donde se detectaron alteraciones asociadas con la enfermedad.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la presencia del gen APOE en su variante más agresiva en los perros afectados. Este gen, ampliamente estudiado en humanos por su relación con el alzhéimer, está vinculado con procesos como la inflamación, el sistema inmune y la acumulación de proteínas que interfieren con la comunicación entre neuronas.

Aunque el daño cerebral observado en perros es similar al que ocurre en humanos, existen diferencias que dificultan su diagnóstico.

En los animales, las proteínas asociadas a la enfermedad no alcanzan el mismo nivel de desarrollo, lo que hace más complejo detectarlas. Además, los síntomas suelen confundirse con cambios normales del envejecimiento, lo que contribuye a que la enfermedad pase desapercibida.

El estudio también señala factores que podrían aumentar el riesgo, como el bajo peso y condiciones hormonales asociadas a la esterilización. Sin embargo, no se ha establecido una predisposición clara por raza.

Actualmente no existe una cura para esta enfermedad, y los tratamientos disponibles se enfocan en ralentizar el deterioro neuronal y mejorar la calidad de vida del animal. Por ello, la detección temprana resulta clave, así como el desarrollo de nuevas investigaciones que permitan identificar biomarcadores en sangre o a través de imágenes diagnósticas.

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