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En medio de un creciente debate sobre la protección animal en América Latina, México dio un paso importante que busca transformar la forma en que se percibe a los perros sin raza definida. Recientemente, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (PROPAEM) reconoció al llamado “perro caramelo” como una raza canina oficial en México. El objetivo de esta decisión es fomentar la adopción y reducir los estigmas asociados a los animales mestizos.
Los “perros caramelo” son una forma popular de referirse a los caninos mestizos de pelaje color café claro, miel o amarillo, ampliamente presentes en calles, hogares y refugios. Su constante presencia en la vida cotidiana los ha convertido en un símbolo cercano para la población, lo que llevó a las autoridades ambientales a adoptar esta figura como una herramienta pedagógica y social.
Según explicó PROPAEM en sus canales oficiales, la iniciativa se enmarca en la promoción de la “tutela responsable” de los animales, destacando que estos perros cumplen roles fundamentales en la sociedad, desde labores de rescate y seguridad hasta compañía en hogares. “Existen perros cuya labor social es invaluable”, señaló la entidad en su cuenta de Facebook.
En Colombia, al igual que en gran parte de Latinoamérica, el “perro caramelo” es un término cariñoso y popular utilizado para describir a estos caninos criollos muy comunes tanto en entornos urbanos como en los rurales.
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La estrategia de PROPAEM de reconocerlos como una raza oficial tiene antecedentes en Brasil, donde durante 2025 se promovieron campañas similares para dignificar a los perros mestizos y fomentar su adopción.
El contexto en el que surge esta iniciativa también resulta clave. América Latina enfrenta desafíos estructurales en materia de bienestar animal, como el abandono y la sobrepoblación de perros en situación de calle. En este escenario, visibilizar a los perros criollos, que constituyen la mayoría de los animales sin hogar, se convierte en una herramienta fundamental para fomentar la adopción responsable y cambiar percepciones sociales arraigadas.
Más allá de las fronteras, los llamados “perros caramelo” han adquirido un valor simbólico en distintos países, ya que representan resiliencia, lealtad y amor incondicional, y se han consolidado como un emblema de la adopción y de la lucha contra el abandono animal.
¿Cómo se define a una nueva raza de perro?
Sin embargo, la decisión de PROPAEM no está exenta de debate. Organizaciones especializadas como la Federación Canófila Mexicana recuerdan que, desde el punto de vista técnico, México solo cuenta con tres razas oficialmente reconocidas: el chihuahua, el xoloitzcuintle y el calupoh. Este reconocimiento responde a criterios establecidos por la Fédération Cynologique Internationale, que exige procesos rigurosos de validación genética, comportamiento y estandarización que pueden tardar más de una década.
En ese sentido, la medida adoptada por la PROPAEM no busca redefinir criterios científicos, sino generar un cambio cultural. Especialistas coinciden en que, más allá de etiquetas, el bienestar de estos animales depende de acciones concretas. Entre las recomendaciones más comunes están adoptar en refugios, mantener esquemas de identificación y promover la esterilización como medida para reducir el abandono.
Además, el reconocimiento del “perro caramelo” abre la puerta a futuras políticas públicas orientadas a la protección animal. Autoridades y organizaciones buscan que iniciativas similares se extiendan en otros países.
El “perro caramelo” en Brasil
Durante años, los llamados “vira-lata caramelo”, perros criollos de pelaje miel que abundan en calles y barrios, pasaron desapercibidos en Brasil. Sin embargo, esa realidad ha cambiado. Hoy, estos animales se han convertido en un ícono cultural, protagonizando memes, desfiles de Carnaval e incluso una película de Netflix.
El auge de su popularidad comenzó alrededor de 2019, cuando en redes sociales empezaron a compararlos con símbolos tradicionales como el fútbol o la samba. Desde entonces, su imagen no ha dejado de crecer.
Según explicó Diego Freitas, director de la película Caramelo de Netflix, estos perros “terminaron convirtiéndose en un gran símbolo para el pueblo”. Aun así, la fama contrasta con su realidad, ya que en muchos refugios siguen siendo de los menos adoptados.
La nueva ola cultural busca precisamente cambiar esa percepción y posicionarlos como emblema de adopción, amor y segundas oportunidades.
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