
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Sam es un perro mestizo que recorre las calles del barrio La Esmeralda, en Bogotá. Va de casa en casa, descansa en el parque y, durante mucho tiempo, encontró alimento y afecto en Marielita, una mujer reconocida en el sector por su dedicación al cuidado de animales sin hogar.
Cuando ella murió de manera repentina, la rutina de Sam cambió. Su principal cuidadora ya no estaba y, por primera vez, su presencia en el barrio parecía quedar en el aire. Sin embargo, lo que siguió fue una respuesta colectiva, pues los vecinos decidieron no dejarlo solo. Se organizaron, asumieron su cuidado y le construyeron una casa cerca del CAI del sector. Ahora, Sam no solo tiene un lugar donde dormir, sino que es reconocido como parte del barrio, querido por residentes y uniformados.
La historia de Sam no es aislada. En distintos puntos de la ciudad, perros han sido acogidos por vecinos que, sin formalizar una adopción individual, asumen su cuidado de manera compartida. Son los llamados “perros de cuadra”, “perros de barrio” o “perros de vecindario”, animales comunitarios que, aunque viven en el espacio público, cuentan con alimento, refugio y protección gracias a la solidaridad de las personas.
Muchos de ellos nacen en las calles de Bogotá. En una esquina, debajo de un puente, en un humedal o en cualquier espacio apartado. Crecen enfrentando el frío, la lluvia y el abandono, deambulando por la ciudad hasta que, en algunos casos, encuentran un lugar donde quedarse.
De acuerdo con el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), un perro de cuadra es aquel que “ha sido acogido, resguardado y alimentado por la comunidad. Puede vivir en la calle de forma permanente o ser semi-domiciliado”, como ocurre en parques, estaciones de transporte o entornos institucionales. Para 2022, se reportaron cerca de 6.000 perros de este tipo en Bogotá, una cifra que refleja la magnitud de esta forma de convivencia.
Sin embargo, el panorama es más amplio. Según el Observatorio PYBA del Instituto, en la ciudad hay más de 66.000 perros callejeros, lo que evidencia la necesidad de fortalecer estrategias de protección y bienestar animal que incluyan tanto a los animales completamente abandonados como a aquellos que ya hacen parte de dinámicas comunitarias.
Aunque lo ideal sería que todos los animales contaran con un hogar propio y una familia que asumiera su cuidado de manera individual, la realidad de la sobrepoblación lo dificulta. En ese contexto, el cuidado comunitario, aunque no es la solución definitiva, se convierte en una alternativa que permite mejorar la calidad de vida de estos animales.
Desde el IDPYBA describen a estos perros como parte del tejido social de los barrios. “Pertenecen a la cuadra, no tienen un tenedor reconocido, son amigos de todos. Duermen cerca de los comercios o talleres y, por lo general, son cuidados por vecinos que les brindan alimento y atención”, señala la entidad.
Además, destacan su papel como compañeros cotidianos, pues acompañan recorridos, alertan ante la presencia de extraños y se convierten en figuras reconocibles para todos.
Vecino Buena Pata, la estrategia para reconocer a estos animales
En este contexto surge la estrategia “Vecino Buena Pata”, una iniciativa del IDPYBA que busca reconocer, visibilizar y fortalecer las acciones de cuidado que ya existen en los barrios. Como parte de esta apuesta, la entidad abrió una plataforma para que Juntas de Acción Comunal, comunidades y ciudadanos registren a los perros que viven bajo su cuidado colectivo.
“Esta primera fase busca la identificación de los perros y gatos callejeros que han sido adoptados por la comunidad, en un esfuerzo por brindar calor de hogar a estos animales que están expuestos a peligros, al frío y el hambre”, explicó Antonio Hernández, director del IDPYBA. Según el funcionario, el objetivo es incentivar que en todos los barrios se consoliden redes de apoyo que respalden el bienestar de estos animales.
La estrategia también busca difundir el mensaje de que el cuidado de los animales es una responsabilidad compartida. Bajo la premisa de que “un vecino no se abandona, se cuida en comunidad”, el programa reconoce a estos animales como parte del entorno social y promueve modelos de convivencia basados en la corresponsabilidad.
Además de documentar casos como el de Sam, la plataforma permitirá conocer experiencias en diferentes localidades y replicar buenas prácticas que contribuyan a reducir el abandono animal en la ciudad. El registro puede realizarse a través del sitio habilitado por el IDPYBA, donde los ciudadanos pueden compartir sus historias y el rol que cumplen en el cuidado de estos animales.
¿Cómo ayudar a los perros de cuadra?
Más allá del reconocimiento, el cuidado de los perros de cuadra implica compromisos concretos. Entre las recomendaciones del IDPYBA está promover su adopción cuando sea posible o apoyar la búsqueda de un hogar definitivo.
También es fundamental garantizar que estén identificados, esterilizados, vacunados y desparasitados, participando en programas comunitarios y jornadas de bienestar animal.
Proporcionarles agua limpia y un refugio seguro es clave, así como controlar su alimentación mediante comederos adecuados y porciones equilibradas.
A esto se suma la importancia de llevar un seguimiento de su estado de salud y vigilar su comportamiento para asegurar una convivencia armónica con la comunidad.
Historias como la de Sam demuestran que, aunque no todos los animales tienen un hogar tradicional, sí pueden encontrar un lugar en el mundo gracias al compromiso colectivo. En una ciudad donde miles de perros aún viven en condición de calle, iniciativas como “Vecino Buena Pata” buscan convertir la empatía en acción y hacer del cuidado comunitario una herramienta real de bienestar animal.
🐾 ¿Quiere estar al día y conocer las últimas noticias sobre el mundo animal? Lo invitamos a verlas en La Red Zoocial. 🐶🐱
