Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Las primeras palabras

Eran unas cuantas palabras las que me llevaban a las siguientes palabras y a la primera frase, y de ahí a un párrafo, y luego a dos, y a la historia que continuaba y me depositaba en un túnel que cambiaba según lo que escribía. La fuerza de las palabras, la potencia de las primeras palabras. La intangible e inmedible fuerza de las primeras palabras de los textos que escribí lo eran todo, aunque en apariencia no fueran nada un segundo antes. Las primeras palabras fueron una especie de ancla que detuvo el tiempo. Una puerta que se abría. Un cúmulo de letras desordenadas que de repente se transformaban en algo, y decían algo, o gritaban algo y le daban un sentido al tiempo, a la vida. Lo que no existía empezaba a existir gracias a una, a dos o a tres palabras, y lo que existía y daba vueltas por ahí en vagas ideas se transformaba, indefectiblemente, por ellas y con ellas.

Las primeras palabras. Un sello, un martillazo, una cuchillada. Una acción, un tiempo, un nombre, un objeto, una idea. Una época. Un transcurrir. Un empezar a recordar tiempos que parecían idos. Una ilusión. Un sueño. Un comenzar a vivir lo que quisiéramos vivir. Una fantasía y, en ocasiones, una pesadilla. Una declaración de principios y la posibilidad de seguir y de continuar hasta volver esas primeras palabras una historia infinita, una novela, una canción o un poema en rosa. Las primeras palabras eran aprehender una imagen o un sonido, o tratar de aprehenderlos, y sentir, sobre todo sentir, aunque solo fuera por un segundo, que podía aprehender algo en esta vida, y fueron, también, llevarme a comprender que las palabras eran solo letras, y que las letras eran una simple convención para entendernos.

Fueron convención, sí. Fueron comprensión y ruptura e incomunicación, y engaño y excusa y mentira, y cuentos de cuentos contando cuentos, nada, como escribía Saramago. Fueron olvido y, en algunos casos, extorsión, tortura y muerte. Fueron el principio de la vida después de la vida, y el principio del morir después del morir. Las primeras palabras eran y fueron el tono, el color y la textura de lo que seguiría, bien fuera en un texto o en la realidad, o en la realidad que mostraba un texto, y eran, fueron, son y serán la razón por la que he seguido buscando durante tantos y tantos años más y más palabras.

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