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hace 10 horas
Por: Columna del lector

Crónicas del presente repetido

En uno de mis pensamientos hay una incógnita que ha sido difícil de responder.

 Se trata de una frase tan popular que incluso es enseñada en las clases de sociales cuando los niños le preguntan a la profesora por qué es necesario que estudien su pasado si no lo necesitan para su futuro y ella, inocentemente, pero muy segura de lo que dice, responde: “El que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”. Es ahí cuando empiezo a cuestionar cada palabra de aquella “significante” frase, y es que si comparo lo que nos rodea con el pasado, diría que pasamos por lo mismo una y otra vez, seguimos cayendo en los errores de siempre, ya nos estamos convirtiendo en personas estoicas, apáticas a lo que pasa día a día.

¿No estuvo Venezuela hace veinticinco años condenada a muertes y violencia estando bajo el poder de Carlos Andrés Pérez? ¿No daba el pueblo el mayor apoyo a este jefe de Estado y luego quería devolver el tiempo para no haberlo elegido? Lo que empezó siendo una protesta terminó como una masacre de 300 personas, según el Estado venezolano, suponiendo que esta cifra es cierta. ¡Qué pasa con la gente venezolana! Votan por un ser que no tiene la menor idea de qué es gobernar un país, de una persona ignorante e insensible que dice hablar con los pajaritos y desconoce profundamente uno de los términos más importantes en la convivencia social. Lo que pasa es que no deberíamos conocer nuestro pasado: deberíamos sentirlo como si hubiéramos estado ahí, como si supiéramos que hay más posibilidades que imposibilidades de que vuelva pasar y que estamos condenados, quizás por naturaleza humana, a sufrir, no una ni dos ni tres veces, sino todas aquellas que permita nuestra capacidad de racionar cuando falla y nos convirtamos en unos animales más, porque si lo único que nos diferencia de ellos es la razón, entonces estamos jugando a ser algo que no podemos alcanzar.

Para concluir, si lo que hacemos verdaderamente es conocer nuestra historia, y esa historia está correctamente interpretada, entonces peor, porque ahora somos mediocres, ignorantes, indiferentes, masoquistas e incapaces de cambiar nuestro entorno, y ¡cómo esperamos que el mundo mejore si ni siquiera podemos con nosotros mismos!

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