Por: Antieditorial

Tragedia y farsa

Comienzo diciendo que es triste que este editorial lleve esa famosa frase que Marx escribió en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, únicamente para utilizar, de manera descontextualizada, las palabras “tragedia” y “farsa” para definir la situación por la que pasa Venezuela.

Por eso creo que la primera tarea de este antieditorial es poner a la frase en su justo contexto.

Lo que quiere decir la frase de Marx es que los hechos más representativos de la historia suelen ser calcados posteriormente en versiones menos lúcidas y sus protagonistas imitados por farsantes que terminan ocultos por la sombra de quienes quisieron imitar. Y para dar un ejemplo de esto, ¿qué mejor que hablar de Venezuela, ya que está tan de moda? Un hito en la historia del país hermano fue, por ejemplo, la terrible crisis financiera que sufrió el pueblo venezolano a principios de los 90, que llevó a la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez por malversación de fondos, y que llevó a Venezuela a una verdadera crisis que desembocó en recortes salariales, aumento de los precios de la canasta básica, la gasolina, los impuestos, los servicios públicos y las fugas de capital por más de 1 billón de bolívares para salvar la banca. Medidas que llevaron a la gente a tal grado de desespero que durante ese período se intentaron dos golpes de Estado y se desarrollaron masivas protestas como el famoso Caracazo.

Por ese entonces se hicieron muy recordados los medios de comunicación venezolanos y latinoamericanos, por su grado de “tolerancia” ante esa crisis, su falta de compromiso para comunicar al mundo el descontento del pueblo, la terrible situación de los venezolanos y denunciar las graves violaciones a los derechos humanos, como las fosas comunes que se descubrieron posteriormente.

No quiero decir que Venezuela pase por su mejor momento o que Maduro sea el presidente más capaz, pero la cosa no es tan grave como para que nuestros noticieros dediquen al menos 5 o 10 valiosos minutos diarios para hablar del tema ni para que nuestros periódicos, por lo menos a razón de un par de columnas diarias y otros tantos editoriales, hagan lo mismo; ya hasta tenemos un canal que dedica las 24 horas del día y todos sus recursos periodísticos a mantenernos informados de lo que pasa en Venezuela. Cómo quisiéramos que mostraran el mismo interés, y el mismo compromiso, en mantenernos informados de lo que pasa aquí en Colombia.

Cosas tan evidentes, como la crisis de la salud, nuestros pésimos indicadores en materia de educación, ese vergonzoso salario mínimo, los terribles casos de corrupción que se muestran como jocosos sucesos propios de nuestra idiosincrasia, los delitos de las Fuerzas Militares como los falsos positivos, las ‘chuzadas’ o los vínculos con los paramilitares apenas se mencionan entre los deportes y la farándula; y mientras nos volvemos expertos analistas políticos de Venezuela, no sabemos nada del México plagado de corrupción y narcotráfico que dejó uno de sus ex presidentes que por estos días visita Venezuela para hablar de democracia, por poner un ejemplo.

¿Por qué sólo se habla de Venezuela?

 

Yo les voy a decir por qué: porque la tragedia es que aquí la historia nos la cuentan los medios de comunicación parcializados, que obedecen a los intereses políticos de las empresas que les pagan la pauta y la farsa es este reciente interés de los mismos por la situación venezolana que casi raya en la paranoia, cubriendo todos los sucesos con tanta rigurosidad, como si quisieran expurgar la culpa de lo que en el pasado callaron.

 

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