Una campaña militar digna de ser exaltada

El 7 de agosto de 1819 se dio la batalla de Boyacá que concretó la independencia de la Nueva Granada. Pero fueron muchos años de lucha por la libertad. La fase final fue una campaña militar de 75 días, que debe ser siempre recordada.

El Monumento a los Lanceros fue realizado por el artista colombiano Rodrigo Arenas Betancur. Se encuentra ubicado en el departamento de Boyacá como homenaje a la batalla del Pantano de Vargas ocurrida el 25 de julio de 1819. Archivo partícular

El último capítulo de la independencia comenzó a desarrollarse en la aldea la setenta, a orillas del río Apure en Venezuela, cuando Bolívar planteó a sus oficiales un cambio de planes. Después de varios meses combatiendo en las llanuras, convocó a una junta de guerra para proponer que marcharan hacia la Nueva Granada para tomarse Bogotá. En una choza arruinada, en la que no había más asientos que calaveras de reces, el 25 de mayo de 1819 Bolívar explicó a Soublette, Anzoátegui, Briceño, Méndez, Carillo, Iribarren, Reynel, Rooke, Plaza y Manrique, que mantener un ejército inactivo era abrir el camino de la deserción.

Aunque varios de sus oficiales consideraron inconveniente la propuesta de Bolívar, el apoyo decidido de Anzoátegui, Plaza y Soublette fue determinante para que el plan fuera aprobado. Una vez obtenida el respaldo, Bolívar les pidió a sus oficiales total reserva sobre lo acordado, y les hizo saber que estaba pendiente de reunirse con Santander, para coordinar los avances de la tropa una vez entrara a la Nueva Granada. Ese mismo día, Santander lanzó una proclama diciendo: “el ilustre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio, seguido de un gran número de bravos que han jurado no envainar su espada mientras existan tiranos”.

El día 27, Bolívar partió de Mantecal hacia Guasdalito con los batallones de infantería Rifles, Bravos de Páez, Barcelona, Albión y la Legión Británica. A su vez, Santander, que se encontraba en Tame (Arauca) comenzó a organizar su División de Vanguardia con al menos 1600 infantes y 600 jinetes. En una carta enviada a su esposa Teresa Arguindegui, el general Anzoátegui describió lo que significó la primera travesía: “los llanos están inundados, había que vadear y pasar a nado los ríos los caños y los esteros. Sobre todo, el Cachicamo que tiene como dos leguas. Antes de llegar a Guasdualito, Bolívar movilizó su gente en medio de un auténtico pantano.

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El 12 de junio, después de recorrer unos 200 kilómetros de sabanas inundadas por el crudo invierno, el ejército libertador llegó a Tame. El primer encuentro fue entre los generales Anzoátegui y Santander, y lo primero que se dispuso fue que se realizara un descanso porque la mayoría de los hombres marchaban descalzos o semidesnudos. Durante esos días, Bolívar que tenía 36 años y Santander que andaba por los 27, se dedicaron a revisar en detalle todo el plan de invasión. Al mismo tiempo, se formalizaron varios asensos militares y algunos movimientos de espionaje, antes de emprender la marcha hacia la cordillera.

El siguiente paso fue Pore después de atravesar el caudaloso río Casanare. Hasta ese momento, el ejército patriota había tenido que atravesar los ríos Arauca, Chire, Ariporo y Guachiria, y el propósito era acceder a Nunchía, población ubicada al pie de la cordillera de los andes. Fue en ese momento, cuando los calendarios marcaban el día 22 de junio, que Bolívar explicó a sus oficiales que, aunque existían tres vías para cruzar la cordillera, por el sendero de la salina o en el camino de labranza grande había mucha tropa realista, por lo que la única opción era hacerlo por el azaroso páramo de Pisba, cuya altura superaba los 4000 metros.

En sus memorias, el oficial O’leary dejó escrito que “los llaneros contemplaban con asombro y espanto y se admiraban de que existiese un país tan diferente al suyo”. El 23 de junio, la avada llegó a Nunchía, y al día siguiente, después de recibir el apoyo popular, empezaron a ascender hacia la cordillera entre estrechos senderos bordeados de piedra. En su obra Diario de la Independencia, Héctor Muñoz Bustamante relata que ese avance se hizo en medio de una intensa lluvia, viento helado y terribles lodazales, pero que en medio de la travesía le salió al paso un anciano campesino con cinco gallinas cocinadas y un poco de agua dulce.

El día 27 de junio se produjo la primera victoria militar de la campaña libertadora. La acción se registró en Paya entre las tropas de la División de Vanguardia de Santander y las del coronel español Juan Tolrá. A pesar de la victoria, fueron muy lamentadas las muertes del capitán Diego Esparragoza, los tenientes Félix Blanco, Bautista Crúzate y Eusebio Antolínez. Tras a victoria en Paya, se realizó una nueva reunión de oficiales en el sitio conocido como Llano de Miguel, con la participación de Bolívar, Santander, Soublette y Anzoátegui. En medio del debate, Bolívar alcanzó a sugerir el regreso, a lo cual se opuso rotundamente Santander.

Al final optaron por darle descanso a la tropa antes de asumir el reto del páramo de Pisba. El día primero de julio lograron llegar a Puebloviejo, pero al costo de muchos combatientes enfermos y la mayoría de las bestias perdidas en los abismos. La temperatura no subió de los dos grados, pero había que llegar hasta un par de ranchos cubiertos de maleza. Muchos hombres prefirieron desertar, pero la mayoría logró atravesar el páramo de Pisba hasta alcanzar los 4200 metros de altura. Como la mayoría de los hombres eran llaneros, sufrieron hasta lo indecible en esos picos helados. El alivio llegó cuando en el descenso accedieron a la población de Socha.

En dicha población, tuvieron el apoyo del cura Juan Tomás Romero y el alcalde José Ignacio Sarmiento, que convocaron al pueblo a ayudar al ejército libertador con alimento y ropa. También de Tasco y Socotá llegaron auxilios y voluntarios. El camino quedó repleto de cadáveres y se perdió toda la caballería, pero la noticia de unos y otros fue que, en medio de las dificultades, la mujer de un soldado del Batallón Rifles conocida como Josefa Canelones dio a luz un niño. Horas después, fue envuelto en unas camisas rotas y la madre continuó la marcha. El padre repetía orgulloso que el ejército libertador ahora tenía un hombre más.

(Lea: Los colombianos libertadores)

Las palabras de Santander resumen la situación en que estaba el ejército: “era un cuerpo moribundo, uno y otro jefe eran los único que podían hacer el servicio, pero que se podía tener si a su frente estaba el general Bolívar”. Entre el 8 y el 12 de julio quedó claro el rigor militar de la campaña. Inicialmente Bolívar, ubicado en Tasco, envió un destacamento hacia Corrales para tratar de sorprender a los españoles. Otro grupo marchó hacia Gámeza bajo la orientación del capitán Juan Reyes. Al advertir la situación, el coronel español José María Barreiro movilizó casi mil hombres en dos columnas. En medio del repliegue patriota, los realistas tomaron 34 prisioneros.

Barreiro ordenó que los prisioneros fueran llevados a una hacienda conocida como La Ramada, perteneciente a Sogamoso, donde fueron atravesados a lanzazos. El 11 de julio, en los límites entre Gámeza y Tópaga, se presentó un enfrentamiento que terminó siendo determinante. El historiador y académico Javier Ocampo López relata que el ejército de vanguardia de Santander dispuso cinco columnas de ataque, y que la acción se desarrolló en un accidentado terreno conocido como La Peña de Tópaga. El héroe de la jornada fue el capitán Juan José Reyes. El general Bolívar manifestó que en adelante debía llamarse Reyes Patria.

Después de intensos combates, el ejército libertador se replegó a Gámeza y siguió hasta Tasco donde organizó un hospital militar ara atender el alto número de heridos. Pero en adelante nadie pudo detener su empuje. Después de cruzar por Betéitiva, en busca del enemigo, las tropas llegaron a Cerinza, donde Bolívar fue alojado en casa de Juan José Leiva. Más adelante avanzaron hasta Bonza, donde empezaron a prepararse para un nuevo combate. Ni más ni menos que la batalla del Pantano de Vargas del 25 de julio a 1819, donde la figura del coronel Juan José Rondón y sus lanceros fue determinante para alcanzar la victoria.

El triunfo en Vargas fue la penúltima estación de la campaña libertadora. Bolívar pernoctó en Duitama, pero en la noche del 4 de agosto, en un movimiento estratégico de distracción, utilizando el camino de Toca, transitó toda la noche y le salió adelante a Barreiro llegando a Tunja. “Esta operación atrevida, bien pensada y ejercida mejor es, sin disputa, la que selló el éxito de nuestra campaña”, escribió tiempo después Santander. Lo cierto es que cuando Barreiro advirtió lo que había sucedido, ordenó a sus tropas moverse por el camino principal de Paipa hacia el páramo de Cómbita, en una desesperada acción realista.

Pero el ejército libertador ya había quedado en una posición ventajosa. Barreiro llegó a Motavita y siguiendo el curso del río Teatinos, avanzó para encontrar a Bolívar. Pero el libertador, guiado por Estefanía Parra, una joven mujer que conocía la región avanzó hasta el abrevadero de los ganados y puedo vadear la corriente hasta salir al punto de la retaguardia de los españoles. Entonces se produjo la batalla de Boyacá que concluyó la campaña. Con Bolívar vencedor, se dictaron los decretos de honores, los prisioneros realistas fueron enviados a Ventaquemada, y no quedó más que el ingreso triunfal de los patriotas a Santa Fe.

Hacia las cuatro de la tarde del 10 de agosto de 1819, Bolívar entró a la Plaza Mayor en medio del júbilo popular. Como lo escribió el cronista José María Ibáñez, decenas de viudas, huérfanos y padres de los patriotas fusilados los recibieron con tributos de gratitud. Años más tarde Bolívar reconocería que si Venezuela le había dado la vida, Boyacá le había aportado la gloria. Fueron 75 días de una campaña militar digna de las grandes gestas militares de la historia universal. En palabras e Héctor Muñoz Bustamante, “la historia no es un montón de polvo sino, como decía Cicerón, es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la muestra de la vida”.

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