¿Por qué se conmemora la Semana del Detenido Desaparecido?

hace 1 hora
Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

Los cañones de La Bastilla

La Bastilla era una impresionante fortaleza medieval que se alzaba en el costado oriental del viejo París y, aunque fue construida para defender a la ciudad, era usada principalmente como mazmorra por los reyes de Francia. Durante la última parte del siglo XVIII, los cañones en sus ocho torres ya no apuntaban hacia afuera de la ciudad previniendo posibles ataques foráneos, sino que dirigían sus fauces a los barrios populares de París, señalando el desprecio y el temor del régimen agonizante para con su propia población. Así, esos cañones simbolizaron para los revolucionarios franceses la tiranía que ya no sería tolerada nunca más, por lo que la toma de La Bastilla no sólo marcó el inicio de la Revolución Francesa, sino que signó el principio del fin del antiguo régimen monárquico.

Las similitudes con nuestro contexto son muchas: la toma apresurada de decisiones al corto plazo para asegurar las finanzas del Estado y acrecentar aún más las ventajas de los muy pocos; la perpetuación de instituciones y de formas de gobernar paranoicas y vetustas, atravesadas por una corrupción rampante; la completa desconexión entre las realidades de las personas y la ambición de una parte importante de la “élite” empresarial; la imposibilidad y renuencia de esas “élites” y de los políticos en el poder de pensar a mediano y largo plazo y de comprender los contextos de un mundo cambiante y globalizado, de ceder parte de sus privilegios feudales para así darle paso, por fin, a un verdadero sistema capitalista moderno…

Pero lo que más inquieta es que, ante el malestar social, el gobierno busque legitimidad y gobernabilidad no ya en la esencia de la democracia que son las personas, sino en las fuerzas armadas: que apunte los cañones a la población. Preocupa que miembros activos y retirados de la fuerza pública participen cada vez más activa y públicamente en el debate sobre el papel de las fuerzas armadas, favoreciendo la idea de que el orden, así sea conseguido por la fuerza, es mucho más importante que la libertad y que ese orden, como fin ulterior, justifica cualquier medio para lograrlo. Angustia aún más que sean funcionarios de alto rango del gobierno, incluyendo al presidente y su vicepresidenta, quienes no sólo justifiquen el discurso de la fuerza so pretexto del orden, sino que abiertamente manifiesten que “Nuestras Fuerzas Militares y de Policía son el eje de la democracia. Son el músculo vital del Estado Colombiano”. 

La gran mayoría de los regímenes tiránicos se originaron en procesos democráticos y se fueron transformando, sutil e imperceptiblemente, en dictaduras. La creciente importancia de las fuerzas armadas aparejada a la maquinaria de propaganda oficial que justifica la progresiva represión y la censura son señales preocupantes de un totalitarismo en ciernes.

La represión violenta representa el desprecio por las personas y el despliegue excesivo de fuerza busca amedrentar y apaciguar los descontentos tratando, como en la Francia del siglo XVIII, de dar una imagen de fortaleza y carácter. Empero, esta represión creciente y torpe sólo proyecta una apariencia de debilidad institucional, política y económica que ya comienza a afectar las relaciones de Colombia con inversionistas, turistas y gobiernos extranjeros y, por supuesto, con los gobernados quienes en este 2020 continuaremos con la deliberación popular.

Los cañones de La Bastilla, anacrónicos y ciegos –letales e inútiles–, apuntaban al horizonte vacío de la represión por sí misma.

Que no se nos olvide cuánto hemos vivido en ese horizonte falso.

Que no se les olvide cuánto reclamamos otro.

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@Los_Atalayas

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