Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Los tiempos del delator

La cultura de la delación, señor, es la cultura del cobarde, y es la cultura del odio, de más odio aún, y es la cultura de los advenedizos. Es la cultura del subir acusando al otro, con pruebas o sin pruebas, no importa. Con jueces comprados y falsos testigos, no importa. Es la cultura de las viejas cacerías de brujas, señor, y hacer de un país un reguero de paranoicos que luego serán delatores, y de delatores que después se convertirán en perseguidos y en paranoicos. Es encumbrar a los tinterillos y seguir llenando los juzgados de querellas sin resolver. La cultura de la delación es la muerte de la responsabilidad de cada quien, y en nombre de la ética y la moral, la muerte de la ética y la moral, y ni hablar de la libertad. Es la cultura del vivo, del vigilante, del cazador de fantasmas.

La cultura de la delación, señor, es la cultura de la provocación y de la trampa. Poner cascaritas una y otra vez para que este y aquel caigan, y luego delatarlos, y hacerse ricos por delatarlos. Es la cultura del no trabajo, del conseguirlo todo señalando al otro, del dinero fácil, todavía más fácil. Es la cultura de la zancadilla por detrás y de la puñalada trapera, del uno más uno es uno y solo uno, usted. La cultura del odio y la venganza, porque el delatado no se conformará con ser delatado, y el delator tampoco se conformará con delatar a uno solo. Es la cultura de las oficinas invisibles de delatores, donde se reunirán con un whisky en la mano a perfeccionar sus tretas de delación aquellos que jugaban a la pelota con las cabezas de sus víctimas en los viejos y no tan viejos tiempos de las masacres, El Aro, Montes de María, El Salado, San Faustino, El Diamante, y siga contando, señor.

La cultura del delator, señor, es la cultura de la inmediatez, es decir, de los políticos que buscan reducir un mal creando un infierno a corto, mediano y largo plazo, y todo para sacar unas cuentas alegres en un período de cuatro años, y que el que venga después se las arregle con lo que encuentre, que ese ya no es su problema, como supuestamente tampoco será el suyo, señor.

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Los tiempos del delator

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