¡A LA MESA!

En el espacio creativo de la diseñadora Olga Piedrahíta en Bogotá se acaba de inaugurar una muestra que reúne el trabajo de seis artistas. Una historia fascinante contada en clave de moda, joyería, ilustración, papel y esculturas.

‘Homenaje a Drake’. Por: Rafael Bello, joyero.  /Fotos: Archivo particular
‘Homenaje a Drake’. Por: Rafael Bello, joyero. /Fotos: Archivo particular

En verdad este es un asunto para comensales. Gente dispuesta a dejar a un lado sus atareadas y preocupadas vidas para darle paso a un rato largo de platos, entremeses y conversaciones. Se podría alargar el título de aquella preciosa pieza de Ang Lee Comer, beber, amar… y añadir cortar, coser, tallar, humedecer, pintar, esculpir, retratar… para presentar A la mesa, un banquete para los sentidos creado por dos cabezas (las de Olga Piedrahíta y de su hija Danielle Lafaurie) y doce manos (dos por artista invitado). Como en la película taiwanesa, el juego que marca la ruta de Olga Piedrahíta sugiere siempre el cambio como algo inevitable y esencial.

En el local que es hoy el centro de trabajo y venta de las colecciones de Olga Piedrahíta ya es costumbre que las faldas convivan con sillones recreados y con hormas secas y con manos de yeso y con elaboradas joyas y con narraciones escritas sobre las paredes. No es de extrañar que la manera de explicarse en este edificio de dos plantas situado al norte de la ciudad es “aquí casi todo puede ser otra cosa”. Y lo que sucedió en este caso es que a partir de una cuchara se desencadenó una historia que contiene trajes elaborados en papel, cubertería antigua convertida en joyas contemporáneas, una fachada intervenida, fotografías digitales en gran formato sobre la nueva colección de Olga Piedrahíta… “Transformar” es un verbo que utilizan fluidamente los artistas que se sientan, por pedido de El Espectador, en un escueto espacio para conversar sobre el trabajo que los reúne en esta muestra artística que para sí ya quisiera cualquier sala de exhibición.

Camilo George —CG— (fotógrafo independiente, retratista de objetos al que le fascina observar cómo pasa por ellos el tiempo): “Esto no es glotonería ni gula. Resulta más bien un despertar de todos los sentidos. A partir de las prendas de la nueva colección de Olga Piedrahíta comencé a hacer fotos de cada pieza sobre una modelo y en el proceso de digitalización comenzó a multiplicarse el efecto. Esperamos que así pase en A la mesa”.

Olga Piedrahíta —OP— (diseñadora de moda desde hace tres décadas, artífice de un mundo tan personal como ecléctico): “La cuchara está siempre ahí, la encontré en el trabajo sobrio de objetos cotidianos de Juan Manuel Ruiz y la volví a hallar en las ollas de cobre de la Fundación San Lorenzo de Barichara, con ella se sacan pedazos de piña y de fique para fabricar papel. De nuevo la cuchara y el oficio… Y aparece Rafael Bello con sus joyas barrocas. Otro azar. Y luego Ricardo Castillo y sus esculturas en alambre que incluyen una cuchara. Lo más cotidiano ligado con nuestras tareas”.

Felipe Cuéllar —FC— (atrapado entre palabras, el artista resuelve sus inquietudes a través de propuestas escénicas sorprendentes). “Con Olga siempre tratamos de armar historias a partir de experiencias. Olga se fue a Barichara para investigar la elaboración del papel. Y vino con la imagen del yeso, del blanco… A partir de ahí fabriqué las mesas de exhibición, que resultan mudas para permitir el brillo de las joyas de Rafael Bello. Espero que provoquen el apetito de diseño, de belleza”.

Rafael Bello —RB— (cubano en Nueva York y joyero raizal de cuando los metales, con la Revolución, valían su peso literalmente “en oro” y de cuando en Cuba había que poner los cubiertos sobre los raíles del tren para lograr torcer los metales, pues no contaban con maquinaria). “Siempre había desechado el cuchillo para trabajar técnicamente, porque hay dos metales diferentes —el cabo y la hoja—. Sin embargo, ahora lo hice y el resultado hay que verlo. Olga me puso el reto y nunca imaginé involucrarme en un proyecto conceptual ligado a la moda. Siempre le dije ‘salgo a millón, me pusiste la cabeza a dar vueltas’”.

Danielle Lafaurie –DF— (la productora ejecutiva del grupo, capaz de mover una montaña con el dedo más pequeño y de diseñar joyas a partir de objetos insólitos). “Nos damos cuenta de que proyectos creativos como A la mesa son más beneficiosos que un desfile. Lo vemos como una inversión. Logramos ser mucho más contundentes invitando, dos veces al año, al público al que queremos recordar cómo es la marca y el universo Olga Piedrahíta”.

Juan Manuel Ramírez –JR— (dibujante y bloguero nacido en Cali. Prefiere la independencia de un taller itinerante donde dibuja a la vista de todo el mundo, a la estadía exclusiva en galerías de arte). “Dibujé mi primera cuchara sobre una chaqueta elaborada en papel de piña de Olga Piedrahíta. Ahora pasó a la fachada —y no estamos abriendo un restaurante (risas)—. Me interesa la desacralización del arte y rescatar lo que me sucede cuando dibujo”.

RB: “Esta experiencia tiene unos ingredientes únicos para aprender. Nunca había participado en un trabajo colectivo parecido. Y queda claro que los diseñadores de moda son los verdaderos artistas de cada época. Las piezas que producimos los joyeros y artistas plásticos son piezas que permiten la fuerza contemplativa pero no llegan a convivir con la gente, junto a su cuerpo, en esa intimidad”.

OP: “En medio del yeso, todo resulta en esa gama. Por eso esta colección explora con materiales muy diversos entre los que convive el papel: pieles, gasas, tules, algodones y todo en una paleta de crudos. ¡Utilicé papeles de hebras naturales, pero también papeles de regalo! En realidad toda esta historia es una declaración… basta tocar cada prenda y se entenderá que todo pasa por la piel. Lo dejo ahí”.

Las puertas están abiertas para degustar lo que más les sorprenda. Carrera 14A Nº 82-36 en Bogotá. Las prendas de Olga Piedrahíta se pueden adquirir también en www.olgapiedrahita.com* [email protected] verde