Por: Ricardo Bada
Yo soy como el picaflor

Miau...

Si recuerdan bien la letra del tango “A media luz” supongo que estarán de acuerdo conmigo en que allí no cabría un verso que dijese «y un perro de porcelana pa qne no ladre al amor». No y mil veces no: lo que hay en ese bulín de Corrientes 3–4–8 es «un gato de porcelana pa que no maúlle al amor».

Lo traigo a colación porque el 8 de agosto es el Día Internacional del Gato, un animal doméstico que encontramos a cada paso en el refranero y en la vox pópuli: Gasto escaldado, del agua fría huye; Dar gato por liebre; Tener más vidas que un gato; Defenderse como gato panza arriba; La curiosidad mató al gato; No le busques tres pies al gato; Ponerle el cascabel al gato; Gato con guantes no caza ratones; De noche todos los gatos son pardos; Si está el gato ausente, los ratones se divierten; La mujer y el gato se acicalan a cada rato; ¿Te ha comido la lengua el gato?...

Por otra parte, los gatos han inspirado a pintores como Leonardo da Vinci, Durero, Rembrandt, Bruegel, Goya, Manet, Toulouse–Lautrec, Picasso..., así como a las plumas de Lope de Vega, Perrault, E.T.A. Hoffmann, Balzac, Poe, Colette, Bulgakov, T.S. Eliot y Simenon, además de Borges, quien hermosamente sentenció que «Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre». Cortázar estaba tan convencido de la sabiduría de su gato que lo bautizó de manera tan reverente como Theodor Wiesengrund Adorno. Y al gran ironista francés Jean Cocteau en cierta ocasión le preguntaron por qué prefería los gatos a los perros, replicando con una frase digna del bronce: «¿Cuándo ha visto usted un gato policía?»

Adoro a este felino y una vez tuve uno –muy bello y muy triste–, al que amé tanto que cuando se murió no quise tener otro: hay amores que no son de quita y pon. Y voy a confesar aquí algo que jamás he dicho a nadie: en los cartoons de Tom y Jerry siempre estoy de parte de Tom, son los únicos momentos de mi vida que me embandero con Goliat y no con David. La excepción que confirma la regla.

En el blog Castelli di Carta [Castillos de papel], donde la latinista romana Carla Milli cuelga sus postings en italiano y en español, idioma que domina más que mucho letraherido del castellano,

descubro un poema de Darío Jaramillo Agudelo que me viene como hielito al whisky en las rocas para cerrar esta columna: «Los estados de la materia son cuatro: / líquido, sólido, gaseoso y gato. / El gato es un estado especial de la materia, / si bien caben las dudas: / ¿es materia esta voluptuosa contorsión? / ¿no viene del cielo esta manera de dormir? / Y este silencio, ¿acaso no procede de un lugar sin tiempo? / Cuando el espíritu juega a ser materia / entonces se convierte en gato».

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