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El blazer tiene sus origenes en la marina y en la indumentaria deportiva. Es una prenda que se ubica en un punto medio entre lo formal y la chaqueta deportiva. Por lo general, tiene tres botones y una silueta menos rígida que la pieza superior de un traje.
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La pieza apareció reseñada, por primera vez, en Vogue en junio de 1893. Con las décadas, la prenda ocupó un lugar importante en el armario femenino al representar el power suit (traje de poder), un conjunto de dos piezas compuesto por un pantalón y una chaqueta con hombreras marcadas y cortes estructurados que se popularizó en los ochenta para transmitir poder femenino en el espacio laboral.
¿Por qué el blazer negro sigue siendo un básico imprescindible?
El blazer, especialmente el negro, no solo es un básico en el fondo de armario, es una herramienta y una de las piezas más estratégicas dentro de un clóset bien pensado.
“El blazer negro, en concreto, es casi una herramienta. Bien elegido —ligeramente estructurado, con hombro definido pero sin rigidez excesiva— tiene la capacidad de ordenar visualmente el conjunto y aportar intención incluso a las combinaciones más básicas. Y ahí está la clave: no se trata de complicar, sino de saber colocar", dice Piluka de Echegaray, asesora de imagen.
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De acuerdo con Silvia Bernal, periodista de moda y asesora de imagen, estilismo y personal shopper, el valor de esta prenda “no está únicamente en que combine con todo, sino en que pueda convertir cada look en una propuesta coherente, incluso cuando las demás prendas son sencillas".
Un blazer le da intención a un outfit y permite que una combinación cotidiana se vea pulida sin esfuerzo. “Para que el blazer negro no se perciba repetitivo es clave trabajar en los detalles. Es decir, jugar con las texturas, que tienen también un papel fundamental: por ejemplo, no se te va a ver igual un blazer negro combinado con denim que con cuero o con tejidos más suaves. Esa variación en las texturas, aunque sea sutil, genera una amplia diferencia y profundidad visual”, explica Bernal.
Lo mismo ocurre con las proporciones y la forma de llevarlo. Un blazer más amplio transmite una sensación de relajación, mientras que uno más estructurado refleja un estilo más clásico.
Llevarlo abierto, ajustar la silueta con un cinturón o trabajar con capas, según explica Bernal, transforma completamente la intención del look sin necesidad de cambiar nuestra base que, en este caso es, el blazer negro".
Los accesorios también cumplen un rol clave. “Son los que terminan de definir si el resultado se percibe como sofisticado o contemporáneo. En ese equilibrio es donde el blazer negro demuestra su verdadera versatilidad: la capacidad de adaptarse a distintos atuendos sin que perdamos nuestra identidad”, comenta Bernal.
En definitiva, el blazer negro puede ser un gran aliado, pero es clave tener en cuenta que el tono no es favorecedor para todos.
Por eso, “es importante que identifiquemos si realmente nos favorece, o si es mejor optar por otra elección en el tono, como el azul marino, ya que usar los colores adecuados hará que la piel luzca más clara, saludable e iluminada. Así que identificar cada caso, hace parte de un proceso más profundo que se logra a través de una asesoría de imagen personalizada en la que se descubren las mejores herramientas, colores y tipos de prendas a la hora de vestir”.
El blazer no es una prenda para ocasiones especiales; es, precisamente, la pieza que convierte lo cotidiano en especial. El poder del blazer está en que hace que alguien se bien sin parecer que lo ha intentado demasiado.
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