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Durante más de 30 años Diego Guarnizo ha vestido a reinas, modelos, famosas, héroes de la televisión y personajes históricos. Lo hizo sin ver los colores como los ve la mayoría: es daltónico.
Confundir cafés con verdes o morados con azules nunca le impidió contar la historia de Colombia a través de la ropa, el diseño y la moda. De niño, mientras crecía en Villarrica, Tolima, pintaba las montañas de color café y era corregido una y otra vez por sus maestros, quienes desconocían su condición. Años después ese mismo niño vestirá de vivos colores a las modelos que lucirán este jueves 30 de julio su nueva colección que presenta junto a El Espectador en Colombiamoda.
El tolimense que tiene una particular manera de identificar los colores
Guarnizo suele preguntar, especialmente a Isabel Cristina Gómez, su mano derecha, qué tonalidad está observando para memorizarla e incorporarla al universo creativo que desarrolla en cada colección. No diseña desde la percepción tradicional del color, sino desde las formas, las emociones y la memoria. Ese ejercicio de “rebautizar” los colores lo ha acompañado durante toda su carrera y terminó convirtiéndose en parte de su proceso creativo.
“Mis primeras colecciones en Colombiamoda fueron muy íntimas y reflejé allí los dolores que tenía. Estaba pasando por unas crisis emocionales muy fuertes y quise estar calmado. Me he dado cuenta de que esas dos colecciones realmente fueron muy tranquilas, muy pasivas, muy en unicolor. Con “Guadalupe” resurjo. Aprendo de lo mal hecho, de lo mal ejecutado, de los errores. Es un reencuentro con el color y con los estampados”, cuenta Guarnizo.
Más que una colección, “Guadalupe” resume la manera en que Guarnizo entiende el color y condensa más de tres décadas de trabajo en el diseño de vestuario y la moda, dos escenarios desde los que ha construido una forma muy particular de narrar el país.
La televisión: el punto de partida
Antes de convertirse en diseñador de vestuario y de moda prestó el servicio militar obligatorio en Florencia, Caquetá. Al regresar encontró un panorama distinto: su padre había abandonado el hogar y la familia había perdido los privilegios económicos. Esa situación lo llevó a probar suerte en Bogotá, ciudad a la que hoy dedica ”Guadalupe”, cuyo nombre hace referencia a uno de los cerros que la rodean.
De niño soñó con estudiar medicina, pero la vida terminó llevándolo a la publicidad. Estudió en la Universidad Jorge Tadeo Lozano mientras trabajaba como mensajero del fondo de empleados de Carulla.
Poco después conoció al actor Kepa Amuchástegui. Le pidió una oportunidad y él lo remitió con Iván Martelo, quien terminó abriéndole las puertas del diseño de vestuario para televisión.
Tres décadas después Guarnizo suma producciones como “Bolívar”, “Laura, la santa”, “Las Hermanitas Calle” y “Padilla”, que se estrenaría en 2027, y el reconocimiento de dos premios India Catalina y Simón Bolívar por su trabajo. Esa trayectoria le ha permitido recorrer el país, investigar archivos históricos y conocer comunidades artesanas, experiencias que con el tiempo trasladó a sus colecciones de moda.
“Guadalupe”: de “Padilla” y las mujeres a los orígenes de Bogotá
“Guadalupe” llevaba años tomando forma. Aunque es la primera colección de Diego Guarnizo inspirada en Bogotá, encontró la historia que quería contar mientras investigaba el vestuario de la serie “Padilla”.
“La historia del almirante José Prudencio Padilla siempre me ha conmovido. Un héroe del mar que consolidó la independencia de nuestra nación con la histórica batalla naval del lago de Maracaibo y que, paradójicamente, terminó fusilado en la Plaza de Bolívar, en una ciudad que pareciera no tener ninguna relación con el océano. Y, sin embargo, la tiene. Porque el mar también habita la memoria de Bogotá”, explica el diseñador.
Las mujeres, una fuente constante de inspiración en el trabajo de Guarnizo, constituyen el otro eje de la colección. “Nace de una profunda reflexión sobre el papel fundamental que desempeñaron las mujeres durante la construcción de la República y sobre la manera en que, generación tras generación, han continuado conquistando espacios de libertad, autonomía y liderazgo”, afirma.
En “Guadalupe”, “Padilla”, las mujeres y Bogotá terminan encontrándose en una misma historia. Las conchas marinas son otro de los elementos centrales de la colección. Con ellas, Guarnizo conecta la memoria geológica de la sabana de Bogotá —territorio que alguna vez estuvo cubierto por el mar— con el recorrido del almirante José Prudencio Padilla.
Esa historia también dialoga con otra batalla, menos visible, protagonizada por miles de mujeres que conquistaron su libertad “desde los oficios, desde el hogar, desde el bordado, desde una aguja, desde una puntada”, como resume el diseñador.
Con esa premisa, “Guadalupe” busca rendir homenaje a esa otra independencia.
La historia comienza en La Guajira, tierra natal de Padilla. “Llena de palmeras y de lunas llenas convertidas en círculos en una paleta extraña. Son mezclas de cafés con azules y de verdes con rojos. Algo completamente diferente a lo que mi daltonismo ayuda, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados. Vuelvo y recojo todo ese gráfico que tenía metido en el corazón y que no lo dejaba salir y, nuevamente, exploto completamente con estampados”, relata.
A partir de allí la colección transita hacia una paleta de rojos profundos y vinotintos que representan la pasión y la valentía de las mujeres colombianas.
Paradójicamente, esa explosión cromática fue concebida por un diseñador que aprendió a memorizar los colores más que a distinguirlos. Los tonos terracota, canela y ocre evocan la tierra y los oficios tradicionales; los marrones simbolizan la permanencia de la memoria, mientras que los azules suaves, los marfiles y los tonos empolvados aportan una sensación de libertad, esperanza y una feminidad atemporal.
“La marca siempre se caracteriza por crear esas historias, las de mujeres colombianas. Las narrativas son el argumento más importante en Colombia para crear moda, básicamente porque nosotros no tenemos temporadas. Me muero de la felicidad viendo la paleta de diseñadores de Colombiamoda 2026, porque cada uno ha ido a su origen y eso me parece contundente en esta historia, porque lo que estamos haciendo es eso, investigando, indagando y entregándoles historias a las mujeres colombianas consumidoras para que se sientan honrosas de lucir moda colombiana”, agrega.
La paradoja ha acompañado buena parte de la trayectoria de Diego Guarnizo. Uno de los diseñadores que más ha explorado los colores de la biodiversidad colombiana no los percibe como la mayoría de las personas. Sin embargo, esa condición nunca limitó su creatividad; por el contrario, lo llevó a construir un lenguaje propio, en el que las formas, las texturas, la memoria y las historias pesan más que la exactitud de una tonalidad. Quizá por eso sus colecciones no buscan seguir tendencias, sino contar relatos. Cada prenda es una excusa para hablar del país, de sus personajes, de sus mujeres, de sus artesanos y de los territorios que han moldeado su identidad.
Con “Guadalupe”, Guarnizo vuelve sobre esas obsesiones.
Reúne el mar que alguna vez cubrió la sabana de Bogotá, la historia del almirante José Prudencio Padilla, la lucha silenciosa de miles de mujeres y el trabajo de quienes aún preservan los oficios textiles para convertirlos en una colección que mira hacia el pasado sin dejar de hablar del presente.
“‘Guadalupe’ no pretende vestir el cuerpo. Pretende vestir la memoria de un país que aún sigue bordando su libertad”, concluye el diseñador.
