El “skincare” es uno de los protagonistas de las redes sociales. Cientos de creadores de contenido muestran sus pasos, recomiendan productos y han convertido el cuidado de la piel en un fenómeno que impulsa el gasto en productos de belleza y en más personas que quieren replicar esas rutinas cada día frente al espejo.
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Sin embargo, ni a todas las personas les funciona lo mismo, ni la rutina del cuidado de la piel requiere de un montón de pasos. Lo que sí es clave es elegir productos que funcionen bien juntos y que se adapten a las necesidades individuales de la piel.
La piel evoluciona constantemente, por lo que la rutina de cuidado también debería hacerlo. Además, las etapas de la vida importan, pues los cambios hormonales, el embarazo, la menopausia y los ajustes en el estilo de vida pueden modificar sus necesidades.
“El envejecimiento de la piel es un proceso gradual y muy individual, influido por la genética, las hormonas, el estilo de vida y factores ambientales como la exposición solar y la contaminación. Aunque cada persona envejece de manera distinta, existen cambios característicos que suelen producirse a lo largo de las décadas”, explica Isa Werner, redactora científica y experta en belleza de Ringana, empresa austriaca de cosmética natural.
Eduardo Rivera Perdomo, médico dermatólogo, menciona que “la piel es un órgano dinámico que refleja nuestro reloj biológico y ambiental. En la adolescencia o la adultez joven el reto es controlar el exceso de sebo, el acné y, sobre todo, prevenir el daño solar acumulativo”.
Por eso, creamos una breve guía de la mano de expertos y por edades. La clave está en entender que la base de cualquier rutina debe ser: limpieza, hidratación y protección solar. Lo que cambia son los principios activos, que se definen junto con un especialista y de acuerdo con las necesidades de cada persona.
A los 20 años
La piel suele estar en su mejor momento. El colágeno y la elastina —las proteínas que mantienen la piel firme y resistente— son abundantes, la barrera cutánea es fuerte y los procesos de reparación funcionan de manera eficiente. Para muchas personas a esa edad, las principales preocupaciones siguen siendo el acné o la piel grasa. Sin embargo, es también la década en la que comienza a acumularse el daño solar invisible, por lo que el uso diario de protector solar es una de las mejores inversiones a largo plazo para la salud de la piel.
Rutina: el cuidado de la piel debería centrarse en la protección y en una rutina sencilla. Los esenciales son un limpiador suave, una crema hidratante que apoye la barrera cutánea y un protector solar de amplio espectro (FPS 30 o superior) todos los días. Estos tres productos constituyen la base para la salud de la piel a largo plazo.
Según las necesidades individuales, ingredientes como la niacinamida pueden ayudar a regular la producción de grasa y fortalecer la barrera cutánea, mientras que un retinoide puede ser utilizado gradualmente para el acné o la prevención temprana del fotoenvejecimiento. Sin embargo, estos productos deben adaptarse a la piel de cada persona y ser formulados por un especialista.
A los 30 años
Es la década en la que empiezan a aparecer los primeros signos visibles del envejecimiento cutáneo. La producción de colágeno disminuye gradualmente, la renovación celular se ralentiza y la piel puede perder parte de su luminosidad natural. Las líneas finas, especialmente alrededor de los ojos y la frente, se vuelven más notorias y, en algunas personas, puede comenzar a aparecer pigmentación temprana por años de exposición solar.
El estilo de vida también desempeña un papel importante durante esta década. El estrés crónico, la falta de sueño, las largas jornadas laborales y una mayor exposición a contaminantes ambientales pueden afectar la barrera cutánea, favorecer la inflamación y hacer que la piel luzca opaca o cansada.
Rutina: la prevención sigue siendo la estrategia más efectiva. Un limpiador suave, una crema hidratante y protector solar diario de amplio espectro son claves. Además, a los 30 el cuidado de la piel se vuelve más específico. Este suele ser un buen momento para introducir ingredientes activos respaldados por evidencia, como retinoides para apoyar la producción de colágeno y mejorar la textura de la piel, así como vitamina C para proteger e iluminar el tono, o niacinamida para fortalecer la barrera cutánea.
A los 40 años
Los signos del envejecimiento se vuelven más visibles. La piel pierde firmeza y elasticidad de forma gradual, las arrugas se definen y la sequedad es más común porque la piel produce menos factores naturales de hidratación. Los contornos faciales también pueden empezar a cambiar a medida que las estructuras más profundas bajo la piel pierden volumen. En las mujeres, los cambios hormonales durante la perimenopausia pueden acelerar muchos de estos procesos.
Rutina: la clave a los 40 es la sinergia entre protección antioxidante y activos que aporten colágeno e hidratación profunda, lo que ayuda a mantener la elasticidad, el confort y la luminosidad en una fase más exigente para la piel.
Para apoyar la firmeza y la elasticidad, los péptidos de origen vegetal y los complejos activos biotecnológicos son relevantes, ya que pueden ayudar a estimular los procesos naturales de reparación y renovación de la piel. Para la hidratación y el apoyo de la barrera cutánea son importantes ingredientes como humectantes similares al ácido hialurónico.
A los 50 años
La disminución de estrógenos hace que la piel pierda hasta un 30 % de su colágeno en los primeros cinco años de menopausia. La piel se adelgaza, se seca y pierde elasticidad. Muchas mujeres también notan mayor sensibilidad y una cicatrización más lenta. En esta etapa, mantener la hidratación y fortalecer la barrera cutánea se vuelve tan importante como tratar los signos visibles del envejecimiento.
Rutina: la piel en la menopausia necesita cuidados suaves pero eficaces centrados en hidratación y regeneración. Se recomiendan limpiadores “syndet” (sin jabón) que no resequen, humectantes faciales y corporales con ácido hialurónico, especialmente en cremas, y retinol para acelerar la renovación celular.
Rivera recuerda que la prevención empieza desde la infancia con el protector solar, pues “las quemaduras solares en esa etapa de la vida son un factor de riesgo importante para cáncer de piel. En la adultez debe ser casi que una obligación. Es mucho más fácil y económico prevenir una mancha, una arruga o la pérdida de elasticidad que intentar revertirlas”.
Aunque no es posible detener el envejecimiento biológico, los expertos mencionan que sí se puede influir en cómo envejece nuestra piel. “La investigación demuestra de forma constante que la protección solar diaria, evitar fumar, llevar una dieta equilibrada, mantenerse físicamente activo, dormir lo suficiente y seguir una rutina de cuidado de la piel basada en evidencia pueden marcar una diferencia significativa en la salud y apariencia de la piel a lo largo de las décadas”, puntualiza Werner.