La historia de la minifalda nace con la revolución juvenil de los años sesenta del siglo pasado en Londres. La prenda apareció en un contexto histórico, político y cultural de cambios, especialmente con el uso de las pastillas anticonceptivas y la liberación sexual y femenina.
William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestir, de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín, Colombia, cuenta que la minifalda no apareció como una prenda aislada ni como una simple novedad del vestido, “sino como parte de una transformación cultural mucho más amplia, en la que la juventud empezó a asumirse como un actor capaz de producir cambios en la vida social, en la cultura y también en la manera de vestir”.
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La aparición de la píldora anticonceptiva en 1960 fue clave, pues abrió nuevas posibilidades de autonomía sexual y reproductiva para las mujeres, al permitir separar, en buena medida, la vida sexual de la maternidad.
Vale la pena agregar que, pese a que la píldora se comenzó a usar en Estados Unidos, Londres fue el lugar donde confluyeron todas las condiciones culturales para que naciera la minifalda, pues “desde finales de los años cincuenta, allí habían echado raíces formas de vestir juveniles con suficiente fuerza para influir en la moda dominante y en la industria textil en general. Por eso, más que ver la minifalda solo como una prenda corta, conviene entenderla como el emblema de un momento histórico en el que cambiaron a la vez la relación con el cuerpo, la sexualidad y la autoridad cultural de los jóvenes”, dice el investigador de moda.
Ese momento histórico también permite entender la relación entre la sexualidad, el cuerpo y el vestido, como lo explica Cruz Bermeo, no es extraño que ese cambio encontrara expresión en la moda.
Así es como nace la minifalda: una silueta femenina distinta, más juvenil, más breve y centrada en la exhibición de las piernas. “Si durante mucho tiempo el erotismo del vestido femenino había puesto el acento en el busto y las caderas, en los años sesenta ese foco se desplazó cada vez más hacia las piernas”, dice Cruz Bermeo.
¿Quién la inventó?
Durante años, el título de inventor de la minifalda estuvo disputado entre Mary Quant y André Courrèges.
Mary Quant fue revolucionaria al descubrir el potencial que tenía la moda “para expresar y generar diversión. Su visión creativa consideró al segmento femenino joven y urbano con una oferta de productos más accesibles en precio, y más conectados con su visión de la vida y con el contexto de libertad que anhelaba esa generación. Puso la moda inglesa como referente para el resto del mundo, y se considera la diseñadora emblemática del estilo ‘Mod’”, afirmó Diana Gómez, consultora de marketing y moda.
Mary Quant reconoció, desarrolló y llevó con claridad la minifalda al circuito comercial, es decir, fue quien la popularizó, gracias a que fue de las primeras diseñadoras en identificar que existía un deseo creciente por parte de los jóvenes por consumir una moda distinta a la tradicional.
En 1961, el mismo año en que irrumpieron los Beatles, “Quant empezó a producir en serie minifaldas y otras piezas accesibles que respondían a ese nuevo espíritu”.
En paralelo, André Courrèges, un joven diseñador en París se interesó por renovar la silueta femenina, aunque el sistema de la alta costura francesa mostraba resistencia.
“Courrèges sostuvo durante años que él había sido el verdadero creador de la minifalda y que Quant se había limitado a difundirla. Quant, en cambio, rechazó esa idea y sostuvo que ni él ni ella podían atribuirse del todo la invención, porque la minifalda había surgido, ante todo, de lo que ya estaban haciendo las jóvenes en la calle.
La “madre de la minifalda” siempre dijo que con la minifalda “estaba leyendo lo que las mujeres estaban haciendo en las calles hace más de una década. ”Su contribución fue jugar y experimentar con el largo de la falda, que se convirtió en un elemento de disputa política no solo en los cincuenta y sesenta, sino en adelante, pues es un termómetro de la sociedad de muchas maneras”, dijo Edward Salazar, sociólogo e investigador de moda.
La respuesta que dio Quant es, en palabras de Cruz Bermeo, “importante porque desplaza la discusión de la autoría individual hacia una transformación cultural más amplia”.
Courrèges subió los dobladillos de la falda desde la primera mitad de los sesenta y en 1964 logró una versión de alta costura particularmente refinada. Sin embargo, “la evidencia histórica tiende a respaldar más a Quant en cuanto a la primacía. Cuando realizó su exitosa gira por Estados Unidos en 1962, en Londres ya era ampliamente reconocida como la primera diseñadora que había sabido convertir en moda establecida algo que antes ya estaba insinuándose en la calle”.
Así que, indiscutiblemente, Mary Quant fue la figura decisiva en la formulación y difusión de la minifalda, “pero su aparición no puede entenderse como la invención aislada de un diseñador. Más bien fue el resultado de un diálogo entre la calle, la cultura juvenil y unos creadores que supieron leer ese cambio antes que otros”.
¿Por qué revolucionó la moda?
La minifalda revolucionó la moda porque se convirtió en una prenda que representó los cambios de su tiempo, una época en la que el vestuario femenino respondía a estrictos códigos morales.
Por un lado, “se convirtió en un clásico del guardarropa femenino; por otro, contribuyó a transformar la relación con el cuerpo y con los límites morales de su exposición. Con ella no solo cambió el largo, también se ajustaron los términos culturales desde los cuales se juzgaba qué era aceptable mostrar y qué significaba hacerlo”.
Así las cosas, la minifalda apareció como expresión de una nueva conciencia corporal ligada a la juventud, a la autonomía femenina y a una forma distinta de vivir la sexualidad. Por eso, “fue uno de los emblemas más claros de la revolución sexual en la historia de la moda. Pero además introdujo otro cambio decisivo: confirmó que la innovación ya no provenía únicamente de los circuitos tradicionales de la alta costura, sino también de la calle, de la cultura juvenil y de nuevas formas de consumo más accesibles. En ese sentido, revolucionó la moda no solo por su forma, sino por el cambio de autoridad cultural que puso en escena”, dice Cruz Bermeo.
La minifalda en Colombia
Después de ser una revolución en Londres. la minifalda se expandió por buena parte del mundo occidental, con ritmos distintos según cada país.
En Colombia, su entrada en el discurso de la prensa puede rastrearse hacia 1966 y 1967, “cuando empieza a aparecer ampliamente documentada en fotografías y reportajes”, dice Cruz Bermeo.
El investigador también recordó las palabras de Abelardo Forero Benavides publicadas en 1967 en Cromos, cuando se refirió a la efervescencia juvenil y dijo que “transformaría el comportamiento humano y social, destruyendo y creando valores, modificando las modas, las costumbres, los sentimientos, el sexo”.
Desde ese momento se evidencia cómo la minifalda no solo se metió a los armarios y se convirtió en una pieza clave en la moda; también se posicionó como un referente de una transformación cultural.
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