Hojas enormes con forma de corazón, de un verde brillante e intenso y con nervaduras prominentes, que crecen en una zona reforestada de Río de Janeiro, dejaron de marchitarse para convertirse en bolsos, vestidos y zapatos que han desfilado por reconocidas pasarelas europeas.
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La empresa brasileña Nova Kaeru / Beleaf transforma las hojas de la alocasia —más conocida como “oreja de elefante”— en un biomaterial que preserva su estado natural. Los biomateriales son innovaciones que provienen de plantas, bacterias, hongos o residuos agrícolas y que se utilizan para crear ropa o accesorios, y así remplazar textiles tradicionales por alternativas biodegradables, sostenibles, como el “cuero vegano”.
“Se trata de una tecnología propia, desarrollada a lo largo seis años de investigación, que permite perennizar (inmortalizar) la hoja para que no se deteriore ni se descomponga, como ocurriría dentro de su ciclo natural”, cuenta André Costa, vocero de la compañía brasileña.
Las siluetas, los adornos, los estilos botánicos y florales han tenido una estrecha relación con la moda durante siglos. Conectan con dos dimensiones centrales de la cultura material: la fascinación humana por ornamentar el cuerpo y la capacidad técnica de traducir la naturaleza en color, textura, relieve y patrón.
“Flores y plantas han sido, literalmente, materia prima: de ellas se obtuvieron colorantes, fibras y fragancias que transformaron la manera de fabricar y experimentar la indumentaria. A la vez, su repertorio formal —colores, formas, simetrías, irregularidades, ritmos de crecimiento— ha ofrecido a los diseñadores textiles un campo inagotable de interpretación”, cuenta William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestir de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín.
En esa línea, la marca no solo se suma a las grandes firmas de moda que han encontrado inspiración en ello, sino que también se enlista en la búsqueda por mejorar los procesos en la industria de la moda a través del tránsito hacia la sostenibilidad.
El proceso desarrollado por la marca se conoce como “biocurtido”. Algunas etapas de su método son similares al curtido tradicional; otras son originales y hay algunos desarrollos específicos para la hoja de la Alocasia macrorrhiza, “teniendo en cuenta sus características naturales y sus particularidades estructurales”, explica Costa.
La marca no utiliza metales pesados en ninguna fase del proceso, por lo que el biocurtido tiene una base orgánica que crea un material “vegano”. Aunque el material tiene características similares al cuero, cuenta con una diferencia notable: las emisiones de CO2 generadas durante su fabricación se compensan con la absorción de carbono de la plantación y el crecimiento de las hojas.
Aunque el procedimiento podría ser aplicado en otras plantas, eligieron la “oreja de elefante” por su belleza y superficie, que permite un tratamiento orgánico que la convierte en una alternativa al cuero tradicional. El insumo puede usarse en la moda, el diseño de interiores y otras disciplinas.
La empresa cuenta con plantaciones en Río de Janeiro ubicadas junto a su fábrica, lo que optimiza procesos productivos y garantizar la operación.
Todo comienza con la cosecha de la “oreja de elefante”, así como de otras plantas y cultivos alimentarios en granjas de reforestación y en sistemas agroforestales. “Esta práctica mejora la fertilidad del suelo y la biodiversidad local, transformando áreas anteriormente degradadas en orígenes fértiles de belleza y vida. Cada hoja y cada cultivo crecen en armonía con el entorno que los rodea, respetando los ciclos naturales”, explica la marca.
Las hojas se recolectan cuidadosamente cuando han alcanzado la resistencia y el tamaño ideal. “A partir de la misma planta, nuevas hojas vuelven a crecer aproximadamente 15 días después, y este ciclo se repite de forma continua a lo largo de todo el año”, asegura Costa.
Finalmente, en su fábrica aplican su tecnología: un tratamiento que dura alrededor de 30 días. Según las preferencias del cliente, el material puede producirse en una gama de 10 colores, con acabados en mate, semibrillantes o brillantes.
La innovación textil ya cuenta con el respaldo de la industria europea. El francés Christian Louboutin y la casa de moda española Loewe han utilizado el biomaterial como insumo en sus colecciones. Diseñadores y empresas como Misci, Christopher Esber o Lenny Niemeyer también lo han convertido en bolsos, zapatos, prendas de vestir y accesorios. Incluso la marca tuvo conversaciones con la industria textil colombiana.
También es importante mencionar que, al ser biodegradable, el material requiere de cuidados especiales, como evitar la humedad extrema, la exposición directa al sol, o el uso de productos químicos para su limpieza. Al terminar su vida útil, y a diferencia de otros textiles, el material se descompondrá de manera natural.
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Esta revolución en la moda y el lujo nos recuerda la necesidad humana de encontrar constantemente una conexión con la naturaleza. En un mundo digitalizado, esta innovación nos permite, de cierta manera, vestir la naturaleza a través de un material que conserva la esencia de la hoja y estar a la moda mientras se cuida el planeta.