¿Qué tan fácil puede ser adjudicarse un color? El diseñador italiano Valentino lo hizo y no se trató de cualquier tono, sino de uno que terminó convirtiéndose en su sello: “el rojo Valentino”. Ese tono intenso, que el mundo de la moda relaciona directamente con él, surgió tras ver una ópera en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.
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Valentino Garavani, más conocido como Valentino, murió este lunes 19 de enero en Roma. El último de los grandes diseñadores de la moda del siglo XX falleció a los 93 años y dejó un importante legado para la industria. Fue un maestro de la elegancia y sirvió de referencia para numerosos diseñadores.
“Valentino Garavani no solo fue una guía e inspiración constante para todos nosotros, sino una verdadera fuente de luz, creatividad y visión”, escribió su fundación en un comunicado publicado en redes sociales para anunciar su muerte.
“La prolífica obra de Valentino fue una expresión de lujo consumada, un esplendor cuya inspiración era el brillo rutilante de las estrellas de la edad dorada de Hollywood, a quienes Valentino soñaba con vestir desde niño”, expresó William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestir, de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín.
Garavani nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera (Lombardía, norte de Italia) y comenzó su carrera con tan solo 14 años en la escuela de Arte del Figurín, en Milán. En la búsqueda de cumplir ese sueño de niño, viajó a París, en donde consiguió una beca de la Cámara Sindical de la Alta Costura Parisina y aprendió el oficio de la costura con figuras importantes de la era de la posguerra, como los diseñadores Jacques Fath, Balenciaga, Jean Dessès y Guy Laroche.
Movido por su vínculo con Italia, Valentino volvió al país tras su formación en Francia, en 1959, para crear su propia casa de alta costura de la mano de Giancarlo Giametti, un estudiante de arquitectura que se convirtió en su pareja sentimental y socio durante décadas.
“Valentino fue una figura inaugural del prestigio internacional de la alta moda italiana: producía y presentaba en Italia al principio —su casa de modas y talleres siempre tuvieron como sede Roma—, aunque en un momento de su carrera también empezó a presentar sus desfiles en París. Fue, incluso, una figura emblemática de la capital italiana, pues tras el éxito del cine italiano en las décadas de 1950 y 1960, que contribuyó poderosamente a cimentar el mito de la ‘dolce vita’, Valentino pasó a ser parte de él y lo materializaba tanto en sus creaciones como en su figura misma. Se decía incluso que la gente iba a Roma a ver al papa y a Valentino. Era una persona empeñada en vivir a plenitud el lujo que proyectaba en sus propias creaciones. Sus fiestas, su yate de lujo y sus castillos siempre fueron parte esencial de ese estilo de vida”, recordó Cruz Bermeo.
Los hitos del emperador de la moda
En 1962 debutó con su colección de alta costura en la Sala Bianca del Palacio Pitti de Florencia. En términos creativos, se le recuerda por sus célebres vestidos rojos, pero si se revisan los archivos de la casa, menciona el investigador de moda, “Valentino navegó otros momentos cumbre en su historial creativo a través del color. Uno trascendental fue 1968, con el triunfo de ‘Colección Blanca’”. Una apuesta en la que las modelos lucieron piezas en color blanco y crema, característica de su elegancia.
Ese mismo año logró uno de los hitos de su carrera cuando vistió a Jacqueline Kennedy para su matrimonio con el magnate griego Aristóteles Onassis. Vogue USA lo tituló: ‘Valentino’s white — the talk of Europe’. La mujer se convirtió en un referente de estilo y Valentino recibió más de cincuenta pedidos para hacer réplicas de aquel diseño.
“También están sus trajes de terciopelo negro, presentados ese mismo año. Blanco, rojo y negro componen el sistema cromático más antiguo de Occidente: tres colores poderosos que se han adoptado en distintos momentos de la historia de la firma Valentino”, asegura Cruz Bermeo.
En las décadas de los sesenta y setenta, Valentino se convirtió en el diseñador favorito del jet set internacional. Entre sus clientas figuraban Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Sophia Loren, Jane Fonda y Grace Kelly. En los años ochenta amplió su firma, lanzó una línea de ropa vaquera y añadió accesorios y complementos a sus colecciones.
Dos de sus diseños más memorables fueron el que llevó Claudia Schiffer en 1995 y el vestido negro con cintas blancas que Julia Roberts usó al recibir el Óscar a mejor actriz por Erin Brockovich.
En 2006 hizo un cameo en la película “El diablo se viste a la moda”. En el 2007 celebró el 45 aniversario de su marca y, al mismo tiempo, anunció su retiro.
“‘Comparados con nosotros, los demás solo hacen harapos’, así le susurraba Karl Lagerfeld a Valentino Garavani durante la inauguración de su exposición en el Museo Ara Pacis de Roma, una muestra retrospectiva realizada en 2007 con la cual Valentino se retiraba del mundo de la moda. Aunque altivo, el comentario no era una exageración”, afirmó el investigador.
Su último desfile de alta costura se celebró en París en enero de 2008, y concluyó con una salida de modelos como Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Anne Hathaway, Uma Thurman o Gwyneth Paltrow vestidas de rojo.
Desde 2009 cuando se lanzó su documental “Valentino: The Last Emperor”, en el que contó detalles de su vida profesional y privada, fue bautizado como “el último emperador” de la moda.
“Tomar un color tan poderoso como el rojo y hacerlo su sello no habla de estancamiento creativo, sino de una versatilidad, un sello de marca y un trabajo que supo adaptar a varias generaciones. En el ‘rojo Valentino’ hay una expresión claramente mediterránea, expresiva, italiana, entendiendo el ‘allure’ de una mujer que expresa sensualidad, elegancia y poder”, comentó Luz Lancheros, periodista de moda.
Con su muerte, se cierra una generación de modistos que aprendieron su oficio de quienes lo habían ejercido a principios del siglo XX. El “rojo Valentino” seguirá siendo su sello, un relato que seguirá vigente en el tiempo y permitirá que otros aprendan sobre identidad y constancia.