6 Oct 2021 - 2:41 a. m.

Así fue el primer día de apertura de la frontera en Venezuela

Con poco flujo de personas y con iniciativas que ya había implementado el Gobierno Nacional se movió el primer día en la frontera colombovenezolana. El Espectador estuvo en la zona y habló con dos venezolanos, uno de ellos en condición de discapacidad. Ambos esperan que la medida de reapertura realmente los beneficie pronto.
Venezuela reabre frontera con Colombia, a partir de mañana 5 de octubre
Venezuela reabre frontera con Colombia, a partir de mañana 5 de octubre

Personas en sillas de ruedas con bolsas de medicamentos y niños con uniformes. Ese fue el registro que pudo constatar El Espectador este martes en los puentes internacionales Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar, los corredores que conectan a Colombia con Venezuela, y que durante seis años estuvieron con paso restringido por disputas políticas.

Hoy, 5 de octubre, cuando el presidente del vecino país, Nicolás Maduro, levantó la división física entre naciones, la jornada no se desarrolló diferente al resto de días: las autoridades venezolanas estaban permitiendo el paso, única y exclusivamente en el denominado corredor humanitario. Es decir, las personas que son priorizadas para ser atendidas por su estado de salud y los menores que deben recibir clases en el vecino país fueron quienes se vieron pasar por estos puentes. Este diario habló con una de ellas.

Algunos de los contenedores pintados con la bandera venezolana que reposaron durante más de dos años en los corredores de la frontera y que dividieron, no solo a ambas naciones, sino también a familias enteras, desaparecieron en la madrugada de este martes. No obstante, ese símbolo que marcó una segmentación entre los dos países se rehúsa a ser más que un triste y desolado recuerdo.

Las autoridades venezolanas, desde Migración hasta miembros del Ejército de la Guardia Bolivariana con fusiles al hombro, aún le dan una negativa a sus connacionales para ingresar al territorio. Al parecer, la directriz que entregó este lunes el presidente Maduro, a través de Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, aún no ha quedado oficializada.

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El escenario en zona fronteriza no tuvo ningún cambio, ni siquiera en cuestiones de movilidad. El acuerdo es lograr una apertura comercial entre los dos países, han dicho políticos de lado y lado. Sin embargo, hasta el mediodía de hoy, no se registró ningún movimiento de esa índole en el vecino país. Situación diferente a la del territorio nacional donde la seguridad se robusteció por orden del ministro de defensa, Diego Molano, quien consideró que 14 mil soldados eran efectivos para “tener una frontera con Venezuela, segura, regulada y biosegura”.

En materia migratoria, Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia, quien visitó la zona en la mañana de este martes, recordó que, desde el pasado 2 de junio, día en que el país decidió abrir la frontera, se ha implementado la modalidad de pico y cédula en el ingreso y salida de la nación. Los horarios también han sido una pieza fundamental, a su juicio, porque de esa manera se han abierto los pasos fronterizos terrestres y fluviales de forma gradual.

Por ahora, se mantiene el corredor humanitario se sigue manteniendo para los estudiantes y las personas con alguna condición de salud. Prueba de ello fue el ingreso al país de Said Botero, un artista plástico quien, tras recorrer más de 14 kilómetros en su silla de ruedas llegó a Colombia este martes.

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Botero, hijo de padres colombianos pero nacido en San Juan de Colón en el estado venezolano de Táchira, arribó a territorio nacional única y exclusivamente en busca de una chatarrería donde confía que le regalen implementos para hacerle mantenimiento a la silla de ruedas, esa que se convirtió en su fiel compañera desde hace más de un año cuando una flebitis (una inflamación grave de las paredes venosas) le arrebató su pierna derecha. El hombre de 50 años, que vive con su hermana y dos sobrinas, dijo que desde hace más de un año no cruzaba a territorio nacional y que lo hacía por la necesidad de buscar ayuda para darle vida a la silla que lo ayuda a movilizar.

“Allá (Venezuela) no hay chatarrerías. Todo lo que hay se lo han traído para Colombia porque acá lo pueden vender mejor. Yo voy a ver si me regalan unas rueditas”, dijo Botero. Añadió que la crisis de su país ha obligado a muchas personas a abandonar sus casas y su territorio. Pero él, en su condición, no puede hacerlo. Aunque todavía trabaja, ha llegado incluso a pintar escudos y murales para la guardia bolivariana y no descarta que su país pueda tener un arreglo social y político.

Mientras Botero avanzaba a paso rápido y seguro por los más de 300 metros que separan a Colombia de Venezuela, por una de las tres trochas que tiene el puente Francisco de Paula Santander se alistaba La Negra, una mujer de 28 años que, así como el artista plástico, tiene a su fiel amiga para movilizarse. En su caso, es una bicicleta. En ella llevaba tres maletas de viaje de gran tamaño. No eran suyas. Se dedica a hacerle la vida más fácil a los venezolanos que deben cruzar la frontera y no pueden hacerlo de forma legal por las restricciones que aún persisten.

La Negra todos los días, por recorridos de 25 minutos a media hora, con alrededor de mínimo tres maletas a cuestas, se aventura a cruzar las trochas que existen entre el territorio colombiano y venezolano. En sus recorridos siempre está acompañada por las personas que pagan su servicio. Esa modalidad suele ser su forma de ganarse la vida en frontera. No es la única persona que lo hace. También hay conductores de moto que se arriesgan, incluso, a que las autoridades le quiten las pertenencias de los viajeros e inmovilicen sus vehículos.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por otro lado, desde el territorio nacional, que no le ha cerrado las puertas a los venezolanos, especialmente en Cúcuta, Villa del Rosario y Escobar, los tenderos y comerciantes coincidieron en que la apertura de la frontera es una situación que genera cambios positivos en esa zona del país. Consideran que los venezolanos tienen forma de adquirir los elementos básicos para sus hogares cruzando a territorio nacional y que esa situación mejora la condición económica de muchos colombianos que de cierto modo han padecido los estragos de las decisiones políticas tomadas en frontera.

Por lo pronto, tanto La Negra como Said Botero, como ellos lo dicen, son unos de los tantos “guerreros de la frontera” que no solo son osados por su supervivencia allí, sino que esperan que, de alguna forma, las relaciones entre los dos países mejoren y que la situación que padece el país vecino avance de manera positiva.

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